El 17 de agosto de 1850 se conmemora el fallecimiento del General José de San Martín. Yapeyú, un pueblo situado en la actual provincia de Corrientes, había formado parte de las misiones indígenas guaraníes que controlaban los padres jesuitas. Estos últimos fueron reemplazados por funcionarios coloniales. Y en representación del Estado español, en Yapeyú, fue mandado un tal Juan de San Martín. Y un 25 de febrero de 1778 nació su hijo, a quien bautizó con el nombre de José Francisco de San Martín. He aquí una curiosa ironía o contradicción del destino: en un rincón perdido del mundo hispánico o español, un defensor leal del imperio había engendrado a su contrario, es decir al que iba a terminar con el dominio español. Y es así que Juan San Martín aceptó ser teniente gobernador de Yapeyú. Más tarde, llegó a su fin el servicio militar en América, y los San Martín retornaron a España. De esta manera, el pequeño José, de cinco años, dejó su Yapeyú natal para ir a su nueva patria, a la que sería fiel durante 30 años. En España, sus padres tuvieron que hacer grandes esfuerzos para educar y mantener a sus hijos. Dada la mala situación económica de la familia San Martín, su papá tomó la decisión de que José ingresara al ejército. Esto no generó resentimientos en José, quien no permitió que las dificultades de la vida impidieran su carrera militar. Siendo muy joven tuvo su primera experiencia militar en el norte de África (ya que España tenía fortificaciones en Marruecos, Argelia, etcétera). Y más tarde tuvo que enfrentar un desafío más serio: fue parte de la invasión del ejército español en el sureste de Francia. El contacto de los franceses en la península lo hizo conocer la cultura francesa, los libros y la literatura de la revolución francesa. Pero San Martín tendría noticias de un nuevo golpe al imperio español: en 1806-1807, los ingleses mandaron una flota (hecho conocido como las invasiones inglesas) donde el pueblo de Buenos Aires los derrotó mediante un levantamiento popular. La derrota inglesa lo llevó a realizar algunas conclusiones: fueron los criollos, no España, quienes se encargaron de defender la colonia. También San Martín observó críticamente la decadencia española: si los invasores franceses cortaron los lazos entre la metrópoli española y sus colonias, produciendo una crisis de autoridad: ¿Quién gobernaba en América? ¿A quién había que obedecer? Entonces América le mostraba el camino. Necesitaba una causa nacional propia. San Martín ya en Buenos Aires, tuvo que trabajar duro para consolidar su carrera militar. Convirtió al ejército en una carrera profesional, reemplazando a la vieja milicia. Para ello, dirigió la instrucción, se ocupó del vestido y la elegancia de los oficiales y soldados, insistiendo en mantener la disciplina: las órdenes debían darse en voz alta, ser claras y correctas. Un oficial podía ser expulsado del cuerpo por actuar con cobardía en el campo de batalla, golpear a una mujer, etcétera. Aunque en público San Martín se mostraba concentrado en sus deberes militares, tenía su mente puesta en los distintos problemas de la revolución. Era partidario de una forma de gobierno llamada monárquica. Para él, la condición, a cualquier forma de gobierno, era el logro de la independencia. Pero la revolución perdía fuerza, ya que el ejército revolucionario era derrotado en el Alto Perú, y el primer deber de San Martín era contener esa ofensiva española que venía de Perú. Pero la revolución, para el general, estaba llena de preguntas: ¿Qué debía considerarse importante, el frente oriental (la Banda Oriental o Uruguay) o el frente norte? Y en el norte: ¿Qué ruta debe seguir la revolución? ¿Hacia el oeste, cruzando los Andes o hacia el norte, adentrándose en el Alto Perú? Pero su situación no era la de quien tiene el poder absoluto. Por el contrario, las decisiones no estaban en sus manos. Estaba obligado a maniobrar para conseguir sus objetivos. Buenos Aires estaba más preocupado por la Banda Oriental que por el norte. Se planteó una estrategia continental, es decir aplicar un plan a gran escala en Sudamérica. Su estrategia se basaba en la tesis de que la revolución sudamericana podía estar segura hasta que el corazón del poderío español, en Perú, hubiera sido destruido. Y la región de Cuyo se convirtió en la base del poder para lanzar su proyecto de independencia del continente. De esta manera cruzó los Andes en durísimas condiciones; una gran hazaña, pero también una obra de arte, preparada hasta en sus menores detalles. Liberó Chile. Y mientras liberaba Chile, llegaban buenas noticias del norte de América del Sur: otro libertador, el venezolano Simón Bolívar, entra a Bogotá –capital del Virreinato de Nueva Granada- derrota a los españoles y forma la “Gran Colombia” (las actuales Colombia, Ecuador y Venezuela). En 1820 comienza su campaña al Perú, ya sin ningún apoyo de Buenos Aires. Y a mediados de 1821, San Martín entra en Lima, y proclama la independencia del Perú, de la que fue nombrado protector. América del Sur, luego de independizarse, se dividió en una multitud de países. Es decir, la unidad que se había conseguido para expulsar a los españoles no continuó. Entonces, decepcionado por políticas egoístas de las regiones que liberó, se embarcó para Europa, para dedicarse a la educación de su hija querida. Como se ve, San Martín fue un hombre de principios.
Pedro Pablo Verasaluse
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