Desde hace mucho tiempo advierto que desde la política educativa nacional y provincial se sostienen y diseñan políticas de “inclusión” sumamente engañosas, que no hacen otra cosa más que ampliar la brecha de la desigualdad y la exclusión. Sostengo esto a raíz de los artículos periódicos que circularon en estos últimos días sobre la cantidad de materias con las que estudiantes de educación secundaria podrán pasará o seguir “promoviendo de modo acompañado” en las instituciones educativas. Y nuestra provincia no es la excepción, ya que, en noviembre del año pasado, el Ministerio de Educación emitió una resolución en la que enumera cinco posibles “alternativas” para promocionar de curso. Un sinfín de situaciones se podrían enumerar detallando el daño que les estamos haciendo a generaciones enteras por evitar la tan temida “repitencia escolar” por no obstaculizar la trayectoria escolar y educativa. Los aprendizajes no adquiridos, o copiados a través de trabajos prácticos idénticos hasta con los mismos errores no garantizan el aprendizaje; por el contrario, estamos enseñando a “zafar”, a pasar sin saber, a mentir y mentirnos como sociedad y peor aún a nosotros mismos como educadores en nuestra condición de intelectuales, en nuestro compromiso ético y político con nuestros estudiantes. Otro descuido alarmante es la enorme cantidad de estudiantes entre 15 y 17 años que ya están quedando fuera del sistema educativo por no contar con la edad cronológica reglamentaria para permanecer en la educación secundaria. ¿Y los estudiantes ingresantes al 1° año de educación secundaria sin saber leer y escribir o con escasas habilidades para ellos? Tema que amerita otro análisis profundo y lapidario, que nadie en Tucumán se atreve a dar. A mis colegas, decirles que “no seamos cómplices” de este daño. A las autoridades educativas: consulten a las bases antes de emitir resoluciones y circulares. Esta hubiera sido otra la realidad con escuelas abiertas los sábados o en contra turno con docentes contratados para tal fin, con equipos técnicos abocados a lo esencial de las dificultades del sistema, con estadísticas reales que permitan anticiparnos y pensar alternativas posibles y “situadas” acordes a cada circuito, departamento y escuela. Con docentes remunerados de manera digna, motivados y respaldados en el esfuerzo de su trabajo diario. Este tiempo de postpandemia requiere de encuentro, de diálogos, de debates y soluciones colectivas y colaborativas, pensarnos como sociedad que nos permitirá como colectivo docente hacer frente a todo aquellos que nos aqueja, que nos duele y nos interpela día a día. Por último, y siguiendo a Laura Lewin, sostengo que “…Es momento de retomar los valores del esfuerzo y la perseverancia, de ofrecer una educación acorde a los tiempos que estamos viviendo y garantizarles a los chicos que, aun en momentos tan caóticos y versátiles como estos, van a contar con las herramientas necesarias para avanzar en la vida. El resto es puro cuento”.
Nuza Guerra
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