Vivir, sentir y respirar como uno más en la fiesta

Dos chicas cruzan plaza Savassi con una botella de vodka, marca Orloff. Queda menos de la mitad. Pasa un costarricense y le acaricia la mejilla a la rubia. Ella gira, se le prende de la camisa y le estampa un poderoso beso. El “tico” queda shockeado. “Regalo da Copa”, le explica la rubia, y apura otro trago. No es la previa de una noche en el boliche; son las cuatro de la tarde y en un rato juegan Brasil-Camerún. De la fiesta de la disco a la fiesta del fútbol.

Los ingleses coparon el McDonald’s y los brasileños abarrotan una de las peatonales. A una hora del partido es imposible penetrar el tsunami humano que deglute las pantallas. Los que llegaron al mediodía se aseguraron las sillas y el servicio de bar; el resto se amontona como puede. Los garotos van de ojotas, el calzado oficial de Minas Gerais. Las meninas están hiperproducidas.

Hasta se ven tops de lentejuelas con la bandera de Brasil. En los puestos de “Economía solidaria” se venden desde minions con la camiseta de Neymar hasta artesanías. La Policía Militar vigila como si de una manifestación antigobierno se tratara.

LA GACETA consiguió una invitación para Savassi Cultural, una fiesta privada en pleno centro de Belo Horizonte. El plan es ver el juego en una pantalla gigante y quedarse hasta tarde, porque al escenario subirá el grupo Cidade Negra y van a sambar hasta los canteros. Es una cuadra cortada en las esquinas por un muro de vallas y agentes de seguridad. Para pasar se necesita una bendita pulserita, que puede ser verde o roja. Si es roja el poseedor puede sentirse poseedor del Santo Grial: le corresponde cerveza libre.

Las garotas lucen antenitas de vinil como las del Chapulín Colorado, pero con banderitas brasileñas en los extremos. Los patrocinadores principales son Brahma, omnipresente en el Mundial, y GVT, proveedor de internet que ofrece wi-fi gratis a los invitados. El problema es que no hay conexión. Una rubia sobrenatural whatsapea con cara de aburrida sobre uno de los puffs del stand. Seguramente le gustaría estar en el balcón de Atelié Lounge, el más VIP de los VIPs. Allí se puede comer, tomar y ver el partido como en el living de casa.

Las brochettes de pollo frito y la Brahma más helada se venden en un combo por 15 reales (alrededor de $ 50). En un espacio gourmet ofrecen ensaladas y preparados de arroz con pescado. Son 20 los baños químicos instalados sobre una de las veredas.

Los negocios de la cuadra cerraron temprano, a las 14, previendo que el fiestón invadiría cada rincón. No se equivocaron, porque a medida que se acerca el pitazo inicial el espacio va reduciéndose al máximo. Cuando Neymar marque el primer gol casi no habrá lugar para moverse.

Los noteros de programas fashion van y vienen, buscando caras famosas o al menos divertidas. Eligen a un grandote de gorro rastafari y se hacen el plato con su imitación de Hulk, el más criticado de los jugadores del pentacampeón. En el escenario está DJ Cubanito, concentrado en su laptop y disparando remixes, pero cuesta agitar a la torcida, así que Cubanito va a lo seguro y larga los hits de samba que todos conocen.

Ahora sí que se encendió la Arena Savassi. Hay tantas ganas de bailar que las chicas se mueven hasta al compás del himno de Camerún. Arde la tarde.

Es notoria la cantidad de gente que se quedó afuera. Miran lo que pasa desde atrás de las vallas. Tienen puesta la camiseta de Brasil, al igual que el 90% de los asistentes a la fiesta. Todo lo que no sea amarillo o verde se analiza con sospecha. En el piso, esperando que los equipos salgan al campo, casi indiferente a semejante movida, está Janaina da Mata.

“¿Tucumán? Conozco, fui hace muchos años, cuando hice una recorrida a dedo por el norte argentino” revela. Janaina se saca una foto con Santiago Sánchez, portador de la única camiseta argentina en Arena Savassi, y después extrae del bolso una mandarina del tamaño de un melón. Convida una tajada. No está tan dulce como esas que se saborean a la siesta en el parque 9 de Julio.

¡Empezó el partido! Relata Galvao Bueno, de la red Globo, un personaje chauvinista al estilo de Marcelo Araujo, muy poco querido. Al menos en Belo Horizonte. Entre los goles de Neymar se produjo el empate parcial de Camerún y llovieron las críticas sobre Dani Alves. Los hinchas quieren a Maicon en el lateral derecho y le reclaman a Scolari que mande al banco a Paulinho, a Fred y a Hulk. Fred les tapa la boca con su conquista de cabeza, pero el DT es consciente de que Brasil no tiene equilibrio en la media cancha y le da ingreso a Fernandinho. Un pleno del entrenador.

Neymar se agiganta, tira lujos, ensaya -sin éxito- una bicicleta. La torcida lo adora, y cuando Scolari lo saca, temiendo una amonestación que lo hubiera dejado al margen de los octavos de final, se escuchan alaridos histéricos.

A continuación, un lapso de incertidumbre a medida que los goles de México plantean una amenaza: ¿y si la “verdeamarelha” queda segunda en la zona? Adiós al partido del sábado en el Mineirao. Por suerte Fernandinho emboca el cuarto gol y chau dudas. Brasil será local en Belo Horizonte el fin de semana.

La brisa es tan suave que las ramas apenas se mueven. La temperatura es ideal, en la noche mineira y en las latas de cerveza. Cálida por un lado, gélidas por el otro. Como debe ser. ¿Con honestidad? Dan ganas de quedarse a vivir en Arena Savassi. Quién sabe, si todos los Mundiales se disputaran en Brasil…

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