Cuando queremos describir algún suceso, o elemento o acción para el cual no se dispone de la palabra exacta, se recurre al palabrerío. Una treta sagaz para ocultar el falso dominio del lenguaje. Esto ocurre ahora cada vez con más frecuencia. Las razones son varias y diversas. Una es los avances tecnológicos y científicos que ya entran bautizados al país y se incorporan a nuestro léxico. Mas al ser de origen foráneo, requieren de una definición. He ahí el problema. Solamente en el área de computación, vemos que no se puede conversar sin mencionarlos. Y no trate de traducirlos literalmente, porque menos le van a entender. Ej.: Mouse=ratón. ¿Qué tiene que hacer un ratón en la computadora? Tales nomenclaturas no se puede verter en español: hangout, draft, spam, google, sans serif, etc., todos al alcance de la mano, pero de complicada traducción. Son portadoras de un conocimiento intuido, y nada más. Si a todo esto agregamos nuestra propia y reducida inventiva, tendremos como resultado un mensaje generoso en palabras, pero hartante o cansador. Por ejemplo, para mencionar al Fiscal, leemos: “el Representante del Ministerio Público Fiscal”. Por qué no usar una sigla con las primeras letras. Quedaría “el rmpf”. Menos palabras, más claridad. Recordemos el refrán: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.
Darío Albornoz
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