La increíble historia de Pickles, el perro que encontró la Copa del Mundo robada en 1966
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El perro Pickles halló la Copa del Mundo Jules Rimet el 27 de marzo de 1966 en el sur de Londres, luego de que fuera robada de una exhibición previo al inicio del Mundial en Inglaterra.
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El trofeo desapareció de Westminster Central Hall desatando un escándalo internacional. Scotland Yard no lograba hallarlo hasta que el can lo olfateó envuelto en diarios en un arbusto.
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El hallazgo evitó un papelón histórico para el país anfitrión, que luego se consagró campeón. Pickles se volvió héroe nacional y su leyenda revive en cada previa de los mundiales.
El perro que se convirtió en héroe nacional en Inglaterra.
Un hombre paseaba a su perro por una calle tranquila del sur de Londres cuando algo llamó la atención del animal. Era la noche del 27 de marzo de 1966 y David Corbett caminaba junto a Pickles, un mestizo negro y blanco de apenas cuatro años, por los alrededores de Beulah Hill, en el barrio de Norwood. El perro tironeó de la correa y se detuvo frente a unos arbustos. Había un paquete envuelto en papel de diario, cuidadosamente acomodado entre un auto estacionado y una cerca. Corbett pensó que podía tratarse de basura abandonada. O algo peor. Inglaterra vivía días extraños y tensos: desde hacía una semana, el país entero hablaba del robo de la Copa del Mundo.
Pickles siguió olfateando con insistencia. Corbett levantó el paquete. Pesaba más de lo que imaginaba. Lo abrió apenas y alcanzó a ver una figura dorada.
En ese instante, sin saberlo, el perro acababa de resolver uno de los misterios más grandes en la historia de los Mundiales.
El día que un perro resolvió el mayor escándalo del Mundial 1966.
Todo había comenzado siete días antes, el 20 de marzo, cuando el trofeo Jules Rimet -la copa original que recibían los campeones del mundo- desapareció de una exposición organizada en Westminster Central Hall, en Londres. Inglaterra se preparaba para recibir el Mundial 1966 y la federación inglesa había decidido exhibir el trofeo como una de las grandes atracciones previas al torneo.
La seguridad parecía suficiente. O al menos eso creían todos.
Mientras se celebraba una misa en otro sector del edificio, alguien logró entrar a la muestra, romper una vitrina y llevarse la copa sin que nadie lo advirtiera. El robo desató un escándalo inmediato. No era solamente un objeto valioso: era el símbolo máximo del fútbol mundial y había desaparecido a menos de cuatro meses del inicio del torneo.
La presión sobre Scotland Yard (la policía londinense) fue enorme. La prensa británica siguió el caso como si se tratara de un thriller policial. Cada mañana aparecían nuevas hipótesis. ¿Había actuado una banda organizada? ¿La copa había salido del país? ¿Podría jugarse el Mundial sin el trofeo original?
Incluso apareció un supuesto extorsionador. Un hombre que se hacía llamar “Jackson” envió una carta exigiendo 15.000 libras a cambio de devolver la copa. La policía organizó una entrega controlada, pero el operativo terminó apenas con la detención de un pequeño delincuente que aseguraba ser sólo un intermediario. El trofeo seguía desaparecido.
Mientras tanto, el miedo al ridículo crecía en Inglaterra. El país que había inventado el fútbol no podía perder la Copa del Mundo delante de todo el planeta.
Por eso, cuando David Corbett llegó a la comisaría con el paquete encontrado por Pickles, la reacción inicial de los policías fue desconfiar de él. La historia parecía demasiado absurda para ser real: un perro callejero había encontrado la copa más buscada del mundo entre unos arbustos.
Pero era verdad.
Dentro del paquete estaba la Jules Rimet intacta.
En cuestión de horas, Pickles se convirtió en una celebridad nacional.
David Corbett y Pickles.
Los diarios publicaron su foto en portada. La televisión lo invitó a programas y eventos. Recibió una medalla especial y una provisión gratuita de alimento para perros durante años. Hasta protagonizó películas y campañas publicitarias. En un país obsesionado con el fútbol y todavía conmocionado por el robo, Pickles pasó de ser un perro desconocido a transformarse en héroe nacional.
Su dueño tampoco pudo escapar de la fama repentina. Corbett comenzó a ser reconocido por la calle y llegó a cobrar recompensas y contratos por apariciones públicas junto al animal. Durante meses, Inglaterra habló tanto de Pickles como de los futbolistas que se preparaban para el Mundial.
La historia adquirió un tono todavía más mítico el 30 de julio de 1966, cuando Inglaterra derrotó a Alemania Federal en Wembley y ganó la única Copa del Mundo de su historia. Para muchos ingleses, Pickles había salvado el torneo.
Festejos de la victoria de Inglaterra.
Porque si la copa no aparecía, el papelón internacional podía haber sido gigantesco.
Con el paso de los años, la anécdota quedó atrapada en un lugar extraño entre el deporte y la leyenda urbana. El robo jamás terminó de aclararse completamente y el autor intelectual nunca fue identificado de manera concluyente. Eso alimentó todo tipo de teorías: desde mafias dedicadas al robo de arte hasta operaciones improvisadas que se salieron de control.
Pero ninguna hipótesis logró eclipsar la imagen más poderosa de todas: un perro cualquiera encontrando la Copa del Mundo durante un paseo nocturno.
Hay algo profundamente irresistible en esa escena. Tal vez porque contradice toda lógica. Porque en medio de policías, detectives, operativos secretos y recompensas, quien resolvió el caso fue un animal guiado únicamente por el olfato.
O quizá porque el fútbol, incluso en sus momentos más solemnes, siempre deja espacio para lo inesperado.
Décadas después, la historia de Pickles sigue apareciendo cada vez que se acerca un Mundial. Sobrevive porque parece escrita para recordar que detrás del espectáculo gigantesco, los negocios millonarios y las ceremonias perfectas, el fútbol también está hecho de accidentes improbables y héroes imposibles.






















