Bruno Medina, el “comandante” del gol que quiere llevar a Tucumán Central al Federal A: "Quiero seguir haciendo historia en este club"
Goleador, referente y símbolo del “Rojo” de Villa Alem, el delantero vive la previa de la final con serenidad y convicción. La fe en el grupo, el respaldo de su familia y una deuda emocional con el club que lo sostuvo en sus momentos más duros.
SONRIENTE. Bruno Medina está feliz por el presente que atraviesa Tucumán Central y anhela seguir escribiendo capítulos con el "Rojo" de Villa Alem. Benjamín Papaterra/LA GACETA.
Cada vez que hace un gol, Bruno Medina levanta su mano, la lleva a su frente y mira de manera seria. Es un mecanismo para representar un gesto que traslada la cultura militar a un campo de juego: es un saludo de soldado. No es una pose. Es una declaración de principios. Para él, el fútbol es una batalla colectiva. Y Tucumán Central, su ejército. Desde 2024, Medina se convirtió en el abanderado del “Rojo” de Villa Alem. Fue el goleador de la Liga Tucumana 2024, pieza clave en el título liguista de 2025 y hoy es el gran “comandante” del ataque que conduce Walter Arrieta. En este Regional Federal Amateur volvió a aparecer en instancias decisivas. Y ahora está a un paso de cumplir un sueño que lo desvela: ascender al Federal A. Pero para ello deberá vencer a General Paz Juniors, rival con el que se medirá hoy, desde las 18, en el estadio de la Liga Catamarqueña.
Sus rendimientos lo pusieron en el radar de clubes importantes. San Martín ya lo tuvo a prueba en 2025 y volvió a sondearlo. Pero él no se distrae. Tiene un objetivo claro: seguir haciendo historia en Tucumán Central.
“Estoy tranquilo, trabajando la cabeza para que no influya nada en lo negativo, disfrutando cada momento porque no todos los días vamos a tener una final por un ascenso”, dice. Habla pausado, reflexivo. No hay ansiedad desmedida. “Es disfrutar, compartir con el grupo, porque no sabés si el día de mañana va a seguir o no. Hay que aprovecharlo”, indica.
La consagración en la Liga fue el primer gran golpe sobre la mesa. “El primer objetivo era salir campeón en la liga, que es muy difícil porque es muy competitiva. Una vez que lo logramos, el Regional se nos hizo más fácil. Nos pusimos más sólidos como grupo”, explica. Dentro de la cancha, la solidaridad se volvió visible. Afuera, la risa compartida fortaleció vínculos.
La final de la Región Norte frente a Talleres de Perico fue una prueba de fuego. Partido durísimo, empate cambiante y definición por penales. Medina tuvo que salir antes de la tanda. Desde afuera sufrió el doble. “Pero yo estaba segurísimo al 100% de que iba a ser nuestro. Confío muchísimo en el grupo. Yo voy a la guerra con esos soldados, ciego”, afirma. La frase resume su liderazgo: confianza absoluta en el compañero. Reconoce errores, reconoce momentos críticos. “En cuestión de minutos puede cambiar todo”, admite. Y lo vivió. El sufrimiento fue intenso. Pero el grupo respondió.
Su fortaleza no nació en la comodidad. Tras la pandemia, cuando el fútbol volvía a la normalidad, una lesión de meniscos en la pierna izquierda, que lo dejó seis meses afuera. “Fue un momento muy duro. Tuve que trabajar el doble con la cabeza para no caer”, recuerda. Sabía que la recuperación no podía ser más corta. Debía atravesarla completa. Y lo hizo.
No fue inmediato el regreso al nivel. “Cuando volví no fue un buen año mío. Me costó levantar”. Pero en Tucumán Central encontró algo que va más allá del rendimiento: respaldo incondicional. “Ellos confiaron en mí desde el principio. Me dijeron que tenga un mal o buen momento, iban a estar a la par y jamás me iban a soltar la mano”, señala.
Cumplieron. Y eso no se olvida. “Le debo muchísimo al club”, repite. Ya fue campeón de Liga, campeón regional. Pero quiere más. “Lograr un ascenso sería algo hermoso. No está lejos, no es imposible. Todo es con trabajo”, dice. Y su deseo es claro: vestir la camiseta de Tucumán Central en un Federal A.
El sostén familiar es otro pilar invisible pero determinante. “Mi viejo, mi vieja, mi hermano, mi cuñada me siguen a todos lados. Sacan plata de donde no tienen para acompañarme”, cuenta. Su padre y su hermano organizaron colectivos para que familiares e hinchas pudieran viajar. “Ellos quieren estar, pero también que estén todos los familiares. Saben lo que significa”, indica.
Hay códigos. En la semana previa saben de qué hablar y de qué no. Respetan silencios. Manejan intensidades. “Es de toda la vida”, dice. El acompañamiento no es invasivo, es estratégico. Amor con inteligencia.
Bruno Medina no promete en lo personal. Pero admite que con el grupo hay pactos internos. “Tenemos promesas con los chicos. Personal no, pero con ellos sí”, reconoce. Son acuerdos que sólo el vestuario conoce.
Su mirada sobre la vida también atraviesa su discurso. “Las cosas pasan por algo. Si se dio en ese momento fue por algo. Y si se están dando ahora es por algo”, reflexiona. La lesión lo hizo crecer. Lo fortaleció como persona y como jugador.
Hoy vive un presente que no imaginaba cuando luchaba por volver. “No me imaginaba estos momentos. En estos dos años en Tucumán Central levanté muchísimo, aprendí y valoré cada cosa. Por eso, quiero seguir haciendo historia con este club”, enfatiza. Esa evolución lo transformó en líder.
Cuando saluda como soldado tras un gol, no sólo celebra. Honra el camino recorrido. Honra a su familia. Honra al club que lo sostuvo. Tucumán Central está a un paso del Federal A. Y su comandante ya eligió el bando. Quiere que la historia lo encuentre vestido de rojo, firme, mirando al frente. Como un soldado que sabe que la batalla decisiva está por comenzar.




















