Entre parciales, entregas eternas y la presión por rendir, la vida universitaria puede convertirse en un combo difícil de manejar. En ese escenario, una presencia inesperada empieza a ganar protagonismo: los perros. Más allá del cariño, nuevas investigaciones muestran que convivir con una mascota durante esta etapa tiene efectos concretos sobre la salud mental, la organización diaria y los vínculos sociales.

Un estudio liderado por la Universidad de Brighton, en el Reino Unido, identificó cinco beneficios poco conocidos que los perros aportan a estudiantes universitarios. Los resultados se basan en experiencias reales de jóvenes que compartieron su día a día académico con una mascota.

Los cinco beneficios de convivir con un perro

Los hallazgos presentan respuestas inesperadas para quienes buscan estabilidad emocional y mejores conexiones sociales en ambientes académicos competitivo.

1. Rutinas que ordenan el caos universitario

Cuidar de un perro impone horarios y responsabilidades: sacarlo a pasear, alimentarlo, atenderlo. Para muchos estudiantes, esto funciona como un ancla en medio del desorden académico. La investigación destaca que esta estructura diaria ayuda a organizar el tiempo, priorizar tareas y reducir la sensación de descontrol.

Además, cumplir con esas responsabilidades genera una sensación de propósito que impacta positivamente en la autoestima.

2. Menos estrés y más equilibrio emocional

Acariciar a un perro, sentarse a su lado o compartir momentos tranquilos se convierte en una pausa real frente a la exigencia universitaria. Los estudiantes entrevistados señalaron que la convivencia con mascotas ayuda a desconectarse, bajar la ansiedad y mejorar el estado de ánimo, incluso en épocas de exámenes. La presencia del animal actúa como regulador emocional en jornadas cargadas de presión.

3. Amor incondicional en una etapa exigente

Otro de los puntos clave del estudio es el vínculo afectivo. Los perros no juzgan notas, ni tiempos, ni fracasos. Para muchos jóvenes, se convierten en una fuente constante de afecto, pertenencia y seguridad emocional, algo especialmente valioso cuando se atraviesan momentos de soledad o incertidumbre.

4. Un puente hacia mejores vínculos humanos

La convivencia con un perro también impacta en las relaciones sociales. Según los testimonios, las mascotas fortalecen la convivencia familiar, facilitan conversaciones y actúan como punto de encuentro entre amigos, compañeros de casa o incluso desconocidos. En algunos casos, adoptar un perro fue una decisión compartida para atravesar momentos difíciles y reforzar lazos.

5. Aprender a ser responsable (de verdad)

Tener un perro no es sencillo, y el estudio no lo romantiza. Enfermedades, entrenamiento y cuidados constantes implican desafíos. Sin embargo, los jóvenes coinciden en que esas dificultades fortalecen habilidades clave como la resiliencia, la empatía y la capacidad de adaptación.

La investigación es clara: convivir con un perro durante la etapa universitaria va mucho más allá de la compañía. Aporta estructura, calma emocional, vínculos más sólidos y aprendizajes que trascienden el aula. En un contexto académico cada vez más competitivo y demandante, los perros aparecen como aliados silenciosos para atravesar la universidad con mayor equilibrio y bienestar.