De riguroso y elegante traje, sobre dos ruedas. Pero no en moto, como es común en estos días, sino en bicicleta. Era una clásica postal urbana allá por mil novecientos cincuenta y tantos. Aquí se los ve cruzando el paso a nivel de Crisóstomo Álvarez y Bernabé Aráoz. Eran tantas las bicis que circulaban -y tantas se robaban- que pronto empezaron a usar patentes.