La historia de Giuliana Rivadeneira tiene la forma de esos sueños que se construyen a pulmón. Tiene 18 años, egresó del Colegio del Sol en diciembre y desde hace más de dos años sostiene un proyecto académico que la llevó a viajar a Córdoba, prepararse con mentores, cursar programas de excelencia y aplicar a universidades de Estados Unidos. Su objetivo siempre fue claro: estudiar Ingeniería Química.
Ese camino empezó con entusiasmo y siguió con logros concretos. “Me enamoré de los laboratorios de la Universidad de Nevada. Era todo lo que quería”, cuenta. Allí recibió su primera gran noticia: la universidad la admitió con una beca del 50%. Pero el sueño se frustró en el mismo punto donde se traban los sueños de muchos jóvenes: el dinero.
La universidad exigía que el primer semestre se pagara completo y por adelantado, una suma que rondaba los 20 millones de pesos. “Mes a mes podíamos sostenerlo, pero pagar todo de una sola vez era imposible”, dice. Entonces comenzó la búsqueda de ayuda externa, una búsqueda larga, desgastante y llena de puertas cerradas.
Sin ese depósito, Nevada dejó de ser posible. Pero otra admisión llegó: Snow College, un community college más accesible, donde podría cursar los primeros dos años y luego transferirse a Nevada. Esa opción está al alcance, pero no del todo: también requiere una suma inicial que hoy su familia no puede cubrir.
El esfuerzo que empezó mucho antes de las admisiones
La preparación de Giuliana no nació de un día para otro. Cuando cursaba en el colegio, se enteró de Opportunity Funds y del Competitive College Club (CCC) en Aticana. Entrar no es fácil: exigen voluntariados, ensayos, actividades extracurriculares y nivel avanzado de inglés. “Desde chiquita quise aprender inglés. Leía novelas en inglés porque eran más baratas y porque sentía que me ayudaban. Todo lo que veía o leía lo pasé al inglés para mejorar”, recuerda.
El SAT no se rinde en Tucumán, así que viajó dos veces a Córdoba. “Una vez viajé justo antes del viaje de egresados, estuve tres días nada más. Tenía que rendir sí o sí”, cuenta. También rindió los exámenes de inglés, primero en un centro local y luego desde su casa.
A través del CCC conoció a Florencia, una mentora que la preparó para los exámenes. “Ella me ayudó en todo. Terminé de rendir en noviembre y me fue muy bien”, dice. Ese mismo acompañamiento la llevó a EALA, una organización que trabaja con universidades estadounidenses.
Nevada, el sueño; Snow College, la opción que hoy intenta sostener
Cuando investigó universidades, Giuliana no dudó: quería Ingeniería Química. Entre todas las opciones, Nevada-Reno fue la primera elección. “Era una universidad de cuatro años, con laboratorios hermosos y un programa increíble”, cuenta.
La admisión llegó con beca, pero también con el obstáculo más grande: el depósito inicial. “Hablamos con la universidad para ver si podían darnos un medio de pago, pero me dijeron que solo lo permiten desde tercer año. No tenía alternativa”, explica.
Snow College apareció como una alternativa realista. Allí puede comenzar, avanzar académicamente y después transferirse a Nevada. Ya tiene la carta de admisión, pero los gastos siguen siendo un peso enorme. Debe pagar 500 dólares para iniciar su trámite de visa. Sin ese documento, no puede avanzar con boletos ni con el ingreso administrativo.
Puertas cerradas y un esfuerzo que duele
Sandra Herrera, su mamá, es un pilar en esta historia. Trabaja desde las siete de la mañana hasta la noche y aun así dedica cada rato libre a buscar ayuda. “Ha sido devastador para nosotras dos. Hubo noches de llanto y frustración. Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance”, cuenta.
Juntas recorrieron Citrus Las Talitas, Citricola Zamora, Citrusvil, Citrus Franco, Bercovich, Torasso, Fundación YPF, Fundación León, la Legislatura, Ease, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y el Concejo Deliberante, donde José Canelada fue el único que las recibió
“Para nadie el ingreso de un chico es importante y yo creo que sí lo es para la provincia. Que un chico se forme afuera y vuelva con conocimientos debería ser valioso”, dice Sandra, con una mezcla de cansancio y firmeza.
El sueño no se apaga
A pesar de todo, Giuliana sigue. Sigue estudiando, sigue buscando, sigue agregando actividades extracurriculares, sigue imaginando su vida en un laboratorio. “Mi única meta siempre fue esa”, dice.
Y aunque hoy el obstáculo principal es económico, su proyecto académico ya demostró que tiene bases sólidas.
Su mamá lo explica mejor que nadie: “Ella hizo todo. Rompió todo. Yo no quiero que pierda esta oportunidad”.
Para colaborar con Giuliana y su mamá, podés comunicarte al 381 406 0098 el número Sandra Herrera.