Al fin un aire de sensatez e inteligencia en la carta de Fernando Fajre (26/03/22), y… buena memoria. Agreguemos otra reflexión: en 1838, una escuadra francesa bombardea, ocupa y asola la ciudad mejicana de Veracruz reclamando absurdas indemnizaciones. En 1847, la armada y 13.000 efectivos de los EEUU, en su brutal expansión territorial, bombardeó Veracruz durante cuatro días causando cientos de muertos y heridos y la ocupó durante un año y medio. En 1914, las mismas fuerzas bombardearon, sitiaron, arrasaron y ocuparon la misma ciudad (por lo que es llamada “Tres veces Heroica”), sin respetar mujeres ni niños. En 1831, la corbeta de guerra yanqui USS “Lexington”, en un vandálico e injustificado acto de guerra, desembarcaba soldados en Puerto Soledad, la principal población de Las Malvinas, saqueando instalaciones y viviendas, destruyendo la artillería y encarcelando a sus habitantes, llevándolos ilegalmente a Montevideo. Así desmantelado el asentamiento argentino, apenas dos años después, Inglaterra invadía las islas, apropiándoselas. En 1845, tras ventajas comerciales, una fuerte y moderna escuadra de guerra anglo-francesa (varios acorazados a vapor ingleses, armados con cohetes “Congreve”, los que se usaron por primera vez) forzaba la navegación por el Paraná violando, una vez más, nuestra soberanía; luego de meses de heroica resistencia, las fuerzas de la Confederación Argentina la expulsa, diezmada y humillada. ¿Qué mal les habíamos hecho a los yanquis, a los franceses o a los ingleses? Ninguno, en absoluto. Sólo amistad, generosidad y, lamentablemente, demasiada confianza. Tanto en la fratricida Guerra del Paraguay como en los nefastos golpes de estado de 1930, 1955 y 1976, es reconocida la injerencia política, económica, de inteligencia y hasta militar de los intereses de EEUU e Inglaterra. Afectando neutralidad -y hasta cierta simpatía- hacia la Argentina en Malvinas, EEUU no dudó un instante para alinearse con Inglaterra proveyéndola de apoyo político, bases, misiles e información satelital en la guerra, lo cual fue determinante para evitarle una segura derrota, como sostienen especialistas, incluso ingleses. También se negaron a aplicar el TIAR, un tratado interamericano inventado por ellos que exigía la asistencia militar recíproca ante un ataque extracontinental, tal como estaba sucediendo ya que Inglaterra era europea, pero, el tratado era sólo un señuelo porque, en realidad, se buscaba alinear a Iberoamérica contra la URSS. Durante el conflicto, a pedido de Inglaterra, Francia no nos entregó los 15 misiles Exocet que le habíamos comprado con anterioridad; llegaron 5 y fueron 4 buques hundidos, uno de ellos, el “Sheffield”, nave insignia de la OTAN (y… ¡aparece la OTAN!) ¿¡qué hubiese pasado con 15 Exocet…!? Pero antes, no podemos olvidar, un submarino nuclear inglés (con bandera de calavera y tibias cruzadas, en una zona decretada limpia de armas nucleares por ellos mismos) cometió un crimen de guerra al torpedear al “Belgrano”, ya lejos de la “zona de exclusión” ordenada por Inglaterra y cerca del continente; dos torpedos masacraron a 323 soldados argentinos, es decir, a la mitad de todos los caídos en la Gesta. Y ese submarino formaba parte de las fuerzas que ordenó Inglaterra para volver a invadir nuestra Patria. Traiciones, engaños, mentiras, invasiones y violencias sistemáticas, civiles y propiedades agredidas; eso, sin contar las Invasiones Inglesas de 1805 y 1806, con su secuela de miles de muertos, con mujeres y niños incluidos. ¿Con qué autoridad pueden, entonces, Inglaterra, EEUU, Francia y la OTAN mostrarse hoy al mundo como líderes morales, incansables defensores de la libertad, la democracia, nombrarse jueces y verdugos de los demás, que no sea la que emana de su poderío económico, técnico y militar? ¿Cómo alguien podrá dar crédito a los mismos que, hace muy poco, inventaron una colosal mentira para justificar la destrucción total de una nación como Irak? Como decía un gran argentino, la única verdad es la realidad y, para nosotros esa realidad anida en la defensa de nuestros valores nacionales, y en esa defensa, lo primordial es saber con certeza por qué y quiénes son nuestros enemigos.
Arturo Arroyo
amarroyo@hotmail.com.ar
















