"Él la zamarreó y la empujó": el revelador relato de la empleada doméstica que trabajaba en la casa de José Figueroa y Mercedes Kvedaras

  • En Salta, empleadas domésticas declararon ante el tribunal sobre la violencia de José Figueroa hacia Mercedes Kvedaras, confirmando agresiones físicas previas al femicidio.
  • El testimonio desarmó la imagen de normalidad del hogar. Las testigos detallaron zamarreos y empujones, exponiendo un ciclo de maltrato oculto tras una fachada de familia perfecta.
  • Estas declaraciones son determinantes para la condena por femicidio al probar antecedentes de violencia de género. El caso genera un fuerte impacto social y mediático en Salta.

FOTO LA GACETA FOTO LA GACETA
Santiago Mendieta
Por Santiago Mendieta 16 Abril 2026

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

Entre la felicidad por un título universitario que sentía al alcance de la mano y el llanto escondido en el asiento de un auto: así era la realidad que Mercedes Kvedaras enfrentaba puertas adentro. 

En una audiencia clave, las empleadas domésticas de José Figueroa y Mercedes Kvedaras declararon ante el tribunal y expusieron episodios de violencia y tensiones en la intimidad del hogar.  Sus relatos reconstruyeron una historia de tensiones invisibles y episodios de violencia física que sitúan a José Figueroa en el centro de una dinámica de control que terminó en un crimen.

La radiografía del horror: El testimonio de Rita Costilla

Rita Gabriela Costilla, quien trabajó con la familia desde 2015, brindó el testimonio más extenso. Describió un contraste marcado en la pareja en los días previos al hecho: mientras él se mostraba “como si no hubiera dormido, con los ojos rojos o hinchado”, ella atravesaba un buen momento personal. “Estaba bien, contenta... estaba por recibirse. Yo estaba feliz por ella”, recordó.

El antecedente de la "casa vieja"

Costilla también incorporó un episodio de violencia ocurrido años atrás, en la vivienda anterior de la pareja, que no había detallado en instancias previas. “Él la zamarreó y la empujó... la llevaba del brazo, nervioso”, declaró. Aseguró que la situación la sorprendió y que, desde entonces, comenzó a advertir señales de angustia en la víctima.

“La vi muchas veces llorar... a veces se quedaba sentada en el auto antes de entrar. Yo me daba cuenta de que estaba llorando”, relató. Según indicó, Kvedaras intentaba sostener una imagen de fortaleza, aunque no siempre lograba ocultar el malestar.

La testigo también mencionó indicios de una ruptura inminente: sostuvo que, en la semana previa al crimen, la mujer dormía en el cuarto de uno de sus hijos. Además, describió a Figueroa como una persona que podía ponerse “muy nerviosa” y ejercer una disciplina estricta en el ámbito familiar.

Ante los cuestionamientos de la defensa sobre por qué no había mencionado antes ciertos episodios, Costilla fue directa: “En ese momento había mucho dolor... mucha angustia. Con el tiempo, uno recuerda”. Luego, al mirar al acusado, afirmó: “Él sabe que no estoy mintiendo”.

El momento más tenso de la audiencia se produjo hacia el final de su declaración. Visiblemente afectada, Carrazano miró al acusado y lanzó un reproche directo: “Si por un segundo hubiese pensado en sus hijos, esto no hubiese pasado”. Figueroa evitó sostenerle la mirada y bajó la cabeza.

Alicia: el silencio de la rutina y un reproche desgarrador

El tribunal también escuchó a Alicia Aurora Carrazano, quien trabajó en la casa durante un año y medio. Su declaración permitió reconstruir la mañana del crimen. Señaló que la jornada comenzó con aparente normalidad, aunque detectó una primera anomalía: la ausencia del desayuno familiar. “Era raro... siempre quedaban tazas, cosas para limpiar”, explicó.

A medida que avanzó la mañana, otros elementos comenzaron a romper la rutina: la presencia de la camioneta de Figueroa y una serie de visitas inusuales. Primero, un hombre que lo buscaba; luego, la madre de Kvedaras, preocupada por no poder contactarla; y más tarde, una colega del imputado que advirtió que no se había presentado a trabajar.

La situación se esclareció recién cerca del mediodía, cuando Carrazano fue alertada por un efectivo policial.

Sobre la relación de la pareja, la testigo afirmó que no había presenciado episodios de violencia y que Figueroa “parecía buena persona”. Sin embargo, recordó haberlos visto conversando el día anterior en el quincho. Lo que entonces interpretó como una charla habitual, hoy adquiere otro sentido en el contexto del desenlace.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios