DOBLE FACETA. El músico y jugador Julio Cossio defiende la camiseta de Tafí A en la victoria 3-2 ante Tafí B en el arranque de las Intervillas. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA
En Tafí del Valle, el fútbol también puede sonar a zamba. A bombo legüero, a guitarra afinada al atardecer, a garganta que se queda sin aire después de dejarlo todo. Esta tarde, mientras las Intervillas volvieron a latir en el club, Julio Cossio demostró que hay pasiones que no se turnan: se tocan al mismo tiempo.
El césped fue su escenario. Sin micrófono, pero con los botines bien atados, el cantante de 47 años fue pieza clave del triunfo de Tafí A por 3-2 frente a Tafí B, en uno de los partidos inaugurales del 52° edición del certamen veraniego.
En la cancha, Julio corre como quien persigue un estribillo conocido. Afuera, cuando baja la adrenalina, su nombre remite a otro gran escenario: es integrante de “Los Puesteros”, una de las bandas de folclore más reconocidas del país, con más de 25 años de trayectoria y escenarios recorridos de punta a punta de la Argentina. Dos universos que no suelen cruzarse, pero que en él conviven con una naturalidad envidiable.
SU OTRA PASIÓN. Lejos de las canchas, Cossio brilla como una de las voces de la emblemática banda
La misma afinación
Para el abogado, músico y delantero, los dos mundos giran al mismo compás. "La pasión que tengo para jugar al fútbol la siento muy parecida a la de la música", confiesa, todavía con las pulsaciones altas tras el clásico. "Cuando juego un partido lo dejo todo, termino fundido. Y en el escenario me pasa lo mismo: no escatimo ni voz ni energía", explica.
Cossio cambia la camiseta por el poncho, pero la intensidad es idéntica. Incluso, encuentra un paralelismo casi poético en los roles que ocupa. En la cancha suele ser "9", aunque no tiene problemas en bajar a volantear si el partido se complica. En la banda ocurre algo similar: "A veces hago voces de armonía para 'hacer el soporte' al equipo, y otras veces me toca ser solista para 'definir la jugada', como si fuera el gol que define el partido", describe, prendiéndose a la metáfora.
De la guitarreada al césped
Su historia con las Intervillas no empezó hoy ni ayer; es una herencia. “Vengo los veranos prácticamente desde que nací”, cuenta. Para él, febrero en Tafí no se entiende sin este torneo. De chico venía a mirar jugar a sus hermanos. Incluso, recuerda,también jugó su mamá. “Siempre fue una época muy linda, de encuentro con amigos que veraneaban en Raco, San Javier o Villa Nougués”, recuerda.
Porque las Intervillas, explica, son mucho más que deporte. El fútbol es la melodía principal, pero no la única. “La actividad deportiva es el justificativo; lo más importante es lo social. Es el fin de semana en el que todos coincidimos”, dice. De adolescente, su rol estaba más cerca del tercer tiempo que del área rival: mientras algunos jugaban, él llegaba con la guitarra. Cervezas compartidas, canciones largas y risas en los salones del Club de Socios, como una peña improvisada después del partido.
El fútbol para él, sin embargo, siempre estuvo ahí. Barrio, colegio, parque. Luego vino un paréntesis, cuando la universidad y la música tomaron el protagonismo. Cossio es abogado, además de músico. Pero la pausa duró lo justo. Con los años volvió a calzarse los botines en los torneos de Profesionales Universitarios y en Las Cañas. Y casi sin darse cuenta, el fútbol lo trajo de regreso a las Intervillas, ahora desde el fútbol 7.
¿Cómo conviven el abogado, el folclorista y el futbolista? “Cuando hay pasión, te acomodás”, resume. En “Los Puesteros” lleva 17 años, no como hobby sino como profesión: ensayos, giras, grabaciones, escenarios grandes. “La música suele ser de noche, así que se puede combinar”, dice, como si hablara de un simple cambio de esquema.
FOLCLORE TUCUMANO.
Próximas funciones
El año lo espera con doble agenda. En la música, un show en el Teatro Mercedes Sosa, “Tucumán Canta”, y cuatro canciones nuevas a punto de ver la luz. En el fútbol, una pretemporada exigente: juega en +30, pero con 47 años compite contra chicos diez o quince años menores. “Mi desafío es ponerme físicamente para competir al doble”, confiesa.
Sea en un teatro colmado o en la cancha del Club de Tafí del Valle, Cossio juega de memoria. El objetivo es siempre el mismo: emocionar y dejar todo por el equipo. Al igual que en una zamba, el músico probó que un gol en Intervillas también merece cantarse.



















