¿Cómo manejar las finanzas personales en tiempos de crisis?

Por Regina Martínez Riekes - Economista y asesora financiera de Occilis.

¿Cómo manejar las finanzas personales en tiempos de crisis?
07 Octubre 2018

¿En qué invierto mis ahorros? ¿Renuevo mi plazo fijo a esa tasa aunque pierda con la inflación? ¿Los dólares son una buena inversión? ¿Saco un préstamo para pagar mi tarjeta de crédito? ¿Cambio el auto por uno nuevo o por un usado? ¿Me conviene arrancar con este emprendimiento?

¿Me endeudo para comprar una casa o sigo alquilando? ¿Hago la compra del mes en el supermercado o compro lo necesario de a poco en la despensa del barrio?... ¿Llego a fin de mes?

La incertidumbre respecto del futuro que enmarca toda decisión financiera hace que estas sean muy complejas. Con el fin de evitar errores comunes, y gracias a los aportes que la psicología y sociología han hecho a la economía, puede decirse que los seres humanos estamos lejos de ser racionales y, muchas veces, nuestras decisiones están influenciadas por sesgos, juicios, emociones, aversión a la pérdida, y deseo de gratificación inmediata que, a menudo, atenta contra la previsión y el ordenamiento de las cuentas personales.

Si bien muchos señalan a las crisis como oportunidades, para los argentinos la sola mención de la palabra nos trae catastróficos recuerdos y nos lleva a ajustar los cinturones. La primera verdad que sale a la luz con esta crisis que hoy estamos viviendo, es la de asumir que, desgraciadamente, los argentinos hemos perdido poder adquisitivo. Con el propósito de aminorar el impacto en nuestros bolsillos sugerimos las siguientes acciones.

> El ahorro
Actúa como un amortiguador

Ahorrar no es más que otra forma de ver el consumo, ya que se resigna consumo presente para realizarlo en el futuro. Por lo tanto, ese ahorro hace referencia a un esfuerzo presente, en pos de un objetivo futuro variado: vacaciones, un auto, una casa o el retiro profesional por ejemplo. Para aminorar el impacto de la crisis resulta fundamental tener algo de fondos, ya que ayudan a “suavizar” los consumos. Un bajo nivel de ahorro está altamente correlacionado con la impaciencia. Las emociones y el deseo de gratificación inmediata (sesgo del presente) actúan en contra de la previsión. En este sentido sirve bastante visualizar un objetivo y tener disciplina (ejemplo: separar un porcentaje fijo de los ingresos), ya que ello facilita la decisión de posponer este consumo actual. Tener recursos atesorados pero no productivos, por lo general, implica un costo de mantenerlos, lo que podría incluso significar que se termina con menos fondos que los iniciales, debido a ese costo de mantenimiento. Lo ideal, es que ese ahorro, con algo de información y asesoramiento, se transforme en una inversión: es decir, que aumente el capital. La opción de inversión dependerá por supuesto del objetivo: no es lo mismo ahorrar para las vacaciones de fines de año que para el retiro profesional; de ello dependerá el instrumento adecuado. En este punto, la gran mayoría de los argentinos analizan al dólar como inversión por lo que es importante aclarar que la compra de esa divisa como atesoramiento opera como un instrumento de protección, es decir como un seguro y cobertura contra la pérdida adquisitiva de la moneda local; pero no es un instrumento de inversión, al no permitir incrementar el capital. Resulta conveniente en función del perfil del individuo y su flujo proyectado de gastos, armar un portafolio de inversiones que cubra contra la inflación e incremente su patrimonio en el tiempo.  

