Cartas de lectores I: tener ojo clínico

20 Agosto 2021

No es infrecuente escuchar de parte de los políticos, cuando analizan la realidad del país y sus problemas, comparar su proceder con el ámbito médico, y decir frases tales como: “El país se encuentra en terapia intensiva”; “Habría que hacer cirugía mayor sin anestesia”; o “Hay que efectuar una terapia de shock”, etc. Pues bien, de ser así, antes que proponer una solución como si se tratase el dilema de un enfermo y el dirigente un avezado médico, yo les sugeriría a quienes así lo sientan o declamen que primero intenten posicionarse con una buena capacidad diagnóstica, previo a efectuar una propuesta terapéutica adecuada y oportuna para la sociedad. En medicina tener buen ojo clínico no es ser adivino ni tener poderes paranormales. Es la resultante del estudio y del aprendizaje: una intuición que surge en base a la experiencia y la ciencia aprendidas y es haber visto muchos enfermos y reflexionado sobre ellos efectuando un automático análisis y proceso mental. En definitiva, es la sagacidad del médico para hacer el diagnóstico de la enfermedad rápidamente. Hoy con frecuencia se extrapola y aplica la frase a otras profesiones y oficios: abogado, contador, o político, y si aludimos a este último pienso que adquirirá ese mentado ojo clínico (y será utilísimo quien así lo detente) aquel que con: filantropía, vocación de servicio, real interés por la cosa pública y contacto cercano con el ciudadano común acceda a ser dirigente para visualizar mejor los problemas y sus consecuentes soluciones más allá de cualquier ideología. Porque si de comparaciones se trata, así como al médico la sociedad le exige que tenga buen ojo clínico, de la misma manera el ciudadano espera que sus dirigentes sean personas morales, con sentido común, preocupación por defender las leyes y la Constitución Nacional, y ocuparse de contribuir a hacer una nación mejor para nuestros hijos y nietos: con más seguridad, menos pobreza, menos inflación, más empleo genuino, mayores fuentes de trabajo y consecuentemente mayor productividad. Todos podemos aprender. Un gran maestro argentino, Bernardo Houssay (nuestro primer premio Nobel en Ciencias) nos decía en otros tiempos: “Vergüenza no es no saber. Vergüenza es no querer aprender”. Hermosa cita en un magnífico libro: “Diálogos de fisiopatología clínica” de Eduardo Benzecry, escrito hace unos cuantos años para aprender buena medicina, trasladable esa frase a todas las disciplinas de la vida.

Juan L. Marcotullio


marcotulliojuan@gmail.com

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