La "economía invisible" que despertó el histórico momento del fútbol cordobés
Con cuatro equipos en la máxima categoría, la pasión en "La Docta" trascendió las tribunas. Un paseo por Alta Córdoba demuestra cómo el éxito deportivo encendió una industria sin chimeneas que transformó la vida de los vecinos.
VISIÓN COMERCIAL. Erika Molina posa junto a su hijo frente a "Lo de la Negra", el local que funciona al ritmo de los partidos en las inmediaciones del Monumental de Alta Córdoba. Foto: Diego Caminos
Es fácil percibir que en Córdoba se respira fútbol. Se nota en una charla cualquiera en un viaje de taxi, en el comedor de un bar, o en una conversación casual con alguna persona que camina las calles de la ciudad. La tradición futbolera de la provincia hoy está respaldada por una actualidad envidiable para cualquier plaza del país: cuatro clubes en la Liga Profesional y otro en la Primera Nacional confirman que en la “Docta” el fútbol abunda más de lo habitual.
Porque claro, la pasión está, pero se potencia con buenos resultados. Talleres ascendió a Primera en 2016 y movilizó gran parte de esa masa futbolera; Belgrano e Instituto subieron juntos para la temporada 2023 y ahora se les sumó Estudiantes de Río Cuarto —aunque ese merece un análisis por separado al estar “allá lejos de la capital, a cerca de 215 kilómetros”, según considera un taxista futbolero de la zona—. A los cuatro equipos en Primera se le suma un quinto en la Primera Nacional: el histórico Racing de Córdoba, en la “B” desde 2023.
En definitiva, ya son tres temporadas consecutivas con los tres gigantes cordobeses en la máxima categoría, algo que cambió por completo la lógica de la ciudad. Y los números oficiales respaldan esta revolución: según el informe de AFA de 2025, el volumen de gente que movilizan es brutal. Talleres cuenta con 70.582 socios activos, seguido de cerca por Belgrano con 67.318. Instituto, por su parte, aporta una masa societaria nada despreciable de 29.156 fieles. Cifras que, traducidas a la calle, significan una marea humana movilizándose cada fin de semana.
Porque si en Barrio Norte se respira distinto con Atlético y La Ciudadela vibra cuando juega San Martín, en Córdoba ocurre lo mismo. Barrio Jardín arde con Talleres, Barrio Alberdi hace lo propio con Belgrano y, por supuesto, Alta Córdoba, la casa de Instituto, no es la excepción.
Una caminata breve alrededor del estadio Monumental “Presidente Perón” confirma la hipótesis. A cuatro horas del comienzo del partido, el barrio ya se empieza a vestir de rojo y blanco. Las casas cuelgan sus banderas, los primeros hinchas se acercan a hacer la previa y los locales comerciales abren sus puertas para recibir a los fanáticos que llegan en manada.
ECONOMÍA INVISIBLE. El quiosco Foto: Diego Caminos
Naturalmente, con este presente de los clubes cordobeses, el comercio también se potencia. Desde el que vende camisetas y gorros en la vereda, hasta el quiosco que ofrece alguna bebida antes y después del partido; todos se vieron beneficiados por el gran momento futbolístico que vive la provincia.
“Gracias a Dios no me quejo, me va bastante bien. Compramos el local porque vimos una oportunidad, e íbamos a vender solamente bebidas los días de partido. Pusimos un freezer en un pasillo y la idea era esa: 10 partidos al año y listo. Una cosa llevó a la otra... cuando nos descuidamos ya teníamos más heladeras y el bar repleto”, cuenta Erika Molina, dueña del bar “Lo de la Negra” junto a su esposo, Juan Martínez. El matrimonio adquirió el local ubicado en una de las esquinas del estadio hace apenas unos meses, atraído por el movimiento de la zona.
PERSONALIZADO. Así luce por dentro el bar Foto: Diego Caminos
El bar está ambientado con camisetas, banderas y símbolos de Instituto; un proyecto que nació de la pasión de Juan, pero que Erika transformó en negocio. Al matrimonio le benefició tanto el movimiento que sólo necesita abrir cuando juega la “Gloria”. “Abrimos solamente los días de partido. Cuando Instituto juega de local y también cuando juega de visitante, porque la gente viene acá a ver el partido en la tele”. Y agrega, al hablar del movimiento de los hinchas: “A la salida es un loquero. Gane o pierda, la gente sale y se divierte. Se armó un ambiente muy familiar, viene mucha gente y con mucho respeto”.
En otra de las esquinas, María Corso, vecina e hincha de Instituto, respalda la sensación. "Se ve más movimiento. Antes era más familiar; ahora ya es todo, niños, hombres... antes los hombres eran como más fanáticos, pero ahora es de todos”. Sobre el trabajo informal, observa: “Se ve mucha más gente vendiendo cosas y la gente sale. Si ganamos, salen y compran. Y si no, bueno, lo mismo: si tenemos una listita, te comprás algo como para tener. Vas acumulando cosas".
Al final de cuentas, lo cierto es que el fútbol en Córdoba dejó de ser apenas un juego de 90 minutos para transformarse, también, en el motor de una economía invisible. Es el freezer que se compra con los ahorros para vender un puñado de bebidas, la conservadora en la vereda y el puesto de camisetas que salva la semana. Una industria sin chimeneas que late al ritmo de los hinchas y que confirma, en cada esquina de los barrios, que la pasión no sólo infla redes: también puede convertirse en el trabajo de cada día.




