> Planificación
Priorizar los consumos

En tiempos de crisis resulta clave tener una buena planificación financiera, es decir, un ordenamiento de las entradas y salidas de dinero. Uno no puede controlar y mejorar aquello que no conoce, por lo cual la primera recomendación es armar un presupuesto. Incluso existen distintos programas y aplicaciones gratuitos que contribuyen a ello. En este presupuesto, se recomienda distinguir entre gastos imprescindibles (alimentación, educación, vivienda) y superfluos (recreación, vestimenta, etc) y dentro de estos a su vez, diferenciar entre cuáles son gastos fijos (por ejemplo la cuota de la prepaga o del colegio) y gastos variables (algún tratamiento puntual de salud, fiesta de cumpleaños, etc). Este es el primer paso para recortar gastos que podemos evitar o bien reemplazarlos por algunos sustitutos, como por ejemplo, salir a andar en bicicleta o a correr y suspender la cuota del gimnasio. La anualización de estos gastos contribuye a cuantificar la real magnitud de los mismos. Por caso, un consumidor de cigarrillos de un paquete diario gasta $ 70 al día, lo que equivale a $ 26.500 al año.
Al hablar de un ordenamiento de las finanzas personales, hay que analizar las compras impulsivas, donde muchas veces se suele adquirir algo que no se necesita debido a la sensación de oportunidad percibida y muy bien aprovechada por el marketing. Es así como las ofertas, reintegros o promociones llevan a que seamos acumuladores de infinidad de productos innecesarios que terminan llenando despensas, alacenas, cajones y armarios.  Perfiles como estos, deberían evitar caer nuevamente en la tentación y, así, comprar solo lo necesario en el almacén de barrio antes que volver con un carrito lleno de “gangas” del hipermercado.

> Los descuentos
Consumo inteligente

“Hay que caminar señora”, decía la famosa Lita de Lazzari. Para poder hacer un consumo inteligente, hay que comparar las opciones y elegir aquella en la que el costo total sea más conveniente. Internet suele ser una gran aliada, siempre y cuando se considere el costo total de la compra, es decir el costo de la mercadería + transporte que suele ser elevado en Tucumán. Otra forma de consumo  inteligente es usar todo tipo de descuento posible, que ofrecen las tarjetas de crédito o programas de fidelización que suelen tener determinadas marcas. Asimismo, es momento de informarse sobre las “segundas marcas”, que en muchos casos solo reflejan estrategias de marketing, con productos de idéntica calidad. También analizar si las compras por cantidad ofrecen mejor precio que por unidad.

> Endeudarse
Una alternativa

Para comenzar a invertir es necesario tener ahorros y para comenzar a ahorrar es importante no tener deudas. En la mayoría de los casos, las tasas “activas” (aquellas que cobran los bancos por los préstamos que otorgan) suelen ser mayores que las “pasivas”, es decir las tasas que percibe cualquier inversor. Esto resulta lógico ya que justamente ese es el negocio de los bancos: Pagar a los ahorristas una tasa menor por un dinero que luego prestarán a una tasa mayor a los acreedores y es lo que en la jerga se conoce como “spread de tasas”.  
Pero no solamente quien toma un préstamo tiene una deuda; también quien, por ejemplo, hace compras financiadas por tarjeta de crédito. En tiempos de crisis, las tarjetas suelen ser grandes aliadas, ya que permiten diferir los pagos de consumos presentes y, en muchos casos, quienes no tienen disciplina se ven envueltos en voluminosos resúmenes del que solo pueden pagar el “cargo mínimo”. Este es uno de los principales errores, ya que las tasas que aplican los que financian el consumo, debido al riesgo inherente que enfrentan, suelen ser altísimas. En cualquier compra que esté financiada, uno debe analizar la letra chica del contrato. El Costo Financiero Total (CFT), que incluye comisiones y recargos que pueden llevar lo que inicialmente parecía un buen negocio a una tasa a niveles hoy del 100% anual. Finalmente, contrario a la creencia clásica, las nuevas teorías sugieren que los humanos somos “seres emocionales que aprendimos a pensar”, y de hecho la estructura de nuestro cerebro así lo avala. Comprender esto nos ayudará a evitar que nuestro cerebro, vago y perezoso, caiga en errores y engaños que el marketing suele ser muy hábil en aprovechar.

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