La cárcel de 1880 a 1916

Minuciosa y bien documentada investigación.

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La historia del sistema penitenciario de Tucumán es tema prácticamente virgen. El profesor y licenciado Luis González Alvo resolvió hincarle el diente, con una sólida búsqueda. El resultado es el libro “Modernizar el castigo. La construcción del régimen penitenciario en Tucumán, 1880-1916”, aparecido hace algunos meses bajo el sello Prohistoria Ediciones. Merece leerse.

Se abre con una prolija introducción, a la que siguen ocho capítulos, todos asentados en la detenida investigación cuyas fuentes se consignan. Trata los aspectos políticos, económicos y culturales de Tucumán, en el tramo tendido entre el “despegue azucarero” y el Centenario. Examina el marco de normas; la criminología tucumana (con sus juristas, estadísticas y la visita de Enrico Ferri). Luego, la construcción de la Cárcel (que se desplegaba sobre 25 de Mayo, avenida Sarmiento y Muñecas); la administración penitenciaria; los hombres de la Cárcel (personal, procesados, penados e “indeseados”); la vida cotidiana en el penal (ingreso, condiciones de vida, empleo del tiempo, visita de los jueces) y, finalmente, la salida de la prisión.

Entre muchas otras conclusiones, González Alvo expresa que entre 1880 y 1916 “se creó la estructura del sistema penitenciario, y la dinámica de funcionamiento que adquirió determinaría su evolución a lo largo del siglo XX”. A su juicio, el actual penal de Villa Urquiza sólo puede entenderse conociendo aquellas tres décadas iniciales. Las marcas de la vieja Cárcel céntrica, sus “pecados originales”, sostiene, no han desaparecido hasta hoy. “Con leer las constantes denuncias en los periódicos del crónico hacinamiento, el ingreso de drogas, los malos tratos, etcétera, uno puede hacerse una idea al respecto”.

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