En un escenario rebasado por presiones, exigencias e imposiciones internas y externas, el Gobierno Nacional aún no ha dimensionado el daño político que produjo la derrota del 14/11/21, reflejada en la composición del Congreso, y en la insurrección del Poder Judicial. En este ámbito reconozco el éxito de Macri, al domesticar a un sector del Poder Judicial, a organismos de control (AFI, OA, AGN, AFIP, etc.), mediante carpetazos, mesas judiciales, aprietes mediáticos, etc., logrando el cambio de juzgados, traslados de jueces y fiscales, tráfico de causas y hasta la fuga de imputados que integraron “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Las maniobras se consumaron por la debilidad política del Gobierno, reflejada en la pérdida de Diputados y Senadores en el Congreso de la Nación, ámbito neurálgico para controlar a los sectores corrompidos por Macri. La incertidumbre sobre el resultado del acuerdo con el FMI es el mejor ejemplo de la debilidad política en el Congreso, frente a una oposición que, blindada por los medios, pulveriza cualquier iniciativa del oficialismo. En el otro extremo de la trama, se instala el interrogante sobre el futuro de las causas por corrupción de la gestión anterior, si el Gobierno en la elección de medio término hubiese ampliado el número de legisladores nacionales en el Congreso. La encrucijada que atraviesa hoy el Gobierno Nacional es la consecuencia de la falta de experiencia política de los miembros del Ejecutivo nacional (“Lo que debió prever el Presidente”, LA GACETA, 28/03/21), a contrapelo de las provincias, que con holgadas mayorías legislativas transmiten fortaleza política a las gestiones de gobierno.
José Emilio Gómez
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