Antes de la sentencia por el crimen en country, José Figueroa pidió perdón a la familia Kvedaras
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José Figueroa pidió perdón a la familia de Mercedes Kvedaras hoy en la Ciudad Judicial de Salta, antes de recibir su sentencia por el femicidio de su esposa cometido en un country.
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Tras un juicio que conmocionó a la provincia, el acusado rompió en llanto y reconoció el daño causado. La fiscalía solicitó prisión perpetua por el crimen ocurrido en el año 2023.
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La sentencia definirá si se aplica la pena máxima o se consideran atenuantes por emoción violenta. El caso marca un hito en la demanda de justicia por femicidios en la región.
FOTO LA GACETA
El aire en la Ciudad Judicial de Salta se sentía denso, cargado de una pesadumbre eléctrica que parecía inmovilizar a los presentes mientras el reloj marcaba la cuenta regresiva hacia lo inevitable. No era una mañana cualquiera; era el epílogo de un caso que mantuvo a Salta en vilo y que hoy, pasadas las ocho de la mañana, concentraba una mezcla espesa de indignación, dolor y una expectativa eléctrica. En la puerta de la sala, el murmullo de los allegados se mezclaba con el tintineo de los equipos de prensa, mientras miles de personas se agolpaban en una vigilia digital, conectados desde cada rincón de la provincia para ser testigos del desenlace.
Cuando José Figueroa ingresó al recinto, el silencio se volvió absoluto, solo roto por el roce de las esposas. Custodiado por cinco efectivos del Servicio Penitenciario, el hombre que llegó a juicio acusado de asesinar a su esposa, Mercedes Kvedaras, lucía desmoronado. Antes de sentarse, buscó el abrazo de su abogado en un gesto de desesperación y rompió en un llanto.
Con los ojos enrojecidos y frente a un Tribunal que aguardaba el cierre de los debates, Figueroa pidió la palabra. Lo que siguió fue un monólogo cargado de orfandad emocional y pedidos de sanación para una herida que él mismo abrió.
Las últimas palabras de José Figueroa
Sentado frente al Tribunal, manifestó:
"Agradezco que esté la familia Kvedaras presente para que me puedan escuchar. Decirles lo avergonzado que estoy por todo esto, cuánto lamento y cuánto siento todo esto que que le hice vivir y a mi familia también. Perdón, porque a las dos familias les ocasione mucho daño. Entiendo el dolor, entiendo el dolor de de la familia, lo vivo a ese dolor en en carne propia todos mis días. Rezo mucho, mucho por todos ustedes, por mi familia también y por Mer.
Y por último, a las tres personitas más importantes que me dio la vida, que son mi hijito. Los adoro siempre, siempre los adoré. Fueron buscados con mucho amor, siempre. Criados con todo el amor que estuvimos a nuestra disposición. Intenté brindarme al máximo con todo lo que tenía a mi disposición para ellos y para mi familia.
Le pido a Dios que todos puedan sanar, que los ayude a sanar, les ayude a quitar el odio, esta falta de entendimiento que yo tampoco entiendo. Que mis hijitos sepan que tuvieron un papá que los quiso siempre y que los quiere y que los voy a querer siempre. En mi corazón los tengo todos los días, los pienso, los extraño y me duele mucho, me duele mucho porque sé que ellos están dolidos y ojalá también puedan sanar todo.
Les escribí cartas a la familia, les escribí cartas pidiendo perdón porque este sentimiento lo tengo de siempre. Ellos eran mi familia también y nunca quise hacerles daño. Siempre fueron muy buenos, fueron mi familia. Les agradezco todo estos años. Me quedo con lo lindo siempre, siempre me quedo con lo lindo de ellos, de mi propia familia, de mis hijitos. Todo es pérdida, porque de esto, todo es pérdida.
Les agradezco mucho, especialmente a Fran y a Agus. Fran, ¿sabes por qué te voy a decir esto? Por tenerlos a los tres juntitos y darles un hogar, sé que lo están haciendo con mucho amor y mucha dedicación. Así que muchas gracias por eso y muchas gracias, señores, por escucharme".
La antesala de la justicia
Tras el descargo de Figueroa, donde la palabra "pérdida" retumbó como una sentencia anticipada, el Tribunal dio por cerrada la etapa de debate. El silencio volvió a apoderarse del recinto cuando los jueces anunciaron el paso a deliberación, extendiendo la agonía de la espera hasta las 13.
Mientras tanto, en los pasillos de la Ciudad Judicial y en las pantallas de miles de salteños, el tiempo parece haberse detenido. La ciudad aguarda ahora el golpe del martillo, con la esperanza de que el veredicto traiga, finalmente, la paz que -a decir de la familia Kvedaras- "las palabras no alcanzan a restituir".
























