San Martín y un problema que se repite: no logra imponer diferencias contra los equipos de abajo

  • San Martín de Tucumán perdió ante Gimnasia y Tiro, evidenciando su dificultad para vencer a equipos de la zona baja en la Primera Nacional pese a su buen nivel ante los líderes.
  • El equipo de Andrés Yllana cede puntos ante rivales de menor jerarquía por falta de claridad ofensiva y dependencia de figuras clave como Juárez y Diarte en esquemas tácticos variables.
  • La urgencia de consolidar una identidad confiable es clave para las aspiraciones de ascenso. El próximo duelo ante Atlanta pondrá a prueba la madurez táctica y emocional del plantel.

LAMENTO. Diellos queda en cuclillas mientras los futbolistas de Gimnasia y Tiro celebran el triunfo. LAMENTO. Diellos queda en cuclillas mientras los futbolistas de Gimnasia y Tiro celebran el triunfo. Fotos de Javier corbalan. Especial para la gaceta

“No hay que bajonearse, hay que aprender”. La frase de Andrés Yllana después de la derrota contra Gimnasia y Tiro no pareció una simple declaración de ocasión. Más bien sonó como una advertencia interna. Porque el problema de San Martín ya no pasa solamente por perder puntos fuera de casa o por mostrar altibajos futbolísticos. El problema más profundo es otro: al “Santo” le cuesta muchísimo imponer la lógica frente a los equipos de la zona baja. En una Primera Nacional tan pareja como cruel, esa dificultad puede terminar costando demasiado caro.

La tabla empieza a marcar una tendencia preocupante. De los equipos que hoy ocupan la parte baja de la zona B, varios ya le sacaron puntos. Patronato (10°) empató en La Ciudadela; Chacarita (14°) también rescató un punto en Tucumán; Deportivo Madryn, que en ese momento navegaba lejos de los puestos de arriba, lo incomodó durante gran parte del partido; Agropecuario (15°) directamente lo superó táctica y futbolísticamente en Carlos Casares; Gimnasia y Tiro (12°), que llegaba golpeado y en crisis, terminó festejando en Salta gracias a un San Martín demasiado contenido y cauteloso.

Ahí aparece el principal déficit del equipo de Yllana. El “Santo” suele competir mejor cuando el contexto lo obliga a elevarse. Pasó contra Nueva Chicago, pasó frente a Atlético de Rafaela y quedó todavía más claro en la gran victoria contra Gimnasia de Jujuy, líder de la zona. En esos partidos, mostró intensidad, concentración, solidaridad defensiva y hasta una personalidad mucho más marcada. El problema surge cuando debe asumir plenamente el rol de candidato.

Cada vez que tuvo enfrente a rivales necesitados, con urgencias y menos jerarquía individual, el equipo pareció jugar incómodo con esa obligación de protagonismo. Le costó asumir el control emocional de los partidos y muchas veces terminó cayendo en encuentros largos, friccionados y sin claridad. Exactamente el terreno donde los equipos de abajo suelen sentirse más cómodos.

La derrota contra Agropecuario probablemente haya sido el ejemplo más fuerte. San Martín llegaba obligado a aprovechar el empate de Gimnasia de Jujuy y a enfrentar a un rival golpeado, que transitaba una crisis futbolística. Sin embargo, nunca logró imponer condiciones. Ni el 3-4-3 inicial ni el posterior 4-3-3 funcionaron. El equipo quedó partido, sin conexiones y completamente absorbido por un rival que apenas necesitó presión e intensidad para desarmarlo. Lo más preocupante fue que San Martín terminó jugando el partido que quería Agropecuario.

¿Qué sucedió con Gimnasia y Tiro?

Algo parecido ocurrió en Salta. Gimnasia y Tiro atravesaba uno de sus peores momentos del campeonato, pero aun así el conjunto de Bolívar y Pellegrini asumió una postura demasiado pasiva. Cedió terreno, regaló protagonismo y recién reaccionó cuando el partido ya estaba completamente contaminado por el nerviosismo. El ingreso de Facundo Pons por Luca Arfaras tampoco modificó la ecuación. Las ausencias de Jorge Juárez y Lucas Diarte terminaron desarmando toda la estructura ofensiva.

Ahí también aparece otro problema de fondo: San Martín todavía depende demasiado de ciertas individualidades para sostener su funcionamiento. La ausencia de Juárez modifica por completo la dinámica de las bandas; sin Diarte, el equipo pierde profundidad; cuando Alan Cisnero no desequilibra, el ataque queda reducido a arrestos aislados.

El propio recorrido táctico explica parte de esas dificultades. Durante buena parte del torneo, Yllana fue corrigiendo sobre la marcha. Pasó del 4-2-3-1 al 3-4-1-2, luego al 3-5-2 y finalmente encontró en el 3-4-3 una estructura más estable. El problema es que, aun cuando el sistema parece más consolidado, el “Santo” todavía no logra sostener regularidad futbolística durante largos pasajes.

Contra los equipos de abajo, esa irregularidad se nota todavía más. Porque cuando el partido exige paciencia, circulación limpia y creatividad para romper bloques bajos, San Martín muchas veces se apura, se parte o termina abusando de centros y pelotazos. La superioridad teórica nunca se traduce completamente en el juego.

Lo que se viene para San Martín

Pensando en Atlanta, ahí aparece justamente el gran desafío. El “Bohemio” llega segundo, con una estructura sólida y un funcionamiento mucho más estable. No será un partido en el que el equipo de Yllana pueda ganar solamente desde el empuje emocional o desde la rebeldía individual. Necesitará jugar mejor. Necesitará sostener la intensidad, pero también encontrar pausas, asociaciones y mayor claridad para no quedar atrapado en otro partido incómodo.

La buena noticia para el cuerpo técnico es que el equipo ya demostró que puede competir contra rivales importantes. La mala es que todavía no consigue transformar esa competitividad en una identidad completamente confiable. En un torneo donde los márgenes son mínimos, aprender rápido deja de ser una frase motivacional para transformarse en una obligación urgente.

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