A principio de 2024, en esta columna hablábamos de que el crecimiento societario ya no era un dato accesorio, sino una línea divisoria entre los clubes que habían logrado construir estructuras sólidas y aquellos que seguían dependiendo (casi exclusivamente) del humor futbolero del fin de semana. Sin embargo, dos años después la escena en Tucumán confirma que el problema no solamente persiste; sino que además se profundiza con el correr del tiempo.
En los últimos días, Atlético y San Martín lanzaron sus campañas de abonos y socios de cara a las nuevas temporadas de la Liga Profesional y la Primera Nacional, respectivamente. El contexto es distinto para cada uno (el “Decano” debuta este viernes, de visitante en Mendoza, en el torneo Apertura; mientras que San Martín lo hará el 15 de febrero, contra Patronato en La Ciudadela, en la principal categoría de ascenso), pero el diagnóstico es común. Según LA GACETA pudo averiguar, los primeros días de la campaña estuvieron lejos de los números que esperaban en 25 de Mayo y Chile y en La Ciudadela. Poca adhesión, tibia respuesta y números que por el momento no despegan y, mucho menos, mueven el amperímetro. No parece ser un dato menor; en este caso suena más a una advertencia.
Las elecciones que se llevaron a cabo durante el pasado año en ambas instituciones dejaron un registro tan democrático como inquietante. El 14 de junio de 2025, Mario Leito fue reelecto como presidente de Atlético con el 61,34% de los votos. En esa elección 2.726 socios fueron los que emitieron su voluntad. Meses más tarde, el 30 de noviembre pasado, Oscar Mirkin ganó la presidencia de San Martín con el 64,82%, sobre 3.085 votantes.
Más allá de que en el segundo semestre, con la decisión de que sólo los socios puedan ingresar al Monumental, en Atlético lograron un pico de asociados, los números de las elecciones representan, en los hechos y en ambas instituciones, el núcleo duro. Se trata de esos socios que están al día, los que sostienen al club incluso cuando los resultados no aparecen y también cuando no hay competencia. Son los que participan de la vida institucional y quienes aportan su granito de arena para tratar de engrandecer a sus clubes.
Es cierto que en algunos momentos ambos clubes sortearon la barrera de los 10.000 y hasta estuvieron merodeando el límite de los 20.000. Sin embargo, ese número se vino abajo de un plumazo ante el primer resultado adverso. Por ese motivo el dato es tan claro como incómodo: ni Atlético ni San Martín pueden sobrevivir (mucho menos proyectarse a futuro) con padrones reales tan bajos.
Porque ser grande no es solamente una cuestión de historia, de hinchada o de relatos. También es estructura. Y la estructura se mide, entre otras cosas, en socios activos.
Los datos oficiales que la AFA entregó a comienzos del año pasado, son elocuentes. El top 10 de clubes del país en cantidad de asociados muestra una brecha cada vez más difícil de disimular. River es la institución con más socios. Tiene 351.487 y es seguida por Boca, 323.586; Independiente, 146.570; Rosario Central, en mayo de 2025 superó la barrera de los 100.000; San Lorenzo, 89.717; Racing, 86.289; Newell’s, 83.040; Talleres, 74.262; Vélez, 72.889 y Belgrano, 65.139.
Mientras muchos de estos clubes tienen más socios que capacidad en sus estadios, en Tucumán la ecuación es inversa. Si sólo asistieran los socios, las canchas quedarían semivacías. Y esa diferencia no es simbólica; también es económica, política y deportiva.
Hace dos años, dirigentes de Atlético y de San Martín explicaban las fluctuaciones del padrón con frases ya conocidas. “Cuando el equipo anda bien, el hincha se asocia; cuando no, deja de pagar”. Hoy en día el termómetro sigue siendo el resultado, y ahí aparece el verdadero problema. “Acá no hay cultura de socios. Incluso cuando el equipo no está en competencia, el padrón sufre un bajón notable”, explica otro dirigente.
En Buenos Aires, en Rosario o en Córdoba, ser socio no se reduce a ir a la cancha cada 15 días. Es pertenencia cotidiana; actividades, familia, clubes abiertos toda la semana e identidad compartida. En Tucumán, en cambio, el vínculo sigue siendo frágil, intermitente y condicionado al fixture.
No es casual que muchos hinchas del “Decano” y del “Santo” sostengan su vida social en clubes de rugby, por ejemplo, en donde los padrones son un poco más estables. Allí la actividad es permanente y la pertenencia no depende del resultado del domingo. Las actuales campañas de abonos y socios vuelven a poner el tema sobre la mesa. Hay descuentos, promociones y facilidades de pago. Todo eso ayuda, pero no resuelve el problema estructural. Porque el desafío no es vender un abono para el próximo campeonato, sino construir una comunidad que pueda llegar a sostenerse en el tiempo.
Si Atlético y San Martín pretenden ser (de verdad) grandes del interior, necesitan algo más que buenas campañas de marketing o momentos deportivos favorables. Necesitan padrones amplios, estables y comprometidos con las causas. Necesitan que ser socio pase a ser un acto de pertenencia y no una reacción emocional.
La pelota puede entrar o no y los resultados pueden cambiar para bien o para mal. Pero hay una verdad que ya no admite matices; sin socios no hay club que aguante. Y en Tucumán, esa es una discusión que ya no se puede seguir pateando para adelante.