ATENCIÓN. Ancianos de la comunidad Galileia son sometidos a testeos.
PORTEL, Brasil.- Después de varios días con problemas para respirar, Andrelina Bizerra da Silva, de 49 años, se desmayó de repente. Su familia, agricultores de acai en un brazo del río Amazonas, la puso en un bote con motor fuera de borda y fue por el río Acuti Pereira a la clínica más cercana, en la ciudad de Portel.
Sin tests para confirmar o instalaciones para tratarla si diera positivo, la familia fue enviada río abajo, al hospital más cercano, en la ciudad de Breves. Llegaron seis horas después, cuando Andrelina ya había muerto. Su sobrino Felipe Costa Silva, tuvo que regresar a su pueblo llevando el ataúd en el mismo bote.
ATENCIÓN. Ancianos de la comunidad Galileia son sometidos a testeos.
Brasil superó el millón de casos y casi 54.000 muertos por la enfermedad. Las ciudades de Belem y Macapa, en la boca del Amazonas, surgieron como puntos críticos de coronavirus en abril y mayo. Desde entonces, se extendió a zonas rurales cercanas, donde los profesionales médicos libran una batalla desigual.
Cerca de la isla de Marajo, que divide el Amazonas a medida que el río se acerca al Océano Atlántico, en asentamientos construidos sobre pilotes, la mayoría de los hogares sobreviven de la pesca y la cosecha de frutas locales y ganan unos pocos dólares al día.
El distanciamiento es casi imposible en chozas de madera una al lado de la otra.
ALERTA. Los enterradores usan trajes protectores en la ciudad de Breves.
El coronavirus ha echado raíces allí. Las infecciones se identifican y tratan tarde, cuando los pacientes tienen pocas probabilidades de sobrevivir, pero los profesionales de la salud tratan de revertir esto, hacen visitas a domicilio y transportan pacientes en barco. “Es bastante complicado debido a la dificultad de acceso”, dijo el médico Alex Glaison, después de tratar a un paciente en su hogar junto al río. “Lo que nos mantiene en marcha es obtener resultados”. (Reuters)















