“CAPITÁN” DIARTE. Lucas tomó el timón de la lancha en la que paseó el plantel. Foto Gentileza de Alejandro Cruz
Los duelos decisivos se juegan en todas partes, a cada segundo y comienzan a disputarse mucho antes del momento en el que el árbitro pita el inicio del juego.
Con el correr de las horas la ansiedad y el nerviosismo van en aumento. Los futbolistas, a diferencia de cualquier otro juego por el campeonato, suman la carga mental que va incrementándose a cada paso. Por eso se necesita de un equilibrio en ese sentido.
A este tipo de partidos se los debe jugar con el corazón caliente y la mente fría. Debe haber tensión para que los futbolistas tengan la concentración necesaria que amerita este tipo de situaciones, pero también con relajación.
Este último ingrediente es clave para que el equipo pueda fluir en el juego. Para que haya espontaneidad en cada jugador y que esa soltura le permita tener mayores posibilidades de ganar en cada mano a mano.
Es por eso que luego del entrenamiento matutino, el grupo compartió un momento ameno, en las vísperas del gran duelo contra el “Matador”.
Jugadores, cuerpo técnico, empleados, auxiliares y dirigentes compartieron un momento diferente en un complejo ubicado en El Cadillal. Hubo asado, en medio de la naturaleza para cargar las pilas antes de centrarse de lleno en lo que verdaderamente importa por estas horas en La Ciudadela. Además, luego los futbolistas se subieron a una lancha y pasearon por el dique. “Es fundamental que los chicos disfruten este momento. Se trabajó muchísimo para llegar; debemos valorarlo e intentar que la presión que, tal vez, nos afectó en el partido contra Tigre quede de lado”, sentenció Pablo De Muner.























