La “seño” les dice a los padres por nota en el cuaderno “el lunes realizaremos con los chicos un desayuno y una jornada de limpieza de los pupitres, por eso se solicita que el que pueda traiga algún trapito, cepillo y un delantal o ropa que sirva para realizar la jornada y no manchar las otras prendas de vestir”. Una mamá le contesta: “mi hija no llevará nada y me niego a que realice las tareas que corresponden al personal de limpieza de la escuela”. Esto es una anécdota más de las que se viven cotidianamente en los establecimientos educativos. Maestros que piensan en educar, es decir, transmitir principios, valores y normas (entre ellas las de higiene y aseo). Por otro lado padres que creen que educar es que a sus hijos les enseñen informática, robótica e inglés. Si no fuera parte de lo que Jaim Etcheverry llamó “tragedia educativa”, parece un episodio de una “sitcom o comedia de situaciones” tan de moda en la TV o en el teatro veraniego. De una vez por todas hay que redefinir institucionalmente ¿qué es y para qué sirve una escuela? ¿Es el centro comunitario, recipiente de todas las inquietudes de la sociedad, lugar de formación del ciudadano y de ser necesario, huésped de la asamblea de vecinos, o sea un símil del ágora griego como planteaba domingo Faustino sarmiento? ¿Es un comedor, donde reciben su alimento diario los alumnos y bolsones con raciones de alimentos los adultos con escasos ingresos? ¿Es una academia de idiomas, club deportivo, agencia de turismo y guardería infantil? ¿Es asistencia social, contención psicológica y atención sanitaria? hay que redefinir contenidos ¿por qué educación sexual si y normas de urbanidad no? por ejemplo. ¿Qué hacemos con los teléfonos celulares y su poder de distracción dentro del aula? ¿Cómo integrar a los padres y abuelos a las actividades escolares? ¿Se pueden hacer jornadas abiertas, con posibilidades de intercambios de aprendizajes entre generaciones? ¿Qué lugar tendrá la cultura heredada en las escuelas, es decir la música, las comidas tradicionales, las danzas, los juegos de nuestros antecesores, los símbolos y el lenguaje, los hábitos y costumbres que definen una identidad nacional? muchos son los interrogantes y la única respuesta clara es que todos, absolutamente todos los actores sociales deberían participar de las propuestas que definan un paradigma educativo con objetivos ciertos y donde cada uno conozca sus responsabilidades.
Miguel Ángel Reguera
miguelreguera@yahoo.com.ar














