El mundo de la nutrición en Occidente acaba de sufrir un sismo que promete cambiar los platos de millones de personas. El Gobierno de los Estados Unidos presentó oficialmente sus Directrices Dietéticas para los Estadounidenses 2025-2030, un documento que no solo rige las políticas escolares y militares en ese país, sino que suele marcar el rumbo de las recomendaciones de salud a nivel global. Lo más impactante no es solo el papel, sino la imagen: la histórica pirámide alimenticia fue invertida y reordenada por completo bajo una nueva consigna política y sanitaria.
Desde Science News detallaron cómo este nuevo enfoque rompe con cuatro décadas de consejos tradicionales. El cambio más drástico es el fin de la "guerra" contra las grasas saturadas y la proteína animal. Si antes la base del bienestar eran los granos y cereales, la nueva estructura coloca ahora a la carne, los lácteos enteros y el aceite de oliva en el centro de la escena, desplazando a las frutas y carbohidratos a un plano secundario.
Un giro radical hacia la comida real
La gran bandera de esta actualización, impulsada bajo la gestión de Robert F. Kennedy Jr. en el Departamento de Salud, es el lema "comé comida real". El objetivo principal es combatir el consumo de alimentos ultraprocesados, señalados hoy como los grandes responsables de las epidemias de obesidad y diabetes. Sin embargo, este regreso a lo "natural" despertó aplausos y alarmas por igual entre la comunidad científica, debido a la prominencia que se le otorga a la carne roja.
"Estoy totalmente de acuerdo en que debemos comer comida real. Reducir o eliminar los alimentos altamente procesados y el azúcar es un mensaje excelente", afirmó Joan Sabaté, experto en nutrición y asesor científico a Business Insider. No obstante, el especialista mostró su preocupación por el diseño visual de la nueva guía, señalando que la pirámide empuja al público a consumir más productos animales por encima de las plantas, algo que, según su visión, carece de nueva evidencia científica que lo respalde como una opción más saludable.
Contradicciones y el regreso a los años cincuenta
Para muchos especialistas, estas directrices representan un viaje en el tiempo. La priorización de la carne y los lácteos ricos en grasa recuerda a las dietas de mediados del siglo XX, lo que genera dudas sobre cómo se compatibilizará esto con los límites de salud cardiovascular que aún persisten en los textos técnicos. La estructura actual es vista por algunos como un beneficio directo para las industrias ganaderas y lácteas, dejando de lado aspectos como la sostenibilidad ambiental.
"Son totalmente radicales. Desecharon 40 años de directrices dietéticas sin más, sustituyéndolas por recomendaciones que datan de la década de 1950", sentenció Marion Nestlé, profesora emérita de nutrición en la Universidad de Nueva York. Nestlé calificó las nuevas guías como "confusas e inconsistentes", advirtiendo que, aunque reducir el azúcar es positivo, fomentar el consumo de lácteos enteros mientras se mantiene un límite del 10% para grasas saturadas resulta, en la práctica, una recomendación contradictoria para el ciudadano común.
El futuro del plato escolar y militar
Más allá de la discusión teórica, este cambio tiene un impacto económico y social inmediato. Al ser la norma que rige los programas de asistencia alimentaria y los comedores escolares en EE. UU., la implementación de una dieta basada en proteínas "reales" y productos frescos supone un desafío logístico y presupuestario enorme. Los expertos se preguntan de dónde saldrán los fondos para costear estos alimentos, que suelen ser más caros que los procesados que hoy inundan las bandejas.
Mientras el debate continúa, la nueva pirámide invertida ya está en marcha. El enfoque en las proteínas busca terminar con lo que las autoridades actuales llaman la "guerra contra la grasa", proponiendo un esquema donde el sebo de res y la mantequilla recuperan un lugar de privilegio frente a los aceites de semillas. Es una apuesta audaz que, según sus defensores, devolverá la salud a la población, pero que para sus detractores, ignora décadas de consenso sobre los beneficios de una dieta mayoritariamente basada en plantas.