Caso Lebbos: el paso del tiempo no cambió la versión del remisero Cruzado sobre un viaje casi igual que el que debió haber hecho Paulina

El hombre recordó lo que hizo en la madrugada del 26 de febrero de 2026 cuando trasladó a dos jóvenes desde El Abasto

Juan Pedro Cruzado declara mientras Alberto Lebbos lo observa. Juan Pedro Cruzado declara mientras Alberto Lebbos lo observa.
Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 17 Marzo 2026

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Fue en su momento testigo estrella, pasó a ser sospechoso, declaró en juicios, fue acusado de falso testimonio y encubrimiento, procesos que aún permanecen abiertos, y así y todo el remisero Juan Pedro Cruzado repitió hoy la misma declaración que viene haciendo desde el principio: que en la madrugada del 26 de febrero de 2006 él llevó a dos jóvenes desde la zona de El Abasto, que una de ellas se bajó en calle La Rioja al 400 y que la otra la dejó detrás del parque 9 de Julio. Si no hubiera sido que ese fue el mismo trayecto que realizó Paulina Lebbos en sus últimos momentos de vida, sería una anécdota. Pero a la luz de los acontecimientos posteriores y a la cantidad de condenas por falso testimonio y encubrimiento, el testimonio de Cruzado sigue siendo fundamental. Pero las preguntas no tiene una respuesta: ¿llevó realmente a Paulina esa madrugada, se confundió, trasladó a otras dos jóvenes? Demasiadas coincidencias.

Cruzado se sentó frente a los jueces Luis Morales Lezica, Gustavo Romagnoli y Fabián Fradejas que llevan adelante el juicio contra César Soto, acusado por el crimen de Paulina, y de Sergio Kaleñuk, imputado por encubrirlo. Y repitió como un mantra lo que ya había dicho en dos juicios anteriores: en el primero en el que condenaron al ex jefe de la comisaría de Raco Enrique Garcia, entre otros, y el segundo en el cual sentenciaron al ex secretario de Seguridad Eduardo Di Lella y al ex jefe de Policía, Hugo Sánchez. “Esa noche yo había conseguido un viaje de una pareja que me pidió que los llevara hasta avenida Alem y el pasaje que está entre Las Piedras y San Lorenzo (Gutiérrez). Cuando llegaban había mucha gente en la calle porque estaban saliendo de los boliches de la zona”, recordó a preguntas del fiscal Carlos Sale. Ante la mirada de Alberto Lebbos, el padre de Paulina, Cruzado dijo no recordar cómo era las dos jóvenes, ni su contextura física. Dijo que ambos se sentaron en el asiento de atrás y que una de ellas le pidió que la deje en calle La Rioja al 400, coincidentemente donde vivía Virginia Mercado, la joven que acompaña a Paulina esa madrugada en un boliche de la misma zona. Y resaltó que esta pasajera, cuando llegaron, se bajó en una casa y al regresar le entregó algo a su amiga. Casi todo encaja con la versión de Mercado, aunque ella dijo que vivía en un edificio de departamentos y no en una casa, pero que sí se bajó, buscó las llaves de Paulina y se las entregó dentro del remise. Luego Cruzado afirmó que la otra joven que la lleve a una calle detrás del parque 9 de Julio, aunque no recordaba cual, ni conocía la zona. “Usted vaya que yo le indico”, recordó el remisero que le dijo su pasajera. Y que cuando llegaron a la avenida Coronel Suárez lo hizo entrar por una calle transversal, y a que a la cuadra siguiente se bajó, tras lo cual, él se retiró. Y aclaró que ya había amanecido y que había luz natural. Tiempo después, al ya conocer la zona, Cruzado afirmó que había dejado a la joven en calle Cuba al 1000 aproximadamente. Eso está a cinco cuadras de donde Paulina le había dicho a Virginia que se dirigía: calle Estados Unidos al 1.200, donde residía Soto, su novio y padre de su hija.

Cruzado dijo ayer además que días después de ese viaje, y cuando la desaparición de la joven ya era noticia, recordó lo que había sucedido, y que se lo contó a un hermano y a un amigo quienes lo alentaron a presentarse en la Policía y contar todo. Y así lo hizo, en el entonces Departamento de Inteligencia (D2) donde, además de declarar, le secuestraron el vehículo, un Fiat Duna bordó, similar al que había descripto Mercado en sus dichos.

Para una parte de quienes llevaron adelante la investigación policial, Cruzado se convirtió en sospechoso y elucubraron que habría querido abusar de la joven y que como ella se resistió terminó matándola. Pero nunca pudieron probar esta hipótesis. En el auto no se encontraron muestras que relacionara al remisero con la muerte de la víctima. Sin embargo, los jueces del segundo juicio Dante Ibáñez, Carlos Caramuti (presidente) y Rafael Macoritto ordenaron que Cruzado fuera investigado por presunto falso testimonio o encubrimiento, pero a pesar de que ya pasaron más de seis años de esa sentencia, el proceso en su contra sigue abierto. Al terminar el interrogatorio, tanto de parte del fiscal como de los defensores Roque Araujo y Patricio Char, Cruzado se retiró de la sala.


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