Sarmiento pertenecía al reducido núcleo de ciudadanos eminentes que había conocido y dialogado con San Martín. Cuenta Miguel Ángel De Marco que en 1846 el Gran Capitán lo había recibido repetidas veces en su casa de Grand Bourg. En sus diálogos con el Libertador, el entonces reciente autor del “Facundo”, enviado a Europa y los Estados Unidos por el gobierno de Chile, calibró la grandeza moral de quien había sabido renunciar al poder y la gloria para garantizar el éxito de la independencia americana. Sarmiento siguió su recorrida por otros países de Europa para volver a Francia en 1847. Escritor compulsivo e incansable, borroneaba su discurso para incorporarse como miembro correspondiente al Instituto Histórico de Francia. Su disertación se refirió a los vínculos entre San Martín y Bolívar y el renunciamiento del primero luego de la entrevista de Guayaquil. Entre los asistentes a la solemne sesión se hallaba el propio Libertador, quien escuchó las expresiones de Sarmiento cuando se ocupó del célebre encuentro. Con vigorosa elocuencia trazó un paralelo entre el argentino y el venezolano. Mientras, según el nuevo académico, el primero era el paradigma del patriota grande y desinteresado que había sacrificado sus ambiciones personales en pos de cerrar el ciclo de la independencia, el segundo representaba el egoísmo y la obsesión por el poder sin límites. La presencia de San Martín constituía un aval tácito a las manifestaciones de Sarmiento, por lo que no pocos historiadores consideraron el discurso de París como una de las piezas fundamentales para sostener la teoría del renunciamiento. Cuando Sarmiento volvió a Grand Bourg el 18 de julio de 1847 el Libertador lo recibió en compañía de su hija, de su yerno y de sus nietas, y le obsequió, como recuerdo, una hoja con su autógrafo y el de los demás miembros de su familia. En ella San Martín escribió un adagio de De Weiss: “Un prejuicio útil es más razonable que la verdad que lo destruye”. Cuando el transporte de guerra “Villarino” atracó el 28 de mayo de 1880 en el muelle porteño de las Catalinas trayendo desde Francia los restos mortales de José de San Martín, Domingo Faustino Sarmiento, ataviado con su uniforme de general de brigada, recibió en nombre del Ejército a quien había sido su jefe más insigne.
Luis Salvador Gallucci
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