La Copa Africana de Naciones 2025 tuvo un cierre a la altura de un torneo atravesado por la controversia. En Rabat, capital marroquí, Senegal y Marruecos protagonizaron una final tan tensa como insólita, marcada por un arbitraje extremadamente cuestionado, un abandono momentáneo del campo de juego y una definición épica que terminó con la consagración senegalesa.

El partido, disputado en el Estadio Prince Moulay Abdellah, fue cerrado y físico durante gran parte de los 90 minutos. Marruecos contó con una actuación sobresaliente de Yassine Bounou, quien sostuvo el empate con varias intervenciones decisivas, mientras que Senegal buscó con mayor insistencia, aunque sin precisión en los metros finales.

El quiebre llegó en el tiempo de descuento, cuando el encuentro entró en una secuencia caótica. A los 94 minutos, Abdoulaye Seck, lateral senegalés, ganó en el área tras una pelota parada, el balón dio en el travesaño y, cuando Ismaila Sarr se disponía a empujarla al gol, el árbitro congoleño Jean Ndala sancionó una falta previa.

Instantes después, la tecnología sí tuvo protagonismo. En un córner a favor de Marruecos, el VAR llamó al juez por un leve agarrón de El Hadji Malick Diouf sobre Brahím Díaz. Ndala sancionó penal en los últimos segundos del partido, desatando la furia total del banco de Senegal. Ante ese escenario, el entrenador Pape Thiaw ordenó a sus jugadores retirarse del campo de juego en señal de protesta.

Durante más de diez minutos reinó la incertidumbre. Senegal abandonó el césped y el desenlace parecía encaminarse a una definición administrativa. Sin embargo, Sadio Mané, capitán y referente del equipo, dialogó con dirigentes y convenció a sus compañeros de regresar para resolver el partido dentro de la cancha.

Tras la polémica y el regreso del conjunto senegalés al campo de juego luego de 12 minutos, la pena máxima se ejecutó recién al minuto 112, aún dentro del tiempo regular. El propio Díaz intentó definir picándola, pero Edouard Mendy adivinó la intención, se mantuvo firme y contuvo el remate sin mayores dificultades. 

El penal fallado llevó el partido al tiempo suplementario con el marcador todavía en cero. Con los ánimos al límite, Senegal golpeó de inmediato en el alargue. A los tres minutos del  tiempo extra, armó una contra veloz que terminó en los pies de Pape Gueye, quien sacó un derechazo violento desde media distancia que se clavó en el ángulo, imposible para Bono. Un golazo que transformó el escándalo en gloria.

Marruecos, golpeado anímicamente tras el penal fallado, buscó el empate con más empuje que claridad y llegó a estrellar un cabezazo en el travesaño, pero Senegal resistió con firmeza hasta el pitazo final.

Así, en un desenlace tan polémico como histórico, Senegal se consagró campeón de la Copa Africana de Naciones, levantó su segunda estrella continental, como en 2021, y cerró un torneo inolvidable con una final que quedará marcada como una de las más escandalosas e insólitas de la historia del certamen.