El afiche que se reproduce en la nota, corresponde al original de la película “El diablo de las vidalas”, filmada íntegramente en Tucumán en 1950. El filme retrata aspectos de la vida del general Gregorio Aráoz de La Madrid, y muchos tucumanos tuvieron participación directa. El largometraje se filmó en blanco y negro y 35mm, formato de proyección habitual en los cines comerciales. El afiche fue una ilustración de Venturi, uno de los artistas gráficos más celebrados de su época.
Peirano
El equipo técnico y las cámaras eran del Instituto Cinematográfico de la Universidad Nacional de Tucumán, (Icunt) fundado y dirigido por Héctor Cosme Peirano, recordado pionero del cine y la fotografía en nuestra provincia.
En la página oficial del referido instituto, se destaca en relación a Peirano que en su primer informe de gestión del año 1947, resaltaba que “El Instituto favorecería la divulgación de todo lo argentino, la contribución a la enseñanza primaria, secundaria y universitaria, por medio de producciones cinematográficas, informativos científicos y didácticos y que aportaría al desarrollo del arte y el cine nacional”. El doctor Descole fue quien consiguió los fondos para su creación y será una institución pionera en el interior del país y uno de los centros universitarios dedicados a la investigación, experimentación y producción más importantes de Sudamérica, en el área de Comunicaciones Audiovisuales de esa época”. Los principales técnicos de la película eran miembros del Icunt, Pedro B. Bravo y Néstor Arnoldi Gómez, responsables de fotografía y cámaras respectivamente. La música fue compuesta por el profesor Mario Cognato y la dirección orquestal fue de Carlos Cilario.
La película
Alberto Melitón Fuentes, de la familia propietaria del cine Astral de Yerba Buena, nos relata en una colorida página: “La dirección estuvo a cargo de Belisario García Villar, director argentino que había realizado temas históricos en Centauros del Pasado y Frontera Sur. El argumento original era de Pedro Perico Madrid, escritor, periodista, humorista y empresario del teatro Alberdi en esos años”. Estuvo interpretada por el reconocido actor Francisco de Paula, en el papel del general La Madrid; la actriz Amanda Varela tuvo el rol de Luisa Díaz Vélez, entre otros.
Locaciones
Para dar un marco de contexto histórico, la película se filmó en el patio de la escuela Sarmiento, en el Museo Histórico de la Provincia y en la propia casa de “Perico Madrid”, calle Las Heras 251. También en Tafí del Valle, donde durante generaciones se recordaban diversas anécdotas referidas a la filmación. Por ejemplo, el protagonista De Paula tenía pánico a subirse al caballo, por lo que en escenas de lucha fue doblado por dos diestro jinetes, veraneantes de la villa, Ángel Estévez y Octavio Terán Vega. El dueño de la estancia El Churqui, Clemente Zavaleta, ofreció gentilmente su estancia y agasajó a los actores y técnicos en reiteradas ocasiones con asados y paseos campestres.
Censura
Pero el entusiasmo inicial por la presentación del filme se cortó abruptamente cundo el subsecretario de informaciones del gobierno nacional, Raúl Apold (personaje muy controvertido de su época) dispuso su prohibición en todo el país. Se argumentaba “el tratamiento de próceres y hechos históricos que hacía la película, podían causar al espectador una impresión equivocada de lo que fuera la guerra de la independencia”. Esto impidió que se exhibiera en toda Argentina, pero con el argumento de las autonomías provinciales, pudo finalmente estrenarse el 13 de junio de 1951 en el Cine Grand Splendid (luego Parravicini), y en el cine Astral de Yerba Buena, con una excelente acogida del público.
Copias perdidas
Durante muchos años, el doctor Carlos Páez de la Torre buscó infructuosamente en Tucumán y en el resto del país, una copia del rollo destinado a proyectarse en los cines. De igual manera, Alberto Melitón Fuentes, quien gentilmente me aportó datos para este artículo, ha buscado incluso en distribuidoras internacionales un duplicado, hasta aquí, con resultado negativo. Sería importante contar con algún rollo que pudiera haber quedado en poder de un coleccionista, ya que se recuperaría una auténtica joya de nuestra filmografía vernácula. En este mundo digital, todo es posible.


















