06 Junio 2004
Un bello poema de Hanni Ossot citado en este libro, "El trayecto de un lugar a otro no significa una extensión sino el proyecto de un interrumpido deshacerse", resume el espíritu de una investigación donde su autora (Doctora en Letras, docente en la UNT e investigadora del CONICET) comienza relatando la historia de una doble relación: con la obra de Jorge Luis Borges y con la de Carlos Fuentes. Pero una relación que se plantea no de forma separada, sino mucho más fructífera: por la cercanía y la distancia que se pueden observar en ambos autores y en los programas literarios que cada uno representa. Estos dos nombres son el motivo, el disparador, para una indagación rica y fecunda sobre los alcances y los límites de dos poéticas representativas de nuestro continente.
Los conceptos de territorio y país son utilizados por Carmen Perilli para indicar los inicios de su búsqueda: "Países de la memoria y el deseo reúne los frutos de una labor de lecturas condicionadas por mi historia vivida desde mi lugar de memoria: Tucumán". Por eso en este libro es necesario hablar de una lectura crítica situada y, por lo tanto, consciente de las condiciones históricas e intelectuales en que surgen los marcos interpretativos. En sus páginas se exponen diferentes tópicos de ambas obras, pero para atenernos a los límites de una reseña vamos a destacar el que consideramos principal. En Borges la literatura es el escenario que dibuja una biografía donde se percibe el conflicto entre intimidad y literatura. Pero además de los textos es su misma figura la que aparece como sede de un conflicto mayor: el de ser escritor y argentino. Un problema que el autor de Ficciones resuelve tomando una actitud un tanto irreverente: desde el margen en que se encuentra, trabajará para ocupar el centro mismo de la cultura de Occidente. ¿Cómo hace para alcanzar dicho resultado?
Transgrede las convenciones de la historia literaria, subvierte y usa de forma propia esos mismos textos para operar sobre "la red de significantes del código maestro de la cultura". Si el patrimonio de la tradición argentina proviene, en gran parte, de toda la cultura occidental, Borges, con un gesto que revela la construcción de un nuevo pasaje (con el recorte y la selección de los elementos que él desea hacer de la biblioteca), se convierte en guardián y hacedor de esos mundos de papel que arman y desarman el mapa de lo real. Por el contrario, en la obra del mexicano Carlos Fuentes se puede leer una actitud radicalmente opuesta. Una figura que se postula como escritor de una nación y se asienta en la fe de que su trabajo puede hacer de mediador en la construcción de una empresa nacional y continental (entroncando, de alguna manera, con el ejemplo de intelectual comprometido que preconizaba Sartre). Si Borges encuentra en el criollismo una coartada para pensar el tema de la identidad, Fuentes, en su condición de mexicano, apelará a la idea del mestizaje: un hispanismo original que vincule a América y España de forma diferente.
La autora sostiene que son muchos los diálogos que se pueden establecer entre ambos autores, como el uso de las metáforas y, principalmente, la del espejo. Pero en lo que más insiste es en las diferencias: mientras "uno se propone dibujar el mapa del mundo, en última instancia el de su propio rostro, el otro intenta ocupar el lugar de Cervantes". Fuentes se sostiene en el deseo de la novela como texto totalizante con la capacidad "de catalogarlo todo" ("la condición es escribirlo todo para obtener algo, la parcela de realidad que nos corresponde vivir", dice Fuentes). Pero, en definitiva, el carácter proteico de la novela y la convicción de que puede ser instrumento para afianzar la continuidad cultural de una sociedad, se le terminaría volviendo en contra. El escritor se perderá en el mapa creado por él mismo.(c) LA GACETA
Los conceptos de territorio y país son utilizados por Carmen Perilli para indicar los inicios de su búsqueda: "Países de la memoria y el deseo reúne los frutos de una labor de lecturas condicionadas por mi historia vivida desde mi lugar de memoria: Tucumán". Por eso en este libro es necesario hablar de una lectura crítica situada y, por lo tanto, consciente de las condiciones históricas e intelectuales en que surgen los marcos interpretativos. En sus páginas se exponen diferentes tópicos de ambas obras, pero para atenernos a los límites de una reseña vamos a destacar el que consideramos principal. En Borges la literatura es el escenario que dibuja una biografía donde se percibe el conflicto entre intimidad y literatura. Pero además de los textos es su misma figura la que aparece como sede de un conflicto mayor: el de ser escritor y argentino. Un problema que el autor de Ficciones resuelve tomando una actitud un tanto irreverente: desde el margen en que se encuentra, trabajará para ocupar el centro mismo de la cultura de Occidente. ¿Cómo hace para alcanzar dicho resultado?
Transgrede las convenciones de la historia literaria, subvierte y usa de forma propia esos mismos textos para operar sobre "la red de significantes del código maestro de la cultura". Si el patrimonio de la tradición argentina proviene, en gran parte, de toda la cultura occidental, Borges, con un gesto que revela la construcción de un nuevo pasaje (con el recorte y la selección de los elementos que él desea hacer de la biblioteca), se convierte en guardián y hacedor de esos mundos de papel que arman y desarman el mapa de lo real. Por el contrario, en la obra del mexicano Carlos Fuentes se puede leer una actitud radicalmente opuesta. Una figura que se postula como escritor de una nación y se asienta en la fe de que su trabajo puede hacer de mediador en la construcción de una empresa nacional y continental (entroncando, de alguna manera, con el ejemplo de intelectual comprometido que preconizaba Sartre). Si Borges encuentra en el criollismo una coartada para pensar el tema de la identidad, Fuentes, en su condición de mexicano, apelará a la idea del mestizaje: un hispanismo original que vincule a América y España de forma diferente.
La autora sostiene que son muchos los diálogos que se pueden establecer entre ambos autores, como el uso de las metáforas y, principalmente, la del espejo. Pero en lo que más insiste es en las diferencias: mientras "uno se propone dibujar el mapa del mundo, en última instancia el de su propio rostro, el otro intenta ocupar el lugar de Cervantes". Fuentes se sostiene en el deseo de la novela como texto totalizante con la capacidad "de catalogarlo todo" ("la condición es escribirlo todo para obtener algo, la parcela de realidad que nos corresponde vivir", dice Fuentes). Pero, en definitiva, el carácter proteico de la novela y la convicción de que puede ser instrumento para afianzar la continuidad cultural de una sociedad, se le terminaría volviendo en contra. El escritor se perderá en el mapa creado por él mismo.(c) LA GACETA















