Conrado Nalé Roxlo escribió un hermoso poema. “Carpintero... haz un féretro pequeño, de madera olorosa. Se nos ha muerto un sueño”. Recuerdo los mensajes, canciones y poemas de amor y hermandad mundial que inundaban las redes cuando la pandemia nos mostraba cifras espeluznantes de contagios y muertos en todo el planeta. Un sueño que siempre señalaba, con fe y esperanza, que la humanidad iba a ser otra. Un sueño que nos alentaba a seguir. No aprendimos. Hoy los que caen, caen, por bombas, misiles, tanques, ataques. Una guerra cruenta, inútil. No aprendimos. “Fue su vida exterior tan imprecisa, que sólo se lo vio cuando asomaba...”de balcón a balcón, en la música emotiva, en los a abrazos virtuales, en la nostalgia. “Mas no te importe el nombre, carpintero. Era un sueño de amor” y de paz. “Tu mano clave pronto las tablas olorosas. Quiero enterrar hondo el sueño...” de una nueva convivencia. “Al compás del martillo suena un canto: no vayas al camposanto, porque los sueños de amor” y de paz no mueren. Pero tampoco se concretan. “Se muda en llanto”... de impotencia, de irracionalidad, de deshumanización ¿Necesitaremos otras pandemias, otras guerras, otras catástrofes para unirnos, ayudarnos y optar por fin por el orden y no el caos? ¿Qué fondo nos resta aún tocar para reaprender lo que necesitamos ante tanta imbecilidad?
María Estela López Chehin
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