Ni fervor patrio ni político

El ¿festejo? por el 9 de Julio fue frío, aburrido, deslucido, inconveniente, exclusivo e incómodo. Fue frío porque no hubo ni siquiera un atisbo de fervor patrio o de emoción popular o de entusiasmo político. Fue aburrido porque no hubo incentivo para que haya tucumanos que quisieran ser parte de las celebraciones de motu proprio: sólo los “movilizados” con dinero o con compromisos políticos llegaron a la plaza; ni hubo espectáculos, como en otras ocasiones. Fue deslucido porque no vino la Presidenta, que cuestionamientos, avales o rechazos al margen, es la jefa de Estado: al menos con sus discursos filosos o arranques inesperados otros años supo reemplazar “lo patrio” con “lo político”. Fue inconveniente porque nadie quería aparecer en la foto con Boudou, el hombre “mala palabra” investigado por la Justicia: ello obligó al oficialismo local a realizar un esfuerzo extra para sumar gente en la plaza y dirigentes en las gradas. Fue exclusivo porque, otra vez, los acomodados políticos, sus punteros y sus seguidores fueron los únicos que pudieron estar en la plaza o en el teatro. Fue incómodo porque Alperovich debió cruzarse con Amaya, Amaya tuvo que blanquear su pelea interna al no movilizar y ambos tuvieron que bancarse el palco con Boudou, y la presencia de la mayoría de los dirigentes opositores nacionales de fuste en Tucumán. Nadie disfrutó del peor acto patrio de era kirchnerista-alperovichista.

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