Virginia Scaro, ganadora del Bafici: “Tucumán es polémico y las películas que salen son fuertes”

  • Virginia Scaro obtuvo el premio al Mejor Corto en el Bafici con 'Yegua', filmado en Tucumán, para cuestionar conductas masculinas y la fragilidad humana ante la naturaleza.
  • La obra fue grabada en los Valles Calchaquíes e integra una serie de filmes recientes que destacan el talento local y el paisaje tucumano como motor narrativo y estético.
  • Este galardón consolida al cine tucumano en la escena nacional y resalta la importancia del apoyo estatal para producciones que retratan identidades regionales con éxito.

FILME INTENSO. Virginia Scaro retrata en “Yegua” un aspecto de la idiosincrasia de quienes habitan la montaña. FILME INTENSO. Virginia Scaro retrata en “Yegua” un aspecto de la idiosincrasia de quienes habitan la montaña.

Es de noche en Amaicha del Valle y un caballo blanco trota por el medio de una calle. La escena es apenas una parte del intenso cortometraje dirigido por la tucumana Virginia Scaro, quien ganó el premio al Mejor Corto en la reciente edición del Bafici. Más que simplemente un caballo, se trata en realidad de “Yegua”, el nombre oficial de la película que participó con éxito en ese festival. En las otras escenas, la yegua interactúa con dos personajes más interpretados por Rodolfo Moreno (también tucumano) y Augusto Dioli.

Se trata de la tercera película rodada en Tucumán que obtiene un reconocimiento importante en el último año. “Belén” (Dolores Fonzi) y “Nuestra Tierra” (Lucrecia Martel) no solo tuvieron escenas filmadas en nuestra provincia sino que contaron con actores, actrices y técnicos locales y, principalmente, se basaron en historias sucedidas en nuestra provincia. “Yegua” no está basada en hechos reales ni es un documental, pero en sus casi nueve minutos relata “una idiosincrasia difícil de resolver”, cuenta Scaro, quien respondió las preguntas de LA GACETA.

- ¿Qué creés que tiene de especial el cine tucumano, sus locaciones y sus realizadores?

- Corresponde a un universo súper particular y me alegro de que en las películas se refleje eso. Nuestras conflictividades, una ciudad pequeña pero industrial, con gran desigualdad de clases y con una naturaleza y tierra tan fértil, que es muy contradictoria. Lo tradicional y religioso, contrapuesto por corrientes experimentales-“anarquistas” hacen que tengamos voces muy auténticas. Históricamente Tucumán siempre ha tenido un arte que ha trascendido “Nuestra Tierra”. En cuanto al paisaje. tiene de todo: subtropical, la nuboselva, ese valle de Tafí y el Infiernillo, donde grabamos, todo en una misma provincia. Tenemos todos los géneros, qué decirte, hasta el western. Siempre quise hacer uno. Tucumán es polémico, esconde cosas. Las películas que salen son fuertes.

- Suelen ser muchas cosas, pero ¿qué dirías que te inspiró a hacer “Yegua”?

- Se fue construyendo bastante intuitivamente y reescribiendo en las distintas etapas de producción. Surgió de una reacción a ciertas conductas masculinas que recaen sobre miradas hacia el cuerpo femenino, que se dan por costumbre y una las va amortiguando. Sea por la geografía, la historia, el alcohol, la religión, hay algo de nuestra zona de Tucumán, que queda arrinconado en la montaña. Una idiosincrasia difícil de disolver. Así, un tanto abstracto como suena, pensé en trabajar el corto, sin que se apunte a nada en particular. Entonces como primera sensación te diría que quise trabajar sobre conductas masculinas.

- Tu protagonista está afectado por el alcohol...

- El tema del alcohol me interesa bastante. Tiene esa cosa del vagabundeo, de permitir ver “la realidad” de otra manera, cierto respiro, libertad, compañía, pero también es un alma de doble filo. Hice una investigación sonora larga sobre conversaciones entre borrachos. En todas hay momentos muy coyunturales, existenciales, de la vida de cada persona, un conflicto que queda retenido, como un eterno retorno. Antes el corto llevaba la frase “De los pueblos, destinada a encerrarse en los cuerpos”, Maldita Borrachera. Como si la borrachera se te metiera y no hubiera responsable.

- ¿Hubo una imagen disparadora?

