SOBRE LA ARENA, EN VILLA GESELL. Una clásica postal de Juan Forn, cuyas letras se mantienen vigentes.
NO FICCIÓN
CÓMO ME HICE VIERNES
JUAN FORN
(Godot - Buenos Aires)
Juan Forn falleció el 20 de junio de 2021. Como si el destino le hubiese guardado un guiño, además de fecha cívica, ese año fue el Día del Padre. Recién terminaba de armar ese hermoso tomo que es “Yo recordaré por ustedes”, lo que él mismo llamó una historia sociocultural informal del siglo XX al mismo tiempo que itinerario geográfico, síntesis de los cuatro tomos de Los viernes editados por Emecé, donde recopiló sus contratapas de Página/12. La saga no concluyó allí: este año se publicó Por qué me gustan tanto los rusos, un recorte de aquellas columnas acotadas al mundo ruso, soviético, sobre todo.
Ahora es el turno de la edición a cargo de Godot de Cómo me hice viernes, con un comienzo tan Forn que no hay manera de que no sea suyo: “Se podría decir que entré en la literatura por un ascensor. Cuando tenía quince años, y compartía un viaje hasta el noveno piso con un vecino de mi edificio que nos oyó hablar sin parar a dos amigos y a mí del plan de hacer una revista, el tipo nos invitó a los tres a pasar, al llegar a su piso, y nos dio libros, y nos recomendó películas y nos puso discos, y en aquel living a media luz en plena dictadura nos hizo entrar en un mundo en el que James Dean le leía a Marilyn el Ulises de Joyce, Dylan Thomas volvía de su última curda al Chelsea Hotel, Coltrane intentaba llegar con su saxo hasta donde Charlie Parker había comenzado su caída libre, Fitzgerald aconsejaba con su último aliento a Faulkner que huyera de Hollywood, Pollock tiraba pintura como napalm en toda tela que le pusieran delante, Sylvia Plath despertaba de su primer electroshock y Burroughs le daba un balazo en la frente a su esposa jugando a Guillermo Tell en una pensión mexicana. Creo que ahí empecé a entender la literatura desde adentro, aunque me diera cuenta mucho después”.
Vaya si se dio cuenta.
La creación de un clásico
Al decir de los editores, Forn armaba sus ya paradigmáticos textos “como quien deposita una piedra pulida en la repisa”. El libro, entonces, recoge esas piedritas para que formen un corpus, yendo más allá de la mera recopilación. Atravesado por lo autorreferencial, recurso que pocas veces utilizaba en sus crónicas, suena a una especie de autobiografía intelectual (Ricardo Piglia supo decir que “la crítica es la forma moderna de la autobiografía”), ya que contiene, además, fotos de sus manuscritos, anotaciones, frases, reflexiones, comentarios de lecturas.
En el título ya está: cómo se hizo, cómo se construyó, qué caminos recorrió hasta llegar a producir esas historias de culto. Cómo creó su ADN literario, qué utensilios componen la cocina de su producción.
El prólogo, entre gracioso, ameno y emotivo, titulado “Magoya”, está a cargo de Matilda, su hija. Allí describe la jornada del velorio de su padre en la Villa, citando a algunos asistentes, enumerando sucesos que van de lo conmovedor a lo grotesco: “Te velamos el 21 de junio de 2021. Hacía frío, pleno invierno en Gesell, el día estaba despejado, había mucha luz y la playa estaba espectacular para caminar, como a vos te gustaba. Lo hicimos en el Pipach, ese centro cultural abandonado con grandes ventanales y una terraza que mira al mar con la pintura corroída por la sal”, comienza Matilda, y concluye: “Y sobre todo el bullicio, un grito con la voz de Morena, inconfundible: ¡Magoya!, su código en común, el título que le querías poner originalmente a tu colección Rara Avis. Magoya, pa, ahora estás en paz”.
“Uno va a contar su historia para saber si su historia vivirá. De eso se trata, en el fondo, todo este asunto: de lograr que cuando uno muera la historia que haya contado siga viviendo”, escribió Forn, y es imposible no recordar el final de uno de los cuentos de su querido Briante: “Que de noche sueño que acá adentro me está creciendo una víbora -dijo el hombre-, y que cada noche se hace más grande y más grande y a mí no me importa y lo único que quiero saber es si cuando de tan grande que sea la víbora yo me muera, lo único que quiero saber es si la víbora vivirá”.
Sus historias, su víbora, lo sobrevivieron. No queda ninguna duda.
© LA GACETA
HERNÁN CARBONEL.
PERFIL
Juan Forn (1959-2021) fue escritor, crítico y periodista. Fue editor de Emecé y Planeta, y fundó el suplemento Radar de Página/12. En 2007 y 2017 obtuvo sendos Premio Konex en la disciplina Periodismo Literario. Publicó las novelas “Corazones”, “Frivolidad”, “Puras mentiras” y “María Domeq”; el tomo de cuentos “Nadar de noche”, las crónicas de “La tierra elegida” y “Ningún hombre es una isla”, y los cuatro volúmenes de “Los viernes”, antología de sus contratapas de Página/12.




















