De paraíso a "zona de guerra": el terror narco golpeó a Puerto Vallarta tras la muerte del "Mencho" y dejó a miles de turistas varados
La furia del Cártel Jalisco Nueva Generación arrasó con la tranquilidad del exclusivo balneario mexicano. Vehículos calcinados, comercios destruidos, vuelos cancelados y una fuga de 23 presos.
CONTRASTE. Los rastros de la violencia narco en un lugar que siempre se jactó de ser un oasis. AFP
Puerto Vallarta, históricamente considerado un refugio seguro a orillas del Pacífico y blindado contra la violencia que azota al resto del estado de Jalisco, amaneció con un paisaje apocalíptico. La represalia criminal por la muerte de Nemesio "El Mencho" Oseguera quebró la paz de este destino turístico, transformándolo en un escenario que residentes y visitantes no dudan en calificar como una zona de guerra.
Las cifras oficiales exponen la magnitud del caos. El alcalde local, Luis Ernesto Munguía, confirmó que durante los disturbios del domingo fueron incendiados más de 200 vehículos y alrededor de 40 negocios resultaron vandalizados. Además, el pánico generalizado fue aprovechado por comandos armados que derribaron el portón del penal local, facilitando la fuga de 23 reclusos.
"Desafortunadamente nos tocó en nuestro puerto, que es un lugar bonito. Se siente como que estamos en una zona de guerra", relató con estupor Javier Pérez, un ingeniero de 41 años, mientras recorría en silencio el estacionamiento de un supermercado mayorista en el acomodado barrio Fluvial Vallarta, donde los sicarios redujeron a cenizas los vehículos de unos 40 clientes y proveedores.
El impacto visual de los ataques fue abrumador. Nubes de humo negro cubrieron el sol y eran perfectamente visibles desde las suites de los hoteles de lujo ubicados sobre la avenida principal. Para los miles de turistas de Estados Unidos y Canadá que eligen Vallarta para escapar del invierno boreal, la escena fue paralizante.
VIOLENCIA. Uno de los vehículos calcinados en la ciudad de Puerto Vallarta. AFP
"No teníamos idea de qué estaba pasando. Vimos que un autobús se estaba quemando, que un auto se estaba quemando y luego vimos humo negro por toda la ciudad desde nuestra ventana", describió Farah Saunders, una jubilada canadiense de 53 años, en declaraciones a AFP.
La situación de Saunders refleja la de miles de extranjeros: tenía previsto regresar a Alberta el lunes, pero quedó varada ante la cancelación masiva de vuelos por parte de las aerolíneas norteamericanas. "Estábamos muy asustados, nunca pasamos por algo así en Canadá", confesó, mientras observaba los restos reducidos a chatarra en una avenida que, hasta este martes, permanecía desierta y con sus centros comerciales cerrados a cal y canto.
Ruinas humeantes
A medida que las calles recuperan tímidamente la circulación, el foco de preocupación de los habitantes locales se traslada hacia las consecuencias a largo plazo para su principal fuente de ingresos: el turismo.
A escasos kilómetros de la zona hotelera, en el barrio La Vena, comerciantes y vecinos contemplan las ruinas de sus negocios. Saíd Díaz, un joven de 20 años que trabaja en un complejo de playa, observaba con tristeza los cimientos calcinados de una tienda de motocicletas donde hace apenas diez días había logrado comprar su propio vehículo.
Más allá de la pérdida material, Díaz sintetizó el temor generalizado que hoy invade a los trabajadores de la ciudad: "Quedó una muy mala imagen de Vallarta. Trabajo en un condominio y ahorita se están yendo muchos de aquí".




















