06 Junio 2004
Una de las escuelas filosóficas de la India declara que el presente es irreal. Que sólo son reales el pasado y el porvenir. Y Jorge Luis Borges lo ilustra de manera bastante práctica. "El fruto está por caer de la rama o ya está en el suelo. Pero no hay un presente en el que cae", dice. Semejante perplejidad no es ajena a los procedimientos actuales de la crónica, ese género que ayuda al periodismo a escapar de su dramática inmediatez. De hecho, una crónica casi siempre se desarrolla en el pasado. Tal vez por eso sea tan real. Sin embargo, en su libro "Larga distancia" -que se ha convertido en un clásico del género y que Seix Barral acaba de reeditar-, Martín Caparrós pretende asir el inasible instante en el que el fruto cae de la rama. Y en cierta forma lo consigue.
"Larga distancia" es un libro que abrió caminos y cambió el modo de pensar las relaciones entre periodismo y literatura. En sus relatos Caparrós utiliza y combina los géneros de un modo potente y su prosa transforma cada viaje en una experiencia única. De manera ágil y original, el autor no sólo saca a relucir todo su estilo (que en algunos momentos se vuelve muy emotivo y en otros muy crítico), sino que también se anima a trazar de manera delicada, pero firme, las vidas que pueblan los distintos relatos. Tal vez el ejemplo máximo de agudeza y acidez sea la primera de las crónicas del libro, "El espíritu del capital", escrita en 1992. Allí habla del capitalismo voraz de Hong Kong durante los años de dominación británica. Su relato pone el acento en la naturaleza artificial, mórbida, materialista y estéril que domina a la colonia.En un pasaje escribe, referido a los chinos: "...pero deben ser chinos porque ahora, en esta plaza de hormigón armado de quince por quince, tres hombres enseñan a volar y a cantar a un par de pajaritos de colores. Los pajaritos sólo quieren volver a su jaula de madera y el dueño, claramente ofuscado, se encarniza con el verde: lo agarra con una mano y corre, aleteando, como quien predica con el ejemplo. Pero el pájaro también es chino, la mano le parece muy bien y no la abandona. Son chinos: dentro de cinco años, ya no tendrán más chances de abandonar la mano". Todo un mensaje para estos tiempos.Porteño de nacimiento, Caparrós comenzó su carrera periodística en el desaparecido diario "Noticias", en 1973. Sin embargo, entre 1976 y 1983 vivió el exilio en París (donde se licenció en Historia en la Sorbona) y en Madrid. Hizo periodismo deportivo, cultural, gastronómico, político y policial en prensa gráfica, radial y televisiva. Sus artículos aparecen en diversos medios de América y de Europa. Dirigió los mensuarios "El Porteño", "Babel", "Página/30", "Sal y Pimienta" y "Cuisine & Vins". Pero también publicó una decena de novelas, libros de viajes y ensayos, entre los que se destacan "No velarás a tus muertos" (novela, 1986) y "La historia" (novela, 1999).
Sin embargo, es en "Larga distancia" donde Caparrós despliega todo su arte. Los relatos de viaje reunidos en este volumen, por ejemplo, son fruto de ese placer que consiste en hacer de la mirada pretendidamente neutra del reportero un ojo caprichoso. Esto hace que, además, la mirada de Caparrós sea contagiosa. El influjo que ejerció sobre su generación y las ulteriores no se reduce, como en el caso de otros, a una serie de hábitos sintácticos o a la repetición u obsesión de determinadas palabras. Es más bien un mandato de sentir, de entender y de expresar con claridad lo observado o lo soñado. Ya sea que se trate de las luchas de los cocaleros bolivianos o las guerrillas peruanas, los recorridos por Pekín, Shanghai y Hong Kong, la decadencia de Moscú o los complicados lazos entre religión y poder en Haití.
