LA GLORIA. A su regreso de Malvinas, Andrés fue recibido como un héroe. FOTO TOMADA DE OBSERVAORIOMALVINAS.LEGISRN.GOV.AR
Antes de que su nombre quedara asociado a escándalos y controversias, el ex príncipe Andrés supo ocupar un lugar destacado en la historia militar británica por su participación en la guerra de Malvinas en 1982. Mucho antes de las investigaciones judiciales que marcaron su caída pública, el entonces joven miembro de la familia real era presentado como un símbolo de compromiso y valentía en el conflicto del Atlántico Sur.
Hijo de la reina Isabel II y hermano del actual monarca, Carlos III, Andrés Mountbatten-Windsor había iniciado su carrera en la Marina Real el 11 de mayo de 1979, con apenas 19 años. Tras graduarse en el Britannia Royal Naval College de Dartmouth, se especializó como piloto de helicópteros y fue destinado al Escuadrón Aeronaval 820. Cuando el 2 de abril de 1982 Argentina recuperó las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, Andrés era subteniente y se encontraba a bordo del portaaviones HMS Invincible.
Durante la guerra de Malvinas, cumplió funciones como piloto de helicópteros Sea King. Sus tareas incluyeron patrullas antisubmarinas, misiones de vigilancia y operaciones de apoyo logístico. Según reconstrucciones periodísticas de la época, también volaba detrás de su nave para actuar como señuelo ante eventuales ataques con misiles Exocet y desorientar los radares enemigos, una maniobra que implicaba un riesgo considerable.
El conflicto bélico dejó imágenes que reforzaron su perfil público. Una de las más recordadas ocurrió el 17 de septiembre de 1982, cuando el joven Andrés regresó al puerto de Portsmouth, en el sur de Inglaterra. Sonriente y con uniforme naval, fue recibido por una multitud que lo aclamaba. La escena quedó inmortalizada en una fotografía en la que muerde el tallo de una rosa entregada por su madre, gesto que sintetizó el clima de celebración tras el final de la contienda.
CARRERA MILITAR. Tras graduarse en el Britannia Royal Naval College de Dartmouth, se especializó como piloto de helicópteros y fue destinado al Escuadrón Aeronaval 820.
De acuerdo con lo que informaría años después el medio británico The Sun, la monarca inglesa, fallecida en septiembre de 2022, llevaba siempre en su bolso una imagen tomada aquel día en Portsmouth, en la que aparecía su hijo, recién llegado, sano y salvo, de la guerra.
Durante el desarrollo del conflicto, trascendió que hubo gestiones dentro del Gobierno británico para apartarlo de las zonas de mayor exposición y asignarle funciones menos riesgosas. Sin embargo, la propia reina habría rechazado esa posibilidad, lo que permitió que el príncipe Andrés continuara con sus tareas operativas en el Atlántico Sur.
Entre las misiones más relevantes en las que participó se destaca el rescate de sobrevivientes del Atlantic Conveyor, el buque mercante alcanzado y hundido por la Armada Argentina el 25 de mayo de 1982. En condiciones climáticas extremas, las tripulaciones debieron recuperar a náufragos de las aguas heladas, una operación que consolidó su imagen de oficial activo en el frente de batalla.
Un pasado que la corona quiere borrar de Malvinas
Durante décadas, su intervención en la guerra de Malvinas fue uno de los pilares de su reputación pública. En las islas, su figura fue celebrada y su nombre asignado a edificios e instituciones. Para muchos habitantes del archipiélago, representaba el vínculo directo con la defensa británica durante el conflicto.
Con el paso de los años, sin embargo, esa etapa quedó opacada por los acontecimientos posteriores que afectaron su trayectoria institucional. Las controversias derivadas de su relación con el financista estadounidense Jeffrey Epstein impactaron de lleno en su posición dentro de la familia real y en el reconocimiento que había cosechado por su desempeño militar. Incluso en las Islas Malvinas se adoptaron decisiones para retirar placas y distinciones que llevaban su nombre.
Así, la historia del príncipe Andrés en la guerra de Malvinas permanece como un capítulo central de su biografía, asociado a su juventud y a su carrera naval. Aquella experiencia en el Atlántico Sur, marcada por vuelos de riesgo, rescates y tareas de patrullaje, contrasta con el escenario que lo rodeó décadas después y que lo llevó a ser detenido por sus vinculaciones con el Caso Epstein.



















