Crimen en el country: el estremecedor testimonio del hombre que mantenía una relación secreta con la víctima

  • Héctor Mendoza testificó en Salta por el femicidio de Mercedes Kvedaras, ocurrido en agosto de 2023, para exponer la violencia y el pánico que ella vivía a manos de José Figueroa.
  • El testigo describió meses de acoso, manipulación psicológica y episodios previos de ahorcamiento. Relató que la víctima intentó separarse, pero enfrentó la resistencia del acusado.
  • El testimonio debilita la defensa del acusado al confirmar un ciclo de violencia de género previo al crimen. Se prevé que sea una prueba central para una condena a perpetua.

José Figueroa durante la audiencia. FOTO LA GACETA José Figueroa durante la audiencia. FOTO LA GACETA
Santiago Mendieta
Por Santiago Mendieta 09 Abril 2026

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Bajo una atmósfera de máxima tensión, el hombre que compartió los últimos meses de Mercedes Kvedaras rompió el silencio. Héctor Agustín Mendoza describió una realidad dual: la "luz" que irradiaba la víctima frente a la "oscuridad" de un matrimonio asfixiante. Su declaración no solo fue un relato de afecto, sino una denuncia cruda que reveló episodios previos de violencia física y el pánico visceral que Mercedes sentía antes de su trágico final.

En esta cuarta audiencia por el femicidio, la sala se sumió en un silencio sepulcral cuando Mendoza, administrador agropecuario de 38 años, se enfrentó al tribunal. Su testimonio no se limitó a confirmar la relación sentimental; fue una reconstrucción devastadora de la caída en picada de Mercedes hacia un abismo de "manipulación, acoso y un miedo paralizante" hacia su esposo, José Figueroa, quien hoy ocupa el banquillo de los acusados.

El inicio: "Fue muy fuerte lo que sentimos"

Mendoza relató que conoció a Mercedes en abril de 2023 en el gimnasio Tuluka. Lo que comenzó como un encuentro casual derivó rápidamente en un vínculo profundo. "Nos conocimos, fue muy fuerte lo que sentimos y tuvimos una relación muy linda", declaró el testigo, aclarando que ambos eran conscientes de sus respectivas situaciones matrimoniales: “los dos sabíamos de la relación de cada uno, los dos estábamos casados”.

Durante el primer mes, Mendoza evitó hablar del marido de Mercedes "para no incomodarla", pero la realidad doméstica pronto se filtró en la relación. Describió a Mercedes como una persona "muy alegre, muy feliz... con mucha luz", excepto cuando el tema de Figueroa salía a la luz. "Ahí le cambiaba la cara totalmente", recordó.

“Cuando empezamos a ver que la relación nuestra iba en serio, ella me dijo que le iba a decir a José de nuevo que se quería separar”, realtó.

A mediados de junio, Mercedes decidió enfrentar la situación. Tras prepararse mentalmente y "tomar mucho valor", le comunicó a Figueroa su deseo de separarse. Sin embargo, la respuesta del imputado fue, según el testigo, imperativa. "Su marido le dice que no coincide con esa decisión y se va a su cuarto". Mendoza calificó esta reacción como "déspota", señalando que Figueroa no le dio lugar a discutir ni a charlar, actuando en los días siguientes "como si nada hubiera pasado". En este sentido, Mendoza aseguró que Kvedaras “era insistente en hacerle saber a Figueroa de que la relación estaba acabada”.

"La bomba explotó": el inicio del fin

La situación escaló drásticamente en julio. Mendoza recordó un mensaje de texto que Mercedes le envió, aterrada, después de que Figueroa descubriera que ella le había mentido sobre su paradero un fin de semana: "Agus, prepárate para lo que se nos viene porque la bomba explotó. José se enteró de que estoy con alguien".

Mientras Mendoza continúa con su testimonio, Figueroa permanece con la cabeza contra el escritorio.

Ese día, Mercedes se refugió en la casa de Mendoza, "muy asustada". El testigo relató que Mercedes le tenía "pánico" a la expresión de Figueroa, describiendo una "cara" que la aterrorizaba. A partir de ese momento, las discusiones en el hogar de los Figueroa se volvieron constantes. Según Mendoza, Figueroa utilizaba una violencia psicológica sistemática, amenazándola con quitarle a sus hijos y advirtiéndole que "él iba a hacer todo lo posible para sacárselos".

