TEMOR. Los tiburones muestran los indicios de cómo se degrada la fauna marina.
Lo que demostró la investigación de la Universidad Internacional de Florida era algo casi impensado, pero lamentablemente es una realidad biológica que los científicos están empezando a documentar con más detalle. En las Bahamas, zona de estudio, la huella química llegó muy bruscamente.
Mediante el uso de espectrometría de masas de alta resolución, el equipo detectó que el 100 por ciento de los tiburones analizados contenía restos de fármacos y cafeína, mientras que el 40 por ciento de los ejemplares dio positivo en benzoilecgonina, el metabolito principal de la cocaína. La rápida urbanización y un desarrollo impulsado por el turismo son las causas que el equipo liderado por el doctor Jim Gelsleichter, pusieron como causas.
No es que los tiburones estén buscando estas sustancias deliberadamente. La ruta de contaminación es principalmente causada por humanos. Estos estudios no buscan alarmar sobre tiburones adictos que se vuelvan más propensos a atacar personas, sino alertar sobre la salud del ecosistema ya que se deduce que todo el hábitat a su alrededor está bajo un estrés químico severo.
Entre las vías contaminantes los científicos identifican aguas residuales que los sistemas de tratamiento en muchas zonas costeras no están diseñados para filtrar compuestos químicos complejos. Los centros urbanos, por más que estén lejos de las costas, tras las lluvias generan un escurrimiento urbano que termina directamente en el océano.
Específicamente en la zona del Caribe y las Bahamas, existe el factor adicional de fardos de droga que son arrojados al mar durante persecuciones. Los paquetes se rompen y terminan siendo ingeridos por la fauna marina.
¿Qué hacer?
Aunque todavía se está estudiando el impacto a largo plazo, los biólogos están preocupados por varios factores. Tal como en los humanos, esas sustancias podrían generar alteración del comportamiento. Con la cocaína se ha observado que los tiburones expuestos pueden volverse más hiperactivos o erráticos, lo que altera sus patrones de caza y migración. Ya de por sí los tiburones, líderes en la cima de la cadena alimenticia marina, ingieren y acumulan las toxinas de todos los peces más pequeños que han consumido previamente el agua contaminada.
A nivel planetario
La problemas no solo están en El Caribe. Se hicieron otros estudios, en zonas más urbanas en las que se podía vaticinar una contaminación de este tipo -por ello es que lo de Las Bahamas es particularmente sorprendente por tener menor densidad de población y no constante anualmente- como Brasil.
En la variedad de tiburón de hocico agudo, recientemente científicos en Río de Janeiro detectaron niveles de cocaína en el tejido muscular y el hígado de tiburones capturados cerca de la costa. Lo preocupante es que las concentraciones eran hasta 100 veces superiores a las encontradas en otros animales marinos.
Para mitigar este impacto, la comunidad científica y los gobiernos están trabajando en varios frentes. La modernización de las plantas de tratamiento surgen como una opción de costo elevado mientras que la incentivación a las farmacéuticas para diseñar medicamentos que sean biodegradables, es decir, que se descompongan más rápido una vez que son excretados y lleguen al medio ambiente, irrumpen como una solución de raíz.
Como medidas más inmediatas, en las ciudades costeras, se están diseñando "infraestructuras verdes" (como jardines de lluvia y pavimentos permeables) que actúan como filtros naturales. Esas construcciones evitan que el agua de lluvia arrastre todos los contaminantes de las calles directamente al océano.
Incluso hay medidas hogareñas que hay que poner en práctica para disminuir a cero lo que puede poner en riesgo a los que son considerados paraísos. Por ejemplo, no tirar medicamentos caducados por el inodoro. Muchos países están reforzando las campañas de "puntos de recogida" en farmacias para asegurar que los químicos tengan una disposición final segura.
Lo que sucede en las Bahamas es un espejo de nuestra sociedad. Los tiburones, según la ciencia, están "pagando" por la ineficiencia de nuestros sistemas de saneamiento, nuestro consumo de sustancias y una ausencia de empatía.























