El impacto de la guerra ayer, hoy, siempre, el desesperado grito de los inocentes, las absurdas muertes nos interpelan como seres humanos. ¿Cuándo entenderá el hombre que las ambiciones llevan a la perdición? Si sembramos el bien con generosa disposición cosecharemos, en consecuencia, la ansiada paz y la armónica visión de un mundo preocupado en el cuidado del planeta. La conciencia de los promotores fabricantes de guerras, destructores de la armonía universal, comerciantes de armas, generadores de huérfanos y de madres desoladas... ¿Podrán dormir tranquilos y sin remordimientos al poner sus cabezas cargadas de estiércol sobre sus malolientes almohadas? ¿Pueden vivir con la serena potestad de la gente íntegra y honesta? De quienes, cada día, ponen un granito de arena construyendo un muro, no divisorio sino de sostén para afirmarse en el bien, un mundo mejor donde todos tengamos iguales derechos y esencialmente libertad, donde se ejerza la paz con acciones y menos promesas. Las limitaciones que las tiranías imponen destruyen el alma de los pueblos y la oprimen hasta el vértigo del desconocimiento de los valores más esenciales. Ruego al Altísimo por la paz. Solo en ella podremos tener futuro.
Nelly Elías Benavente
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