Un informe de The New York Times reavivó el debate sobre la salud mental de Donald Trump
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Un informe del New York Times reavivó el debate sobre la salud mental de Donald Trump en EE.UU. tras sus recientes comentarios extremos y amenazas contra Irán y el Vaticano.
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El debate surge por declaraciones erráticas y ataques a figuras públicas. Tanto demócratas como antiguos aliados republicanos cuestionan su aptitud y sugieren aplicar la 25ª enmienda.
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El cuestionamiento sobre la agudeza cognitiva de los líderes polariza la política estadounidense. Encuestas reflejan una creciente preocupación ciudadana sobre el deterioro de Trump.
EXCUSA. Trump justificó su imagen como Jesús porque se imaginó a él mismo como médico y que tenía que ver con la Cruz Roja.
Un informe del diario estadounidense The New York Times expuso el debate en torno al comportamientodel presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y planteó si sus actitudes responden a un estilo errático o a un posible desequilibrio, en medio de recientes declaraciones del mandatario y la defensa pública de la Casa Blanca.
Trump, quien en su primer mandato se describió a sí mismo como “un genio muy estable” y se ha jactado con regularidad de superar pruebas cognitivas para detectar la demencia, descartó las críticas sobre su estado mental cuando un periodista le preguntó la semana pasada. “No he oído eso”, dijo. “Pero si ese es el caso, tienen que tener más gente como yo, porque nuestro país ha sido estafado en el comercio, en todo, por muchos años hasta que yo llegué. Así que si es así, tendrán que tener más gente”, expresó.
El mandatario vinculó así los cuestionamientos a su desempeño con su visión sobre la situación del país antes de su llegada al poder, reforzando su postura frente a las críticas.
Cuando se le pidieron más detalles, el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, afirmó en un correo electrónico: “La agudeza del presidente Trump, su inigualable energía y su accesibilidad histórica contrastan con lo que vimos en los últimos cuatro años”.
En esa línea, el vocero argumentó que Joe Biden había experimentado un deterioro físico y mental durante su gestión y sostuvo que distintos medios de comunicación no reflejaron esa situación. El informe también señala que estas afirmaciones forman parte de un cruce político más amplio en torno a la capacidad de liderazgo de los dirigentes estadounidenses.
El artículo del medio norteamericano ubica así las declaraciones recientes en el centro de una discusión que vuelve a cobrar visibilidad, con la salud mental de los líderes como eje de confrontación política en Estados Unidos.
El informe
Una serie de declaraciones deshilvanadas tuvieron su punto culminante la semana pasada con su amenaza de “toda una civilización morirá esta noche” sobre destruir a Irán y su ataque al papa León XIV el domingo por la noche -“DÉBIL contra el crimen y terrible para la política exterior”- han dejado a muchas personas con la impresión de un autócrata trastornado y con delirio de poder.
Los demócratas, que desde hace tiempo han puesto en duda la aptitud psicológica de Trump, hicieron una nueva serie de llamamientos para invocar la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución estadounidense y remover del poder al presidente por incapacidad. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por partidarios de izquierda, comediantes de televisión o profesionales de la salud mental, que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.
La exrepresentante Marjorie Taylor Greene, la republicana por Georgia que rompió vínculos recientemente con Trump, abogó por usar la Vigesimoquinta Enmienda y argumentó en la cadena CNN que amenazar con destruir la civilización iraní no era “retórica severa, es locura”.
Candace Owens, la personalidad de pódcasts de extrema derecha, lo llamó “lunático genocida”. Alex Jones, el teórico de la conspiración y fundador de Infowars, dijo que Trump “balbucea y parece que al cerebro no le está yendo muy bien”.
Previo a la publicación sobre eliminar a una civilización, Ty Cobb, abogado de la Casa Blanca en el primer mandato de Trump, dijo al periodista Jim Acosta que el presidente es “un hombre que está claramente delirante” y que su reciente cadena de publicaciones beligerantes en las redes sociales a medianoche “reflejan el nivel de su locura”.
Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa de Trump en la Casa Blanca, escribió en internet la semana pasada que “está claro que no está bien”.
Trump reacción con una larga y airada publicación en las redes sociales. “Tienen una cosa en común: un bajo coeficiente intelectual”, escribió Trump sobre Owens, Jones, Megyn Kelly y Tucker Carlson. “Son personas estúpidas, ellos lo saben, sus familias lo saben y todo el mundo lo sabe”. Y les regresó la acusación sobre la locura: “Son LOCOS, PROBLEMÁTICOS y dirán lo que sea necesario por algo de publicidad ‘gratis’ y barata”.
Los demócratas han insistido en este tema en los días más recientes. Trump es “una persona extremadamente enferma” (senador Chuck Schumer, por Nueva York), está “desquiciado” y “fuera de control” (representante Hakeem Jeffries, por Nueva York) o, más rotundamente, “loco de atar” (representante Ted Lieu, por California). El representante por Maryland Jamie Raskin, escribió al médico de la Casa Blanca para solicitar una evaluación, y señaló “signos consistentes con demencia y deterioro cognitivo” y rabietas “cada vez más incoherentes, volátiles, profanas, desquiciadas y amenazadoras”.
Una encuesta de Reuters/Ipsos de febrero reveló que el 61% de los estadounidenses creyó que Trump se ha vuelto más errático con la edad y solo el 45% afirmó que es “mentalmente agudo y capaz de afrontar los desafíos”, en comparación con el 54% de 2023. Casi la mitad de los estadounidenses, el 49%, consideraron que Trump era demasiado grande para ser presidente cuando se les preguntó en una encuesta de YouGov en septiembre, un aumento frente al 34% en febrero de 2024, mientras que solo el 39% dijo que no era demasiado viejo, publicó The New York Times.
























