Con el Día del Agua del martes se dio inicio a un nuevo Mes del Compostaje para posicionar esta práctica sustentable en la agenda y aportar a su mayor difusión. Y es que el acto de compostar implica un gran universo de beneficios que van más allá de la simple degradación de la comida para abonar la tierra. ¿Sabías que los desechos de alimentos que tiramos a la basura producen alrededor del 10% de los gases de efecto invernadero?
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, se calcula que en nuestro país se pierden 16 millones de toneladas de alimentos por año; es el 12,5% de la producción agroalimentaria del país. Toda esa comida que se vuelve basura, podría tener un mejor futuro.
Y hay que empezar por casa; en estos días, varios actores (empresas y organizaciones ambientalistas, entre otros) se reunieron para debatir y poner manos a la obra para impulsar aún más el compostaje en Tucumán. Eso es lo que pasó ayer en el Centro de Interpretación Ambiental y Tecnológico (CIAT). “Metas concretas”, “tejer redes”, “construir ciudadanía”, “comenzar por casa” y “concretar proyectos”, fueron algunas de las ideas que surgieron a partir de la problemática. Se habla de compostaje: hay gente que lo hace, pero todavía hay mucho por hacer.
Comenzar por uno
“El desafío más grande es llegar a acuerdos sobre qué es lo prioritario. En lo personal, creo que se trata de comprometerme: tomar una acción que sé que está bien y dejar de hacer una que sé que está mal. Y eso tiene que ver con un cambio de hábitos, una cuestión de fondo, y esa es la parte difícil”, expresa a LA GACETA Juan Pablo Terán, ingeniero, promotor del Mes del Compostaje y presidente de la fundación Unir Recursos.
Durante la reunión en el CIAT todos los participantes hicieron énfasis en la necesidad de disponer de normativas, pero también en la importancia de empezar por casa. “En la India dicen que el hábito es un surco; si yo hago una acción de forma repetitiva, genero un surco mental. Para cambiarlo, necesito trazar otra línea, y eso es ponerle energía y voluntad. Y surge desde adentro; no hay forma de obligatoria de generar voluntad”, resume.
Parece repetitivo, sí, pero la concientización es clave. Hacer compost tiene muchos “pros”: además de reducir los residuos en casa, disminuye la cantidad de basura que llega a los vertederos, aporta nutrientes al suelo, se usan menos fertilizantes en la tierra (y en nuestras plantitas) y se generan menos gases de efecto invernadero. “Si hiciésemos separación de residuos, el 92% de lo que se tira no iría a la basura. El 50% son residuos reciclables y secos (como el plástico), y el 42%, son orgánicos”, advierte Virginia García, del área de Extensión y Difusión del Consorcio Público Metropolitano (Girsu).
Mitos y soluciones
Lo cierto es que pese a la difusión, el grueso de la población todavía no realiza esta actividad ecológica. “La gente que no se anima lo hace desde el desconocimiento del impacto que tienen los residuos que generamos -indica Romina Rueda, encargada de la Planta de Residuos Orgánicos del CIAT-; hay una gran problemática que es la pérdida y desperdicio de alimentos. Y no es sólo un derroche económico; además de producir gases de efecto invernadero, los recursos orgánicos van a rellenos sanitarios o a baldíos y atraen vectores y enfermedades”.
Rueda, que desde hace casi dos años está al frente del proyecto de compostaje en el CIAT -donde trabajan con residuos orgánicos del limón y los compostan- considera que es importante conocer de la existencia de alternativas para no contaminar. Y es posible: en Tafí Viejo ya son 80 vecinos los que hacen compost en sus jardines, con tapas de pallets reutilizados brindadas por el CIAT.
No hay excusas. En departamento también se puede hacer: “necesitás un espacio de 50 cm por un metro y medio de alto. Hasta seis personas pueden compostar con eso; existen composteras apilables”, recomienda Terán, que desde hace cuatro años hace compostaje en su departamento. Si hacés mucho, lo podés usar en tus plantas o regalarlo.
Durante la reunión en el CIAT uno de los conceptos que más se repitió es fue el de educación. “Eso ayuda muchísimo; hay gente que escucha pero no sabe realmente de qué se trata. Las redes sociales, que todo el mundo maneja, son una buena alternativa para difundir; estaría buenísimo empezar a compartir y a charlar sobre el compostaje. Hay que informar”, resalta Paula Sánchez, también del área de Extensión y Difusión del Girsu.
Y completa García: “cuando hablamos de educación estamos dando mucha carga a las infancias y adolescencias que están dentro de una institución, pero al residuo lo manejamos todos. Todos tenemos que informarnos”.
“Lo que falta es consenso”, sintetiza Terán. Es necesario que todos pongamos manos a la obra para tener un futuro verde. ¿Empezamos?












