“Patrimonio es aquello que consideramos valioso, eso que nos hace sentir orgullosos”, subraya la arquitecta Gabriela Logiúdice, experta en urbanismo e integrante de la Comisión encargada de velar por la protección de los bienes patrimoniales tucumanos. Una misión nada sencilla, a la que ella resume con una palabra: “resistencia”. Es uno de los temas que abordó al referirse al tema, en el marco de los 40 años de recuperación de la vida democrática.

- ¿Cómo se reflejan las cuestiones del patrimonio en el devenir de la ciudad?

- La ciudad es una construcción dinámica, lo que la hace muy compleja, porque tiene que ver con algo esencial que es la vida de las personas. En el caso del patrimonio se trata de la identidad, son valores y símbolos transmitidos de manera informada, teórica en algunos casos, pero también en la vivencia cotidiana. Ese objeto cultural es disfrutado y sufrido por todos, pero no es construido por todos. Entonces patrimonio es aquello que consideramos valioso, pero ¿valioso en qué términos? En términos de representación social, de aquello que te hace sentir orgulloso.

- ¿Y cómo lo abordamos los tucumanos?

- Si mirás lo que es arquitectónicamente valioso en Tucumán tenés siempre una especie de pugna. Ese período patrimonial está referido fundamentalmente, por volumen, a la etapa de brillo económico, que es a fines del siglo XIX y lo que se hizo en el Centenario. Hay un patrimonio moderno, pero no está tan puesto en la mirada de ese todos. De los últimos 40 años lo más relevante y donde se pone en escenario esa interacción compleja tiene que ver con la Ley de Patrimonio. Es el ejemplo clásico de un grupo de gente resistiendo la voracidad del Estado y del mercado inmobiliario, la destrucción de esa imagen que nos representaba. Y yo diría, como Sábato, que hemos resistido, nada más.

- ¿Por qué?

- A pesar de la existencia de la ley hemos perdido patrimonio, básicamente porque no hay una decisión política de representación de ese patrimonio. Es un objeto que va a servir para evocar momentos de los cuales uno se siente orgulloso, un patrimonio que los académicos consideramos valioso, pero debe ser que no representa a la actual política.

- ¿Cómo evaluás lo hecho por la Comisión?

- Se hizo mucho, pero básicamente es un trabajo de resistencia, de impedir que se desarmen cosas. No hemos conseguido, a pesar de haberlo hablado, concretar un presupuesto asignado y constante. Porque se requieren fondos constantes para el mantenimiento edilicio. Eso no está sucediendo. Por otro lado, no hay una renovación; en los últimos años lo único que se hizo es el Monumento al Bicentenario, que no es una obra arquitectónica, es un monumento. No hay cosas nuevas, tampoco se ve una clara voluntad de trabajar en eso.

- ¿A qué se debe este estado de cosas?

- Lo genuino es el interés ciudadano, por ejemplo en términos de la indignación de la población ante el ataque a los valores patrimoniales. Eso consigue una respuesta. De las autoridades vemos que es escaso el interés de invertir en lo económico. O sea, en la declamación hay acuerdos de que es importante el patrimonio, de que hay que ocuparse, pero en los hechos concretos los fondos necesarios no llegan. Entonces, lo que pasa es que las imágenes y las representaciones van desapareciendo.

- ¿Cuáles son los ejemplos en ese sentido?

- Es un tema que requiere cierta proyección. Por ejemplo, el caso de Santa Ana y su parque. Ves que la gente necesita espacios para desarrollar sus actividades, un lugar que genere bienestar y orgullo identitario. Ahí también se reflejan las dinámicas sociales. Podés ver en eso cómo el deterioro económico que ha sufrido la provincia erosionó todo lo que es patrimonial, aún lo consagrado institucionalmente. Hay problemas para mantener en buen estado San Francisco, la Casa del Gobierno, el Casino y el complejo de la avenida Sarmiento, ni hablemos de lo que es la red ferroviaria. Hay casos, como Simoca -en la zona de la estación del tren- y Villa de Medinas en los que el patrimonio no ha sido revalorizado, sino ocupado y fagocitado. Y aquí está pasando lo mismo, hay muchos edificios patrimoniales muy deteriorados y desvalorizados.

- ¿Por dónde ves la salida?

- Hay que discutir qué es lo que nos representa, llegar a acuerdos e implementar políticas de protección. En lo patrimonial hay un desconocimiento, además para más del 60% de la población no es una prioridad, porque tiene otras urgencias.