Tres generaciones, una misma pasión: la familia que mantiene viva la llama de las Intervillas

Julia Terán soñó el club, Marcela de Zavalía hoy lo gestiona y Guadalupe Cáceres defiende los colores en la cancha. A horas del inicio de la 52° edición, abuela, madre e hija abren las puertas de su historia y explican por qué este torneo enciende corazones en Tafí.

PASIÓN FAMILIAR. Guadalupe Cáceres, Marcela de Zavalía y Julia Terán (de izq. a der.) posan en la renovada cancha N° 1 de tenis. Tres generaciones unidas por la historia y el presente del Club de Tafí del Valle.. PASIÓN FAMILIAR. Guadalupe Cáceres, Marcela de Zavalía y Julia Terán (de izq. a der.) posan en la renovada cancha N° 1 de tenis. Tres generaciones unidas por la historia y el presente del Club de Tafí del Valle.. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA

Es fácil percibir que en el Club de Tafí del Valle se viven horas especiales. Mientras el sol de la montaña cae sobre los pastizales del predio, la comisión directiva se mueve de un lado a otro para dejar todo listo de cara al inicio de la 52° edición de las Intervillas, las tradicionales olimpíadas que reúnen a familias de Tafí del Valle, Raco, Villa Nougués y Marcos Paz. Se estima que las delegaciones, que en total reúnen a cerca de 400 deportistas, arriben a la villa mañana temprano para participar del certamen, cuyas actividades comenzarán desde las 17.

Las expectativas son máximas en un torneo que este año lleva el nombre de Gonzalo Marcos Paz, en homenaje a uno de los históricos impulsores del club. Los trabajadores de la institución ultiman detalles con una sonrisa de oreja a oreja para presentar un predio que luce realmente impecable. Desde la renovada cancha de tenis N°1 -sí, aquella donde desde sus cimientos se realizó el simbólico entierro de la botella en 1964 que marcó el inicio de la sede-, pasando por las canchas de vóley, pádel y fútbol 9, el recorrido invita a cualquier amante del deporte a probar alguno de los recintos.

Un legado familiar

Entre saludos a profesores y empleados, Marcela de Zavalía, tesorera de la institución, dialoga con LA GACETA. Llamarla simplemente “dirigente” resulta insuficiente para describir su rol. Marcela se ocupa del apoyo administrativo, pagos, transferencias, facturación y gestión de sponsors, pero su vínculo con el club excede cualquier función formal. A sus 56 años, encarna el espíritu familiar y tradicional que define a las Intervillas. Vio crecer el evento desde niña, cuando su madre, Julia Terán, una de las fundadoras del club, comenzaba a darle forma al proyecto; años más tarde representó a Tafí en tenis y hoy es su hija, Guadalupe Cáceres, quien continúa el legado defendiendo los colores en el fútbol.

A 24 horas del inicio del evento, las tres (abuela, madre e hija) reciben a los primeros curiosos en el histórico Club de Veraneantes, ultimando detalles para las delegaciones. “Estoy en la comisión directiva hace cinco años, trabajando junto al presidente Miguel Terán (h). Somos un grupo de 13 personas. Es un movimiento comercial y administrativo muy grande, pero el circuito está bastante aceitado después de tantos años”, cuenta Marcela, con la autoridad de quien conoce cada rincón del club.

La organización demanda planificación. Las reuniones empezaron en octubre, encabezadas por María Cristina "Kika" Ávila y Valentina Bujazha, dos de las caras visibles de la comisión. “Ahí se empieza a definir el tema de los equipos y a juntarse con los delegados", cuenta Marcela. Y agrega: "pero el trabajo fuerte comienza en diciembre. Nuestro objetivo siempre es poner las instalaciones en condiciones para el verano”, explica. Entre los preparativos de esta edición se destacan la pintura integral de las canchas de tenis, mejoras en la de pádel, con nuevo alambrado e iluminación, mantenimiento edilicio y del jardín. “Hay gente trabajando todo el mes para que el club esté impecable cuando llegue la gente el viernes”, resume.

ULTIMANDO DETALLES. Carlos y Valentín Ríos realizan las tareas finales de mantenimiento para dejar el predio impecable de cara al inicio del certamen. ULTIMANDO DETALLES. Carlos y Valentín Ríos realizan las tareas finales de mantenimiento para dejar el predio impecable de cara al inicio del certamen. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA

La evolución de un sueño

Para quienes nunca vivieron las Intervillas, Marcela no duda: “Es un encuentro. De camaradería, amistad, deporte y familia. Todos vienen a competir y quieren ganar, pero el espíritu es de unión. Es algo que pegó de entrada y se sostuvo durante 52 años”. Esa “magia”, asegura, se explica por el traspaso generacional. “Hoy veo a mi hija decirme: ‘Mamá, es lo que más espero del verano’. Y así como ella, vienen hijos y nietos de quienes fundaron esto. Ojalá perdure mucho tiempo más”, confiesa.

Su madre, Julia Terán, escucha y recuerda los inicios con emoción. “No era esto. No teníamos puertas, poníamos cartulina; no había vidrios… pero estábamos convencidos de que teníamos el Club Británico”, sonríe. Guadalupe, desde la "tercera" generación, aporta su mirada: “Las olimpiadas son un evento que esperamos con ansias todos los veranos. El club se convierte en otra casa: jugás, mirás otros partidos, compartís con amigos y familia. No es solo competir, también marca el cierre de otro verano en Tafí”, explica.

Consultada por las expectativas, Marcela es clara: “No buscamos hacer cosas radicalmente distintas, sino mantener la calidad. Seguimos con los homenajes en vida, algo muy emocionante. Este año competirán seis equipos: Raco A, Raco B, Tafí A, Tafí B, Villa Nougués y Marcos Paz. Esperamos que el tiempo acompañe y que sea, como siempre, una fiesta del deporte y la amistad”, concluye.

De esa manera, cuando la llama de la antorcha marque el inicio de la nueva edición, las Intervillas volverán a confirmar que el deporte puede ser mucho más que competencia. El carecterístico "plato" que otorga como trofeo LA GACETA a la delegación ganadora es un atractivo, es verdad, pero en el Club de Tafí del Valle, cada punto, cada partido y cada abrazo construyen una tradición que resiste al paso del tiempo. No se trata solo de ganar: se trata de pertenecer, de volver al club de siempre y de entender que, año tras año, la verdadera victoria es seguir encontrándose.

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