En el barro: la acusada por narcotráfico que sueña con la ficción mientras enfrenta un juicio
La fiscalía solicitó que la acusada pierda el beneficio de comparecer vía remota tras detectar una activa vida social en redes. El proceso judicial busca desarticular el remanente de una banda que realizó más de 30 viajes narco.
MARTINA OLIVA, en el banquillo de los acusados
El reloj marcaba las 13:20 cuando el silencio volvió a la sala de audiencias de la calle Deán Funes. Terminaba así la primera jornada del juicio contra Martina Oliva y Joaquín Tolaba, la pareja señalada como el cerebro detrás de una aceitada maquinaria de tráfico de marihuana que unía el norte provincial con la capital salteña.
A diferencia de sus cinco cómplices, que ya aceptaron su culpa y purgan condenas de entre 4 y 7 años, Oliva y Tolaba decidieron dar batalla legal. Sin embargo, el inicio del debate oral los dejó acorralados por un relato de inteligencia policial y una exposición digital que los pone bajo la lupa de la justicia.
La investigación: 31 viajes y una traición
El primer testigo de la jornada fue un Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), quien durante más de dos horas detalló cómo se desarticuló la banda. La investigación comenzó a fines de 2024 tras una denuncia anónima, presuntamente de un exintegrante del grupo despechado por haber quedado fuera del negocio.
Las tareas de inteligencia revelaron una logística de precisión: evitaban la Ruta Nacional 34 para eludir controles de Gendarmería, desviándose por caminos de Jujuy.
La droga era entregada a José Burgos en el barrio 17 de Octubre, quien pagaba cifras cercanas a los 6 millones de pesos por cargamento.
Durante la audiencia, se reprodujeron audios y mensajes en lenguaje encriptado que vinculan directamente a Oliva en al menos ocho de los traslados.
Persecución de película: 15 kilos y un giro en "U"
El fiscal general Eduardo Villalba revivió lo ocurrido aquel fatídico 5 de febrero. Oliva y Tolaba encabezaban el convoy en una Toyota que se detuvo dócilmente en el ex peaje Aunor. Pero el peligro venía detrás: un Citroën C3 con 15 kilos de marihuana y tres ocupantes.
Al ver que los líderes eran interceptados, el conductor del Citroën, Benjamín Delgado, ejecutó una maniobra desesperada. Giró en "U" y hundió el acelerador hasta los 180 km/h, huyendo por la ruta provincial 112. La persecución terminó en unos pastizales de la finca San Juan de Dios, donde el auto quedó abandonado tras estrellarse. Mientras los ocupantes arrojaban los fardos de droga por la ventanilla —mercancía por la que esperaban cobrar 6 millones de pesos—, la policía iniciaba una cacería que terminaría meses después con todos tras las rejas.
De la "resiliencia" al banquillo
Uno de los puntos más álgidos del debate no tuvo que ver con la droga, sino con la conducta de Oliva tras su detención. Bajo el beneficio de prisión domiciliaria, la joven transformó sus redes sociales en un escaparate de "superación personal".
El fiscal Villalba no lo dejó pasar: señaló que Oliva usa un iPhone de último modelo y comparte posteos sobre cómo el 2025 la "formó" y la ayudó a "reconstruirse", mostrándose en fiestas y con un ánimo que dista mucho de alguien impedido de asistir a un tribunal.
"Se muestra en redes con un estado de ánimo que hace vislumbrar que puede estar presente en la sala", argumentó la fiscalía.
Ante el silencio de la defensa, la jueza María Alejandra Cataldi fue tajante: el próximo martes, Oliva y Tolaba ya no seguirán el juicio por Zoom desde la comodidad de sus hogares; deberán sentarse, frente a frente con el tribunal, en el banquillo de los acusados.
De las frases de superación al deseo de ser actriz: Oliva cosecha seguidores y cuestiona a la prensa
Lejos de mantener el perfil bajo que sugeriría un proceso por narcotráfico, Martina Oliva convirtió sus redes sociales —donde cosecha más de 13 mil seguidores— en un espacio de resistencia y promoción comercial. Desde su arresto domiciliario, la joven no solo se dedica a postear sobre su showroom de ropa femenina y lencería, sino que ha utilizado la plataforma para lanzar duros dardos contra los medios de comunicación.
“Llevo casi un año callada por miedo a todo y porque todavía sigo en preventiva”, descargó Oliva en una de sus publicaciones, donde relató sufrir ataques de ansiedad que la habrían llevado a la internación. En un intento por despegarse de la carátula judicial, fue contundente: “¡Soy mamá, tengo apenas 23 años! Y aclaro una cosa: modelo no soy, narcotraficante no soy, solo pido respeto”. Oliva cuestionó la exposición de su imagen, reclamando por qué no se muestran las caras de los otros involucrados y sentenció: “Nunca jamás me encontraron droga... hay un límite y hasta acá llegué”.
Sin embargo, al llegar diciembre de 2025, el tono de sus publicaciones viró hacia la "resiliencia". Con frases como "ya casi terminando el año que más lloré, pero también el año que más aprendí" y "la mejor venganza que encontré fue seguir con mi vida", la acusada buscó mostrarse lista para "no volverse a rendir jamás".
Esta construcción de una nueva imagen pública alcanzó un punto llamativo durante el reciente estreno de la segunda temporada de la serie "En el Barro". Oliva reposteó publicaciones de fanáticos que, ante su activa presencia digital, ya la postulan para un salto a la ficción: “Si hay una tercera temporada, ella tiene que estar”, rezaba uno de los mensajes que la propia imputada validó en su perfil, alimentando una fama que hoy choca de frente con la realidad del banquillo de los acusados.
El destino de los cómplices
Mientras la pareja espera su sentencia, el resto de la banda ya conoce su destino. José Burgos, el revendedor que esperaba el cargamento con un bolso lleno de millones en el barrio 17 de Octubre, recibió 5 años. Delgado, el conductor de la fuga, 7 años. Romero, Leiton y Cuenca también fueron condenados.
Ahora, Oliva y Tolaba quedan solos ante las pruebas: audios encriptados, 31 viajes documentados y una fiscalía que los señala como los jefes de una organización que pretendía convertir el narcotráfico en una rutina de lujo y redes sociales.






