En este sentido, el joven aseguró que Kvedaras le contestaba a Figueroa diciendo que “él se merecía otra mujer que lo quiera y que tenía todo en la vida”.

Crimen en el country: el estremecedor testimonio del hombre que mantenía una relación secreta con la víctima

El secreto

Durante su declaración, Mendoza fue tajante al aclarar que la familia de Mercedes desconocía el vínculo que los unía, manteniendo la relación en absoluta reserva. 

Respecto al imputado, el testigo afirmó que, si bien no tiene la certeza de que Figueroa conociera su identidad exacta, está convencido de que este sabía de la existencia de "un tercero". 

En un intento desesperado por mitigar la tensión, Mercedes llegó a revelarle detalles sobre el perfil de Mendoza a su marido: le aseguró que era "un buen chico", divorciado y exjugador de rugby, buscando convencerlo de que, en caso de una separación, sus hijos quedarían bajo el cuidado de una persona íntegra. Sin embargo, la confesión "solo alimentó la hostilidad de Figueroa", quien manifestó su intención de "ir a buscarlo". En este sentido, Mendoza le dijo a Mercedes, que si Figueroa lo encontraba, él no reaccionaría violentamente e incluso se dejaría golpear con tal de que el acusado "bajara la bronca" que acumulaba.

Revelaciones de violencia física y "la frase que no se puede olvidar"

Uno de los momentos más impactantes de la declaración fue cuando Mendoza relató que Mercedes, poco antes de morir, le confesó un episodio de violencia física previa. "Me confesó por primera vez ese día que José ya la había ahorcado en otras ocasiones", sentenció el testigo.

Mendoza también mencionó haber visto a Mercedes "afónica" en dos ocasiones ese último mes, vinculando este estado con el colapso emocional y la tensión que vivía. El testigo recordó una frase que Mercedes repetía entre lágrimas y que, según él, explica por qué ella no podía salir de ese círculo: "Agustín, por estas cosas yo nunca me pude separar".

Las últimas horas: persecución y culpa

El jueves 3 de agosto, el día anterior al crimen, fue descrito como una jornada de terror para Mercedes. Llegó a la casa de Mendoza "quebrada, temblando". Durante la tarde, mientras estaban en el sillón, ella miraba obsesivamente por la ventana. "Agustín, él está ahí. Me está siguiendo. Me está siguiendo", le decía, convencida de que Figueroa la vigilaba desde la esquina.

Mendoza admitió ante el tribunal un peso que cargó durante mucho tiempo: "Ese fue el gran peso que yo tuve durante mucho tiempo porque yo la obligué a que vuelva a su casa" esa última noche. A pesar de que ella no quería volver, Mendoza la instó a que fuera para "tranquilizarlo", ya que Figueroa la llamaba constantemente.

El último contacto ocurrió el viernes por la mañana. Mercedes leyó un mensaje de Mendoza a las 8:10 AM, donde acordaban verse en su casa antes de que llegaran los albañiles, pero ella nunca respondió.

El dolor del sobreviviente

Al finalizar su testimonio, Mendoza explicó por qué borró los mensajes de WhatsApp de su teléfono poco después del asesinato, una acción que inicialmente generó dudas. "Borré los mensajes... porque tenía mucha culpa. No me podía perdonar cómo no me di cuenta de lo que estaba pasando, que estaba viviendo una pesadilla dentro de su casa y yo era el único que sabía eso", confesó conmovido.

Su declaración cerró con una reflexión amarga sobre la naturaleza del imputado: "Nunca me imaginé que alguien podía hacer esta locura, que alguien tan cercano puede ser tan malo".

El cierre de la declaración dejó una de las postales más fuertes del juicio: en un gesto de apoyo que quebró el protocolo, la madre, la tía y el hermano de Mercedes se pusieron de pie para abrazar a Mendoza. El momento fue rápidamente cuestionado por la defensa de Figueroa; su abogado repudió el gesto y solicitó formalmente al tribunal que este tipo de "muestras de afecto" se realicen fuera de la sala de audiencias.

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