- Buscando lugares donde grabar, en la ruta, me topé de noche con un caballo. Y esa imagen “bastante onírica” quedó en mi cabeza. Yo sabía que el guión no estaba terminado… y de repente seguí la narración con un caballo. Con el tiempo sentí que el caballo venía a devolver cierta nobleza que el hombre había perdido. Cuando grabamos haciendo raconto de los diferentes caballos con los que trabajamos, me di cuenta que todas eran yeguas, blanquita, muñeca, morita… ya no me acuerdo los nombres… y ahí se cerró el relato para mí.

- En la sinopsis aparece la idea del hombre que “se enfrenta a su propia fragilidad en la naturaleza”. Me pareció muy interesante, sin haber visto el corto. ¿Qué significa esa idea?

- Creo que el hombre (como especie) tiene esta relación en la que se cree más que la naturaleza, pero cuando queda expuesto ante la inmensidad, aparece la soledad. La fragilidad es -al fin de cuentas- la muerte. Uno de los borrachos dice esta frase tan cierta “Estamos solos, morimos solos... Dejame dormir un rato acá”. Somos una milésima parte y nos creemos mil, estamos destruyendo todo, ni que hablar de los glaciares justo ahora. Esta idea de dominación, de conquista, sigue estando y se hace presente en el corto, de manera sutil pero está todo el tiempo.

- Más allá del premio en sí, ¿qué representa para vos ganar un festival como el Bafici?

- ¡Siempre quise ser parte del Bafici, pero no entraba (ríe)! Es un reconocimiento hermoso, soy argentina y viví 18 años en Buenos Aires. ¡Me formé con el Bafici y en el festival de Mar del Plata! Valoro muchísimo los festivales argentinos, es fundamental que sigan todos los años con su edición, es fundamental un apoyo estatal y gubernamental.

- ¿Cómo es trabajar en el cine con un animal y particularmente con un caballo?

- En cine te dicen no trabajes con niños, ni animales, es de lo más difícil... No sería lo que me pasó. Me llevé de lo más bien. Estaba preparada para el fracaso total, pero pude hacer muchas más cosas de las que me imaginaba. Me llevo muy bien con los caballos, los gatos y las cabras. De chica había un caballo de los más malos, “el tuerto” que me tocaba andarlo a mi, y yo tenía una muy buena relación con él. Creo que hasta formó parte de mi carácter (ríe). En fin, cuando el caballo se deja grabar, te da una alegría porque es de una belleza inigualable,. Cuando un niño clava la mirada a cámara te vuelve loca, te llena de emoción. Yo te diría que hay un grado de “pureza”.

- Sé que hace rato te fuiste de nuestra provincia, estuviste mucho tiempo en Buenos Aires y en Uruguay, pero me gustaría saber si el corto tiene algo de Tucumán o al menos algo que te haga recuerdar...

- El corto es completamente tucumano, 100% pensado en Tucumán, grabado en Tucumán, por una tucumana que se fue y vuelve. Para mí representa una vuelta a grabar en mi ciudad natal. Los nuevos proyectos están todos ahí.

- Para los que no te conocen, ¿podrías decirnos cuáles son los directores/as que admirás o tomás de referencia?

- Hay tantos tan buenos... Es una pregunta difícil. Tuve mi época con Bela Taar, que seguramente es lo que más marca este corto. Pero me gustan muchos, la primera época de Leos Carax, Chantal Akerman, Win Wenders, Lucrecia Martel, qué decirte… Son muchos.

- Tres cortos que recomendarías sí o sí...

-He visto cosas maravillosas pero no recuerdo los nombres. De colegas nombraría “Umbra”, de la iraní Saed Jafarian, y “La Donna”, de Nicolás Dolesky. Otros cortos que se consiguen para verlos son “Fauve” de Jeremy Comte y ”Cigarettes & Coffee”, de Paul Thomas Anderson.

Trayectoria: con recorrido internacional

Virginia Scaro (Tucumán, 1985) es directora y diseñadora de sonido. Dirigió cortometrajes premiados en festivales internacionales. “Yegua” es su trabajo más reciente, con estreno en Bafici 2026. “A Simple Stone” (2021) y “Todo se calma” (2018) se exhibieron en festivales como Toronto. Actualmente desarrolla su primer largometraje, “El Dorado”. Fundó la residencia de guión Cina Cina en Uruguay.

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