Pero el mayor hallazgo de este libro -que le valió al autor el premio Rey de España al periodismo- quizá sea lo que con magnífica visión sintetiza Tomás Eloy Martínez en el prólogo. "Tres cualidades saltan a primera lectura: la belleza de una escritura que desconfía de la belleza, la ternura con que el autor se relaciona con sus personajes, la ironía con que se distancia de ellos para no falsear el relato. Aunque, como se advierte en la primera página, los textos de Larga distancia fueron en una primera versión artículos periodísticos, la inmediatez -que es una de las condiciones madre del periodismo- se ha esfumado del libro. En cada línea hay, ahora, el tatuaje de lo permanente". (c) LA GACETA
"Larga distancia" es un libro que abrió caminos y cambió el modo de pensar las relaciones entre periodismo y literatura. En sus relatos Caparrós utiliza y combina los géneros de un modo potente y su prosa transforma cada viaje en una experiencia única. De manera ágil y original, el autor no sólo saca a relucir todo su estilo (que en algunos momentos se vuelve muy emotivo y en otros muy crítico), sino que también se anima a trazar de manera delicada, pero firme, las vidas que pueblan los distintos relatos. Tal vez el ejemplo máximo de agudeza y acidez sea la primera de las crónicas del libro, "El espíritu del capital", escrita en 1992. Allí habla del capitalismo voraz de Hong Kong durante los años de dominación británica. Su relato pone el acento en la naturaleza artificial, mórbida, materialista y estéril que domina a la colonia.En un pasaje escribe, referido a los chinos: "...pero deben ser chinos porque ahora, en esta plaza de hormigón armado de quince por quince, tres hombres enseñan a volar y a cantar a un par de pajaritos de colores. Los pajaritos sólo quieren volver a su jaula de madera y el dueño, claramente ofuscado, se encarniza con el verde: lo agarra con una mano y corre, aleteando, como quien predica con el ejemplo. Pero el pájaro también es chino, la mano le parece muy bien y no la abandona. Son chinos: dentro de cinco años, ya no tendrán más chances de abandonar la mano". Todo un mensaje para estos tiempos.Porteño de nacimiento, Caparrós comenzó su carrera periodística en el desaparecido diario "Noticias", en 1973. Sin embargo, entre 1976 y 1983 vivió el exilio en París (donde se licenció en Historia en la Sorbona) y en Madrid. Hizo periodismo deportivo, cultural, gastronómico, político y policial en prensa gráfica, radial y televisiva. Sus artículos aparecen en diversos medios de América y de Europa. Dirigió los mensuarios "El Porteño", "Babel", "Página/30", "Sal y Pimienta" y "Cuisine & Vins". Pero también publicó una decena de novelas, libros de viajes y ensayos, entre los que se destacan "No velarás a tus muertos" (novela, 1986) y "La historia" (novela, 1999).
Sin embargo, es en "Larga distancia" donde Caparrós despliega todo su arte. Los relatos de viaje reunidos en este volumen, por ejemplo, son fruto de ese placer que consiste en hacer de la mirada pretendidamente neutra del reportero un ojo caprichoso. Esto hace que, además, la mirada de Caparrós sea contagiosa. El influjo que ejerció sobre su generación y las ulteriores no se reduce, como en el caso de otros, a una serie de hábitos sintácticos o a la repetición u obsesión de determinadas palabras. Es más bien un mandato de sentir, de entender y de expresar con claridad lo observado o lo soñado. Ya sea que se trate de las luchas de los cocaleros bolivianos o las guerrillas peruanas, los recorridos por Pekín, Shanghai y Hong Kong, la decadencia de Moscú o los complicados lazos entre religión y poder en Haití.
Pero el mayor hallazgo de este libro -que le valió al autor el premio Rey de España al periodismo- quizá sea lo que con magnífica visión sintetiza Tomás Eloy Martínez en el prólogo. "Tres cualidades saltan a primera lectura: la belleza de una escritura que desconfía de la belleza, la ternura con que el autor se relaciona con sus personajes, la ironía con que se distancia de ellos para no falsear el relato. Aunque, como se advierte en la primera página, los textos de Larga distancia fueron en una primera versión artículos periodísticos, la inmediatez -que es una de las condiciones madre del periodismo- se ha esfumado del libro. En cada línea hay, ahora, el tatuaje de lo permanente". (c) LA GACETA















