CARACAS. El ataque para “extraer” a Maduro dejó 100 muertos. afp
WASHINGTON, Estados Unidos.- En una soleada mañana de enero en Florida, Donald Trump fue a comprar mármol y ónix para el nuevo salón de baile de la Casa Blanca. Unas horas más tarde ordenaba un bombardeo sobre Venezuela.
Fue solo un día en un año extraordinario desde su regreso al cargo, pero resume cómo Trump ha remodelado la presidencia de Estados Unidos mediante la fuerza pura de su propia personalidad.
Al entrar en el segundo año de su presidencia, el republicano actúa cada vez más como si no hubiera límites a su poder, ni en su propio país ni en el extranjero. “Realmente ha personalizado la presidencia”, dijo a la agencia AFP Noah Rosenblum, profesor de derecho de la Universidad de Nueva York.
Si durante su primer gobierno (2017-2021) dominó la agenda informativa mediante el caos, en el segundo lo ha hecho por la voluntad de dejar su impronta en el trabajo más poderoso del mundo.
Este segundo mandato comenzó con una aparición desenfadada en el Despacho Oval el 20 de enero de 2025, durante la cual indultó a cientos de sus simpatizantes que asaltaron el Capitolio estadounidense en 2021. Y ha mantenido el ritmo desde entonces.
En los días y meses siguientes lanzó una ofensiva sin precedentes de órdenes ejecutivas, declaraciones escandalosas, al igual que directivas para perseguir a sus adversarios políticos.
“Mi propia moral”
Trump ha sacudido los cimientos de la democracia estadounidense cuando el país se prepara para celebrar su aniversario número 250, ha causado turbulencias globales con sus aranceles y ha trastocado el orden mundial. “Sólo una cosa. Mi propia moral”, respondió a “The New York Times” al ser preguntado sobre si había límites en su poder. En ocasiones, Trump también alimenta un culto a su personalidad, con una renovación de la Casa Blanca que incluye un salón de baile de 400 millones de dólares, y su nombre en el célebre Centro Kennedy de artes escénicas.
Para Rosenblum, lo ocurrido en el último año “mostró que el antiguo sistema tenía menos legitimidad y era más frágil de lo que yo pensaba, y de lo que se creía en general”.
El 2026 comenzó con un Trump desatado: atacó Venezuela para derrocar al presidente Nicolás Maduro, amenazó a Groenlandia y envió agentes de inmigración a una operación letal en Minnesota.
Sin embargo, en este año también podría haber límites a una presidencia que gira en torno a los caprichos de un solo hombre, próximo a cumplir los 80 años. El mayor punto de inflexión podría ocurrir en las elecciones legislativas de medio término, en noviembre. Si bien estos comicios por el control del Congreso funcionan siempre como un referéndum sobre el presidente en funciones, las de este año serán más que nunca un veredicto sobre el propio Trump.
Sus índices de aprobación siguen bajos, mientras la Casa Blanca lucha por demostrar que sus planes económicos funcionan pese al enojo de los votantes por el costo de vida.
Si los republicanos pierden el control de la Cámara de Representantes, lo que lo dejaría como un presidente debilitado en los dos años restantes de su mandato. Hay dudas sobre si Trump intentaría anular los resultados, como ocurrió cuando el demócrata Joe Biden le ganó la presidencia en 2020. “Espero problemas”, dice William Galston, del Instituto Brookings.
Trump enfrenta desafíos en otros frentes también. La Corte Suprema podría recortar su margen de acción en materia de aranceles, y su decisión de eludir al Congreso mediante el uso de órdenes ejecutivas podría volverse en su contra, explicó Galston. “El problema de gobernar por decreto es que lo que tejes de día, tu sucesor puede deshacerlo de noche, lo que conduce a muchos menos logros permanentes”, señaló Galston.
























