Siempre que llovió, paró. Pero no todas las tormentas son iguales. Las de la semana pasada taparon a un pueblo que tuvo que ser evacuado frente al riesgo para la vida de sus pobladores. Perdieron todo y hoy miran al cielo, rezando que cese el meteoro y pidiendo explicaciones acerca de lo que pasó. El agua caída, literalmente, los tapó. Y la solidaridad de un pueblo volvió nuevamente a surgir. La inundación, además, aplastó a la política que, frente a los lamentables sucesos, debió abrir el paraguas para no terminar empapados por el escándalo. La violencia es repudiable; nadie tiene dudas de eso. Pero, frente a lo acontecido, la sociedad afecta merecía que sus dirigentes estén a la altura de las circunstancias. ¿No era más sencillo coordinar tareas por el bien de los afectados en vez de sacar a relucir diferencias políticas e ideológicas? Los tucumanos esperan más respuestas que retórica.
En el tercer año de mandato, el gobernador Osvaldo Jaldo tiene frente de sí múltiples escenarios a resolver. “Esto no es mi gobierno”, cuentan que enfatizó el mandatario, mientras en una de las pantallas de las TV que tiene en su despacho se reproducía el “ancazo” del peronista Marcelo “Pichón” Segura al diputado libertario Federico Pelli. El titular del Poder Ejecutivo se ha llamado a silencio durante todo el fin de semana, pero no paró de dar instrucciones a sus ministros, mientras asistían a los inundados en La Madrid. El presidente del distrito local de La Libertad Avanza (LLA), Lisandro Catalán, y todo el arco dirigencial de esa fuerza salió a pedir públicamente la renuncia del ministro del Interior, Darío Monteros, para quien -según argumentaron- trabajaba el agresor, hoy alojado en Benjamín Paz, con prisión preventiva por 90 días. Para un líder tradicional como Jaldo, entregar la cabeza de un funcionario a la oposición es el peor de los errores que puede cometer un gobernante. Está en ese manual de usos y costumbres políticos, el mismo que aplica el presidente Javier Milei para defender a los colaboradores envueltos en escándalos públicos.
En la Casa de Gobierno, los ministros coinciden en una definición: no hay peor Jaldo que el que calla porque, por dentro, brama. Así terminó el gobernador la semana pasada. No habrá bajada de línea integral al gabinete. El tranqueño se encargará de repasar, uno por uno, los lineamientos de su gestión para que quede grabada a flor de piel. El mandatario está convencido que situaciones como la sucedida la semana anterior son evitables y que no hay que modificar el humor social más de lo que, en la actualidad, se encuentra, por efecto de una microeconomía que aún no encuentra un rumbo.
El malestar económico no se expresa únicamente en evaluaciones generales sobre la situación del país o del gobierno, sino también en preocupaciones concretas que atraviesan la experiencia cotidiana de los hogares. Cuando el problema principal se identifica en términos de pérdida de ingresos, inflación, empleo o dificultades para sostener el nivel de vida, la economía deja de ser una discusión abstracta y se convierte en una experiencia directa, advierte el Grupo Borgia Consultoría Política en su último reporte sobre “Clima económico y expectativas sociales”. Solo el 17,4% de los tucumanos consultados por la consultora que dirige el Magister Santiago González Díaz declara llegar a fin de mes con comodidad, mientras que el 35,2% lo hace ajustadamente. El resto no tiene los ingresos suficientes para lograr esa meta y, en gran medida, apelan al endeudamiento, que ha llegado a niveles récords.
Los escándalos políticos, en cierta medida, funcionan como una cortina de humo frente a estos problemas de la economía doméstica. Jaldo se convierte, así, en un pilotos de tormentas. El gobernador trata de no descuidar tres frentes que, si no se atienden, pueden convertirse en una bola de nieve.
El primero de ellos es la relación institucional con la Casa Rosada. Jaldo encontró en el ministro del Interior Diego Santilli a un interlocutor fundamental para sostener el diálogo con el poder central. Otra vía de comunicación directa es Eduardo “Lule” Menem, muy cercano a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Con el ministro de Economía, Luis Caputo, las charlas telefónicas son menos periódicas, pero sí fundamentales para avanzar en las negociaciones financieras. Jaldo recuerda que ha dado muestra del acompañamiento institucional de su administración hacia Milei, desde que el economista libertario promovió la famosa Ley Bases y el posterior acuerdo con el FMI. El Presidente contó con votos tucumanos en el Congreso. El “esto es lo que tenemos del otro lado” que posteó el jefe de Estado nacional contra la agresión a Pelli fue interpretado como una reacción natural del líder de LLA contra el PJ. “No hay ninguna intención de dañar la relación”, afirman desde el jaldismo.
El segundo frente de tormenta está directamente relacionado con la relación fiscal con la Nación. Pese a la caída real de los ingresos, habrá que hacer piruetas para evitar el déficit fiscal. Las deudas pendientes están en proceso de negociación y probablemente la Nación reconozca la acreencia tucumana en cómodas cuotas, que posibilitarán una inyección dineraria que compense la caída de la recaudación. En ese aspecto, el ministro de Economía provincial, Daniel Abad, hará gestiones en Buenos Aires para tratar de cerrar un acuerdo fiscal que le brindaría cierta paz a las finanzas públicas tucumanas.
La tercera cuestión tiene que ver con la continuidad en la gestión. Si bien la administración de Jaldo se ha caracterizado por un mecanismo de conducción casi personalista, en la estructura oficial hay ciertas grietas que resolver. La relación entre ministros no es del todo armónica, como parece. Las internas no fluyen porque Jaldo está atento a la reacción de cada uno de sus fusibles. Estos fines de semana largo serán un período de reflexión interna del mandatario para definir en qué áreas dará un ajuste de tuercas para que no decaiga la gestión. No se prevé cambios de ministros, pero eso no quiere decir que haya retoques hacia abajo del elenco ejecutivo. El “comisario” definirá qué hacer porque se vienen meses tormentosos en los que el Poder Ejecutivo tendrá que revalidar títulos pensando en 2027. Jaldo está dispuesto a anticipar las elecciones en la medida que Milei defina modificaciones en las normas electorales nacionales. Convocar a elecciones para abril o mayo no es una idea descabellada, pero dependerá de definiciones nacionales. El jefe del PE no quiere dejar todo librado al azar. Hoy prefiere no hablar de reelección en el cargo, pero esa idea permanecerá siempre latente para no caer en el “síndrome del pato rengo”, que suele suceder a todo gobierno en el último tramo de mandato y que se exterioriza con una pérdida de la capacidad de gestión. Hasta el último momento mantendrá en vilo al peronismo. Pero, sin PASO, Jaldo teme que las candidaturas a diputados y a senadores nacionales que se renovarán el año que viene, quede en manos de la conducción nacional del PJ. En otras palabras, que Cristina Fernández de Kirchner o alguno de sus aliados ponga los nombres de los postulantes. Eso colisionaría con una de las estrategias de Jaldo: ser candidato a senador. De allí que, si fuera por el gobernador, en las paredes de la Casa de Gobierno colgaría un cartel que diga “esta gestión no tiene fecha de vencimiento”. De otro modo, el fantasma de fin de ciclo merodeará por los pasillos del poder.




















