Las lluvias de enero volvieron a poner a Tucumán frente a un escenario conocido. Más allá de los problemas visibles, el agua dejó al descubierto una cuestión más profunda: la dificultad persistente para convertir el conocimiento disponible en decisiones públicas sostenidas.
La provincia cuenta desde hace años con estudios técnicos, investigaciones académicas y diagnósticos elaborados por profesionales de alto nivel, muchos de ellos impulsados por el propio Estado. Esos trabajos analizan el comportamiento de las cuencas, el uso del suelo, la infraestructura, el impacto del cambio climático y las consecuencias de la falta de planificación. Sin embargo, ese saber no logra incidir de manera sistemática en la definición de políticas públicas.
Las lluvias, una vez más, dejaron daños y dolor. Pero también dejaron una señal inequívoca: el agua volverá a golpear si no se escucha con seriedad a quienes estudian el territorio. Transformar esta realidad exige algo más que reacción; requiere diálogo, planificación y decisiones políticas sostenidas en el tiempo.
La brecha entre lo que se investiga en el ámbito técnico-científico y su aplicación en la toma de decisiones no es exclusiva del manejo del agua. Es un rasgo más amplio que atraviesa distintas áreas del desarrollo provincial.
Las urgencias del presente suelen imponerse sobre la mirada de largo plazo, y la gestión cotidiana termina absorbiendo gran parte de la agenda política. Atender la emergencia es necesario, pero cuando esa lógica se vuelve permanente, los planes con mayor proyección quedan relegados.
Parte de esta tensión es comprensible. La provincia tiene déficits estructurales profundos y la sociedad reclama respuestas inmediatas y concretas. Sin embargo, gobernar no puede reducirse a administrar lo urgente. Implica también sostener políticas cuyos resultados no se advierten de inmediato, pero que son las únicas capaces de modificar problemas de fondo.
En ese punto, la generación de conocimiento aparece como una herramienta estratégica. El polo científico tucumano goza de reconocimiento nacional e internacional. Ese prestigio no es simbólico: constituye una plataforma concreta para abordar problemas históricos, impulsar desarrollos tecnológicos, crear empleo calificado y generar riqueza más allá de las actividades primarias tradicionales.
En ese marco, la reciente conformación de una mesa de diálogo del sistema científico y tecnológico provincial abre una oportunidad clave. La articulación entre Estado, ciencia y sector productivo puede convertirse en un instrumento decisivo para mejorar múltiples aspectos de la dinámica social: fortalecer la infraestructura, anticipar riesgos, agregar valor a las industrias locales y promover un desarrollo económico basado en el conocimiento.
Si Tucumán logra transformar ese saber en política pública y ese diálogo en una práctica sostenida, no solo podrá dejar de naturalizar las inundaciones: probablemente estará en condiciones de iniciar un proceso de transformación profunda, apoyado en el conocimiento y la tecnología como motores de desarrollo, cohesión social y futuro compartido.




















