En estos días los tucumanos asistimos con dolor al descrédito en nuestra clase política. Es indignante observar los medios de que se sirven para sus campañas, en cuyo propósito esclavizan a nuestros sufridos con provincianos, al extremo de encontrarlos en denigrantes y lujosos chalecos que llevan impreso el nombre del candidato, con el único afán de conseguir un voto; también cómo, en caravana, los traen por un miserable precio a vivar por algún político “notable”, no importa quién sea. ¿En qué horror de inmoralidad, injusticia y esclavitud convirtieron nuestra provincia? Aquel Tucumán heroico del cual estamos orgullosos por nuestros antepasados, por nuestras honorables familias, hombres y mujeres que hicieron de Tucumán un jardín, el Edén de América, al decir de Sarmiento. Hoy nuestros hermanos tucumanos, ungidos al yugo de la más infame esclavitud, portan en sus espaldas, por necesidad, la más vergonzante carga que un ciudadano de una república libre no debiera llevar: el nombre en un ostentoso chaleco del candidato al que obligadamente debe apoyar. Ese humilde ciudadano que supo ser su vecino y que hoy desconoce y menosprecia porque azares de la política lo remitieron a un country donde no le llegan los afanes del pobre que deambula diario en busca de pan. Tampoco escucharon el clamor de los vecinos que protestamos por la ocupación ilegal de nuestra avenida Sáenz Peña en tres cuadras por las que no podemos transitar porque nos cerraron el paso. La hermosa avenida, ayer orgullo nuestro, a metros del centro, es hoy un basural y remeda una típica ciudad fronteriza donde campean la anarquía, la inmundicia y los olores nauseabundos en vergonzante convivencia, con venta de ropa, bares y puestos de comida; la vereda, ¿dónde está? No existe y los peatones exponemos a diario la vida caminando por el borde de la acera. ¿Y los concejales? ¿Qué? ¿Y las autoridades municipales y la Dirección de Urbanística qué? ¿Hasta cuándo los ciudadanos que pagamos puntualmente los impuestos tendremos esta ciudad destruida y descuidada? ¿Y nuestros representantes? ¿Cuál fue aquel que viendo la situación del país dijera “no queremos aumento”? Por si acaso hubo que dijo: “ni pensar en aumento de dieta mientras el país se desangra”… Lo respeto y me disculpo. No queremos ver a nuestros políticos sólo en campaña, prometiendo lo que no son capaces de cumplir. Los queremos trabajando por un país mejor, sacando del horror, la pobreza, la corrupción y el descrédito, porque hoy somos conocidos en el mundo. Queremos un país estable, justo, libre, donde tengamos asegurada la educación, la salud, la justicia y la seguridad para todos.
María del Valle Zelarayán
Avenida Sáenz peña 811
San Miguel de Tucumán
















