ALARMA. La imagen muestra las quemas ocurridas en septiembre.
“Los tucumanos no tenemos asegurada una calidad de aire que nos ayude a preservar nuestra salud y seguridad. Los olores que cubren la ciudad capital y otras del interior son una muestra de lo que se afirma”, sintetizó Juan A. González, investigador del Instituto de Ecología, Comportamiento y Conservación de la Fundación Miguel Lillo.
Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sugerido volver más exigentes los límites tolerados para los contaminantes como: las partículas en suspensión, el ozono, el dióxido de nitrógeno, el dióxido de azufre y el monóxido de carbono. “Justamente esta recomendación se hace debido a que cada vez se conoce más sobre los efectos de los contaminantes atmosféricos sobre nuestra salud, bienestar y seguridad de la población”, agregó González.
Todos los contaminantes señalados por la OMS son los que se generan por la quema de vegetación (caña en pie, rastrojos de cañaverales, pastizales), residuos sólidos urbanos, generación de energía, transporte automotor e incineradores que no trabajan bajo normas, entre otros”
Si bien en Tucumán hay una tendencia a disminuir la quema de cañaverales, en pie o como rastrojo, desde que comenzó el control bajo el programa Local GAP, los datos muestran que en el año 2019 se quemaron aproximadamente 50.000 hectáreas y en 2020 esa superficie subió a 112. 250 hectáreas.
Otros datos indican que hasta el 15 de agosto de 2021 se han quemado en Tucumán 31.000 hectáreas de cañaveral. Si cada tonelada de residuos de caña (hojas y despuntes) se generan aproximadamente 0,76 kilogramos de anhídrido carbónico, resulta que para 2020 se generaron 1.183.676 toneladas de anhídrido carbónico y para 2021 fueron 5.967.984 toneladas. Este contaminante más otros, como las partículas en suspensión, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, ingresan a la atmósfera baja y pasan a contaminar el aire que respiramos. Por eso afirmamos que nuestra salud no está asegurada.
Tampoco nuestra seguridad está asegurada. Investigaciones durante 8 años en 397 ciudades en Estados Unidos han demostrado que las partículas en suspensión y el aumento de ozono potencian el comportamiento agresivo en las personas, lo que se traduce en asalto y crímenes, agresividad, entre otros síntomas. En general, se atribuye este comportamiento a la inhalación de partículas sólidas conocidas como PM 2,5 ya que su tamaño es de 2,5 micrones (un micrón es la milésima parte de 1 milímetro). Estas partículas, son 30 veces más pequeñas que el diámetro de un cabello de nuestra cabeza y que se inhalan por nariz y van directamente a los pulmones.
Los efectos de la contaminación por material particulado en el aire son graves: accidentes cerebro vasculares, cáncer de pulmón y cardiopatías, sólo por nombrar algunos. Estas partículas se generan no solo en la quema de vegetación sino también en la combustión de los combustibles fósiles, producción de energía, la industria y la agricultura, entre otras fuentes.
Por estas razones insistimos que Tucumán debe tener una política a largo plazo para controlar la generación de contaminantes atmosféricos, monitorear durante todo el año su comportamiento mediante tecnologías confiables y verificables y trabajar en la reducción de los mismos.













