Franco Colapinto terminó sexto en el Gran Premio de Canadá. Es su mejor resultado histórico en Fórmula 1 y la segunda carrera consecutiva en la que suma puntos para Alpine. Después de cinco fechas, el argentino marcha undécimo en el campeonato de pilotos. Si uno mira el resultado aislado, puede llegar a parecer solo una buena tarde de carrera. Si se mira en perspectiva, es bastante más.
En 2024 Colapinto debutó en Fórmula 1 reemplazando al estadounidense Logan Sargeant en Williams. Sumó puntos en su quinta carrera, sorprendió a todo el ambiente, y después tuvo dos accidentes graves consecutivos, en Brasil y en Las Vegas, que pusieron en duda su continuidad. Para 2025 lo contrataron como piloto reserva de Alpine. Cuando finalmente lo subieron al monoplaza titular, en el Gran Premio de Emilia-Romaña, encadenó 18 carreras sin puntuar. Tuvo un accidente fuerte en la clasificación de Imola, otro en Bakú, otro en pruebas de neumáticos en Hungría. El asesor especial de Alpine, Flavio Briatore, llegó a declarar en agosto que no estaba conforme con su rendimiento. La presión fue intensa.
Conviene también ser justos con el contexto. El A525 del año pasado fue, según los propios análisis técnicos, uno de los autos más lentos de la grilla, con un déficit de tres a siete kilómetros por hora en velocidad punta respecto a sus rivales. Un piloto no corre solo. Lo hace con un equipo. Colapinto trabajó todo 2025 con su ingeniero Stuart Barlow, y ese vínculo fue clave para sostenerlo. Hay que sumar también una variable comercial. La atención que el piloto despierta en el público latinoamericano es un activo que la Fórmula 1 hace tiempo no tenía a esta escala, y que a Alpine le conviene.
Colapinto podría haber bajado el ritmo en 2025 para evitar errores y proteger su imagen. Eligió lo contrario. “Prefiero chocar yendo rápido que ir lento y no chocar”, dijo en septiembre después del accidente en Bakú. Alpine pareció compartir esa lógica. En noviembre lo confirmó como titular para 2026, antes del Gran Premio de San Pablo, donde lo esperaba una multitud de argentinos.
Cinco meses después, está sumando puntos y siendo competitivo. Es el primer compatriota en arrancar una temporada completa de Fórmula 1 desde Gastón Mazzacane en 2001 y el primero en correr tres temporadas consecutivas desde Carlos Reutemann.
Se vislumbra en este recorrido algo que excede al automovilismo. Vivimos un tiempo en el que la lógica dominante es la del resultado inmediato. Lo que hizo Colapinto va a contramano de ese clima: trabajar a la vista de todos sin resultados visibles, equivocarse en público y volver al día siguiente. Ver a un joven de 22 años atravesar un año entero de frustración, errores propios y críticas externas, y regresar a la pista con la misma decisión, es una lección que conviene no perder de vista. No todo depende de él. Tiene un mejor auto, un equipo que apostó por él, un contexto que lo ayuda, pero adentro del monoplaza conduce solo. Eso, en cualquier disciplina y a cualquier edad, se llama constancia: una virtud que el deporte argentino, y la vida en general, necesitan ver más seguido.













